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¿Conoces el origen de la palabra "Luz Brillante"?.Muchos cubanos cocinaron o cocinan con este combustible.


La luz brillante fue un combustible muy usado en los hogares cubanos durante muchos años y todavía se sigue empleando sobre todo en el campo cubano, aunque ahora se hace difícil conseguirla y se sustituye por el gasoil o petróleo para motores Diésel.
Pero en Cuba a la Luz brillante podemos asociarla a varias cosas.





Etimológicamente primero lo relacionamos con una luz que tiene intenso brillo, que alumbra mucho. En segundo lugar me viene a la memoria ese maestro de la locución que fue Armando Calderón, el llamado “hombre de las mil voces”. Que con su programa televisivo “La comedia silente” deleitaba a chicos y también a grandes y que entre sus narraciones, siempre tenía un personaje malo al que llamaba “luz Brillante”, un matón de baja categoría que en nuestros tiempos se pudiera asumir como similar al presidente de más de un país. Y tercero la acepción que más conocieron los cubanos, el líquido amarillento y grasoso resultante de la destilación del petróleo y que por mucho tiempo sirvió para alumbrarse donde no había luz eléctrica y también para cocinar.

Humor cubano aqui: http://www.youtube.com/c/CubanotubeAsere 

La “luz brillante” o queroseno, querosén, kerosene o kerosina u otra denominación que puede tener en otros países, es llamada en Cuba como “Luz Brillante” porque ese fue el nombre con que fue comercializado en nuestra Isla. En 1882, el multimillonario John D. Rockefeller, el zar del petróleo entonces con la Standard Oil Company, construyó en la desembocadura del Río Almendares, precisamente en “La Chorrera”, donde está el restaurante 1830, una pequeña refinería para producir y comercializar el combustible llamado “Luz Brillante”.
Mencionando a la Standard Oil, con su marca Esso, que junto con Texaco y Shell casi tenían entre las tres el monopolio de los combustibles en Cuba, cuando un galón de gasolina rondaba los 30 centavos, dependiendo de su octanaje, yo era un gran aficionado a coleccionar los mapas de carreteras producidos por la Esso y que las gasolineras ofrecían a sus clientes.
Los tenía de Cuba completa, de todas las provincias y de muchos países, en particular de Estados Unidos completo y de muchos de sus Estados, en particular Miami y New York y que obtuve comprándolos en librerías de uso y a precios muy bajos. Y no eran mapas desactualizados, los sacaban anualmente. Para el que le gustan los mapas, era una posesión muy preciada y así los conservaba.
Mientras tanto otros defienden que el origen del nombre se debe a una campaña publicitaria hecha por los fabricantes de unos faroles de queroseno, que se basaba en “Ponga Luz Brillante en su casa”, pero al margen de ello, la realidad es que el nombre comercial del producto era “Luz Brillante”.

                                                          El popular quinqué
Durante mucho tiempo el mayor empleo de la Luz Brillante fue como combustible para las lámparas de queroseno, a las que se les llamaba de parafina o quinqué, que en su forma sólida constituye el material para fabricar velas. Las lámparas de Luz Brillante daban iluminación a base de combustible líquido, principalmente el queroseno y fueron mucho más eficientes y duraderas que las velas, así que eran muy necesarias, sobre todo donde no había luz eléctrica. Y también existían los llamados Faroles Carreteros, porque se acostumbraba llevar por los campesinos en las carretas o simplemente llevados de la mano para transitar de noche.



También un inventor polaco creó las lámparas a gas de queroseno, muy empleadas en alumbrado público, las que ya no empleaban aceite de ballena como fue usual hasta muy entrado el siglo XIX, sino que aprovechaban los gases del derivado del petróleo, más barato y eficiente que el combustible anterior.
Lámparas Coleman, Piker y Karpaty.
La lámpara a gas de queroseno fue modernizándose, y a mediados de los años 50 existían unas de más moderna factura, con tanque para el combustible cerrado al que se le bombeaba aire en su interior para elevar la presión del líquido, el que salía por un pequeño agujero, lo que hacía que se gasificara y ese gas llenaba una bolsa de amianto donde se producía la ignición. Esas fueron las famosas Lámparas Coleman, que daban una luz blanca de gran intensidad de iluminación. Por lo que conozco no eran muy baratas pero además para los que vivían en poblados o zonas rurales electrificadas no eran realmente necesarias, salvo para el caso de un desastre natural, aunque sí eran comunes en las zonas rurales, para el que tuviera acceso a ellas, de otra forma había que conformarse con una lámpara de luz brillante o con una humilde chismosa, con su alta dosis de tiznado.
De esta variante de lámpara, mucho más eficiente que la de mecha o pabilo, eran muy famosas en Cuba las de marca Coleman y también los hornillos Primus para cocinar. Similar principio fue empleado por un invento cubano, las cocinas Piker.
Las Piker era un invento que resolvía un problema pero creaba otros que daban repetidos e intensos dolores de cabeza. Ese fogón, a diferencia de los originales, era una adaptación petrolera de mala muerte que quería llegar a ser una cocina de gas pero no llegaba ni a su chancleta.
En esos tiempos había un dicho que pronosticaba que si querías ver a un hombre sufriendo, le dieras una moto Karpaty y una cocina Piker.
La moto Karpaty era casi una bicicleta ruidosa, rabiosa le llamaban algunos, que no soportaba mucho peso y siempre estaba rota al igual que sus parientes Berjovina y Riga, dinosaurios sobrevivientes probablemente solo en Cuba, de la era del osito Misha, mientras que la cocina Piker hacía posible que la comida supiera a luz brillante y el humo y el olor del gas llenara toda la casa. En un país como Cuba, donde las cosas casi tienen que durar para siempre, contar con semejantes fósiles tecnológicos era una verdadera desgracia, porque no había fórmula para sustituirla. Yo conocía a más de un infeliz que tuvo una moto Karpaty o una Berjovina y eran no solamente esclavos de dicho artefacto, sino que al final se gastaban un dineral en ellas y no los llevaba a ninguna parte. Uno de ellos estuvo a punto de pegarle candela a la moto por la desesperación. Y conocí a otro que en el trabajo le vendieron una moto Vosjod, llamada comúnmente Corcoveo, que me habían ofrecido a mi pero yo rechacé porque no me gustan para nada los medios de locomoción de dos ruedas, y el pobre sufrió muchísimo con aquel bicho. Dicen los entendidos que las únicas motocicletas buenas eran las Ural, que fue para los soviéticos un trofeo de guerra, pues eran las motos que usó la Wermacht durante la Segunda Guerra Mundial.
En Cuba hay una serie de oficios que dudo que los haya en otras partes del mundo. Entre ellos están el rellenador de fosforeras o encendedores, los raspadores de calderos, los reparadores de sombrillas, los compradores ambulantes que compran desde un colchón hasta pomos de perfume vacíos o pedacitos de oro, los llenadores de memorias flash, los que hacen en tu lugar cualquier cola necesaria para la gestión que se requiera, los cambiadores de pesetas para pagar en la guagua, los distribuidores del paquete semanal o los fabricantes o reparadores de fogones Píker.



Yo no se de dónde habrá salido el nombre Piker, pero su traducción del inglés significa “pelagatos” o persona de poco valor. Lo cierto es que la llamada Revolución Energética quiso acabar con ellas, pero no lo ha logrado totalmente, a pesar de que es difícil encontrar combustible para las mismas. Las Piker requerían mantenimiento constante, y aunque lo tuvieran sistemáticamente, eran un problema, tenían salideros y tiznaba aparte de no calentar bien, gastaban mucho alcohol y llenaban todo de humo, pero entonces no había otra opción mejor. Si no había alcohol la gente inventaba con tintura de ajo u otro preparado para calentarla y tratar de conseguir la ansiada llama azul. Ante el calvario de cocinar con una Piker algunos decían que era mejor estar cocinando en una cueva en el Paleolítico.
La gente ya no se acuerda de la Luz Brillante, salvo aquellos que no han tenido suerte con la revolución energética. Y esos con poca suerte ahora tienen un problema adicional: conseguir la luz brillante o su sustituto para cocinar que ha sido el combustible Diésel. No me olvido que era muy usual, si manejabas por la autopista Nacional en cualquier sentido, encontrarte a un camión parado en el medio de la nada y ver a un campesino con un par de latas de 5 galones o 20 litros sacando combustible del camión o la guagua, el cual era cambiado por gallinas, queso, viandas y quién sabe cuáles otras cosas. Volvimos a la fórmula de la circulación mercantil simple después de miles de años de civilización.
Pero así y todo la Piker cumplió una función durante años, la gente lo agradece, pero dudo que haya alguien que quiera que resucite.

Chistes cortos.En la misa de la Iglesia.

Y también está el caserío llamado “La Luz Brillante”, compuesto por chozas levantadas con palos viejos y materiales encontrados en la basura, sin agua corriente ni servicios sanitarios y poblado casi íntegramente por emigrantes de las provincias orientales que no tienen residencia legal en la capital. Esta villa miseria, al oeste del poblado y playa de Santa Fé, en La Habana, está muy cerca del llamado “Punto Cero”, el cuartel general y coto privado de Fidel Castro, el que a diferencia de los habitantes de Luz Brillante, única forma de cocinar de los que allí viven y que recibieron el nombre por cocinar con querosene, nunca cocinó con Luz brillante.
Afortunadamente fue llegando el combustible de gas líquido y emplear cocinas eléctricas u ollas similares. En mi casa desde mediados de los 50 y hasta el 2009 se cocinó con una cocina General Electric de 6 hornillas y horno, que con el tiempo se fue deteriorando por rotura de algunas hornillas, que felizmente pudimos conseguir más tarde, pero no tuvimos la mala suerte de vernos obligados a tener que cocinar con una Piker, aunque ante la falta de energía eléctrica muchas veces tuvimos que echarle mano a una cocinita de alcohol.
Tomado de:Memorias de un cubano
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