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Fugitivos de EEUU que duermen bien en Cuba

Joanne Deborah Chesimard (Assata Shakur)

La Habana les llama "luchadores sociales", pero sus expedientes policiales confirman lo que dijo en Miami el presidente Trump: "mientras encarcelaba a personas inocentes (Fidel Castro) albergaba a asesinos de policías, secuestradores y terroristas"

El régimen de La Habana les llama “luchadores sociales”, pero sus expedientes policiales y judiciales confirman lo que dijo sobre ellos el pasado viernes en Miami el presidente Donald Trump: “mientras encarcelaba a personas inocentes (el régimen de Castro) albergaba a asesinos de policías, secuestradores y terroristas”.

Y no sólo. También salteadores de bancos o furgones de transporte de dinero, como Cheri Dalton y Víctor Gerena; y otros de cuello blanco, responsables de fraudes multimillonarios y tráfico de drogas, como Robert Vesco.


Son poco más de 70 los que integran el grupo de los que se podría llamar los "históricos" (en la isla ha buscado amparo una nueva generación de delincuentes buscados en EEUU por fraudes al Medicare, las tarjetas de crédito y las aseguradoras, drogas y lavado de dinero etc., casi todos cubanos).
En su mayoría son secuestradores de aviones: entre 1968 y 1973, cuando La Habana firmó un acuerdo con el gobierno de Richard Nixon para impedir y castigar la piratería aérea, hubo 90 intentos de desviar aviones hacia Cuba, principalmente protagonizados por estadounidenses. Pero al menos siete son los presuntos responsables de las muertes de policías en tiroteos o asaltos, o de civiles como resultado de actos terroristas.
Del núcleo histórico, a algunos como Vesco y William Lee Brent la muerte les llegó siendo ya ancianos en su santuario caribeño. Sólo uno, William Potts tuvo el valor de regresar y enfrentarse a la justicia estadounidense. Casi todos se "aplatanaron" a la penosa vida de la isla, unos con más suerte que otros.
Sin embargo, como demostró una reciente investigación de Martí Noticiassobre uno de ellos, Ronald (Ishmael Ali) LaBeet, para los cubanos entre los cuales habitan suelen ser una incógnita: ni siquiera está claro si son “yumas” o jamaiquinos, ni de qué viven (algunos compiten con ellos en la “lucha” cotidiana), pero sobre todo no se sabe por qué fueron a parar allí. Son virtualmente otro secreto de Estado.
Ese conveniente anonimato ha sido roto en algunos casos, como el de la ya célebre Joanne Chesimard, gracias a la tenacidad de los familiares y amigos de las víctimas en denunciarlos y exigir justicia.
Pero sin duda hasta los más anónimos y olvidados se asustaron mientras veían a los dos gobiernos acercarse en el último mandato del expresidente Obama, y también el año pasado, cuando dejó de existir su principal padrino y garante, el exgobernante cubano Fidel Castro.
No era para menos, Si fueran entregados a la Justicia de Estados Unidos enfrentarían condenas a prisión (según las leyes de EEUU como mínimo eludieron ilegalmente un proceso judicial); y los más buscados podrían recibir desde severas condenas de cárcel hasta cadena perpetua o una inyección letal.
A continuación presentamos un resumen de lo que se sabe de los más connotados, qué hicieron, cómo huyeron y cómo ha sido su vida en Cuba, así como una lista completa, pendiente de actualización, de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).
Joanne Deborah Chesimard (Assata Shakur)
Es la más conocida de todos, tanto, que fue el único nombre de la lista mencionado por Trump en su reciente discurso. En algún momento se ha sugerido canjearla a Cuba por la espía cubana del Pentágono Ana Belén Montes. Es la única mujer en la lista de los diez terroristas más buscados por el FBI y por su captura se ofrece una recompensa de $ 2 millones. Se le busca por acto terrorista, terrorismo doméstico, huida ilegal para evitar confinamiento y asesinato.
Joanne Chesimard era miembro del radical Ejército Negro de Liberación (Black Liberation Army) cuando, según la fiscalía de Nueva Jersey, se desató en mayo de 1973 un tiroteo en la autopista Turnpike entre ella y dos camaradas suyos de un lado, y del otro dos patrulleros estatales que les habían ordenado arrimar el auto por un problema técnico con una luz. En la refriega uno de los agentes, Werner Foerster, fue herido en un brazo y cayó al suelo. Chesimard, dicen los fiscales, lo remató con dos disparos a la cabeza.
En 1977 ella fue declarada culpable de asesinato en primer grado y otros delitos y condenada a cadena perpetua. Menos de dos años después, se fugó de la cárcel con ayuda de elementos radicalesy vivió en la clandestinidad antes de reaparecer en Cuba en 1984 bajo el alias de Assata Shakur.
Antes del asesinato de Foerster ella ya había tomado parte en tres robos a mano armada, incluido el de un banco; un secuestro, un asesinato y dos intentos de asesinato de agentes de policía.
Su figura ha sido presentada en forma romántica tanto por la propaganda castrista como por círculos radicales de EE.UU. El diario The Washington Postha reportado que, si bien por un tiempo su nombre aparecía en la guía de teléfonos de La Habana y era visitada por peregrinos de “la causa”, luego se esfumó de la escena pública cubana. Tendrá ahora entre 65 y 70 años, pues aparece en documentos públicos como nacida en 1952 y en 1947.
Cheri Laverne Dalton (Nehanda Abiodun)
Los cultivadores cubanos del hip-hop la llaman “la madrina” por su apoyo al movimiento, pero probablemente desconocen los antecedentes penales de esta alta y agraciada morena, ahora cercana a los 67 años, y considerada peligrosa por el FBI. Los federales conocen que ella formaba parte de un pequeño grupo de veteranos de la izquierda radical negra que se hacía llamar La Familia. A fines de los años 70 se dedicaron a robar a punta de pistola vehículos blindados de transporte de dinero en los suburbios de Nueva York, para autofinanciarse. Se dice que ella conducía los autos que usaban para escapar.
En uno de estos robos, ocurrido el 21 de octubre de 1981 en Nanuet, Nueva York, contra un furgón de la empresa de seguridad Brinks, escaparon con $ 1,6 millones, pero antes dieron muerte a dos agentes de policía y un guardia de seguridad, e hirieron a otro policía y dos guardianes. En noviembre de 1982, un jurado investigador federal del sur de Nueva York acusó formalmente a Dalton de violaciones de la Ley RICO sobre organizaciones criminales; interferencia al comercio interestatal mediante robo; obstrucción de la justicia; robo de banco a mano armada; asesinatos cometidos durante robo de un banco; y ayudar e incitar al delito.
Dalton vivió ocho años en la clandestinidad en EE.UU. y finalmente huyó a Cuba a través de un tercer país. Se cree que ella estaba entre quienes ayudaron a Chesimard a escapar de la cárcel. La ficha del FBI precisa que ha estado vinculada al movimiento de hip-hop cubano.
El diario Washington Post reporta que Dalton, una graduada de la prestigiosa Universidad de Columbia en Nueva York, lleva en Cuba una vida ordinaria, en un pequeño apartamento de un suburbio distante del centro de La Habana. Cuando tiene algún dinero, producto de alguna remesa que recibe o de seminarios sobre Cuba y el hip-hop que ofrece a visitantes, se conecta a Internet, pero pasa los mismos trabajos que cualquier cubano con el dinero, los alimentos y el transporte.
William Lee Brent (fallecido)
En Cuba desde 1969, Brent, un ex miembro del Partido Panteras Negras, falleció en la isla de una neumonía en 2006. Era entonces el extremista afroamericano que más años había vivido en la isla. Aunque blasonaba de haber sido guardaespaldas del líder del partido, Eldridge Cleaver, lo cierto es que Cleaver lo expulsó de la organización por “bandido”.
Nacido en Louisiana en 1931, pasó su adolescencia en Oakland, California vendiendo drogas y cometiendo delitos menores. Se enroló con un certificado falso de nacimiento en el Ejército y fue dado de baja ocho meses después. En 1955 fue condenado, por robo a mano armada y robo de auto, a siete años de cárcel que pasó en la prisión estatal de San Quintín.
Luego de tener problemas en el partido por su inclinación a las drogas y la bebida, Cleaver lo expulsa en noviembre de 1968, después que Brent y dos cómplices asaltaran una gasolinera en el área de la bahía de San Francisco usando una furgoneta marcada con el nombre de los Panteras Negras. Durante el incidente, Brent hirió a uno de los agentes policiales que acudieron al lugar.
Luego de salir en libertad bajo fianza en junio de 1969, sacó un pasaje en el vuelo 154 de Trans World Airlines de Oakland a Nueva York, y le puso un revólver calibre 38 en la cabeza al piloto para que lo llevara a Cuba. Era una época en que los secuestros de aviones a Cuba eran tan frecuentes que una caricatura presentaba a una azafata preguntando a un pasajero “¿Café, té… o Cuba?”.
Las autoridades cubanas lo enviaron a la cárcel por 22 meses pero luego le empezaron a dispensar el tratamiento de alfombra roja reservado a los “hermanos revolucionarios”, hospedándolo en el Hotel Nacional. Brent, un autoproclamado intelectual, escribió en la isla el libro “Long Time Gone” sobre su breve carrera como revolucionario y su largo historial como fugitivo.
Según el Washington Post, vivía entre libros y papeles en uno de los mejores barrios de La Habana, en un apartamento mejor que los domicilios de todos los demás fugitivos. Sus pares lo consideraban un fanfarrón ególatra y pomposo.
Charlie Hill
Veterano de Vietnam, Hill es buscado por el asesinato de un policía de Nuevo México y el secuestro de un avión de TWA. Pertenecía en 1971 a un grupo llamado Republic of New Afrika que pretendía establecer por la vía armada una nación negra escindida de la Unión en el sureste de los Estados Unidos.
A Hill le ordenaron transportar junto con dos camaradas, Michael Finney y Ralph Goodwin, un alijo de armas y explosivos desde San Francisco hasta Jackson, Mississippi. Cuando iban acercándose a Albuquerque, Nuevo México, el exceso de velocidad de su auto llamó la atención de un patrullero estatal, Robert Rosenbloom. El agente encendió las luces y la sirena, les ordenó detenerse y luego salir del auto, y les pidió que abrieran el maletero, donde llevaban las armas “Entonces recibió un disparo”, ha contado Hill, sin hacerse responsable de la muerte de Rosenbloom.
Se escondieron mientras pudieron en la ciudad, de ahí huyeron al desierto y decidieron pedir por teléfono el servicio de una compañía de camiones de remolque. Cuando el conductor llegó, lo encañonaron y le ordenaron dirigirse a uno de los extremos del aeropuerto local. En la época todavía se abordaban los aviones en la pista. Cuando el vuelo 106 de TWA empezó a abordar, le dijeron al conductor que embistiera la cerca y se dirigiera a la aeronave.
Con los secuestradores a bordo, el avión hizo una escala en Tampa para tomar combustible y de ahí partió hacia La Habana.
El Post cuenta que Hill se hizo en Cuba creyente de la santería, que pasó por los rigores del Período Especial post-soviético y que ahora se gana la vida como “bulevardero”, compitiendo con los cubanos por el favor de los turistas en La Habana Vieja, con la ventaja de su inglés; les vende habanos, les lleva adonde los babalawos para que les adivinen el futuro con sus caracoles; y luego hace el resumen del día bebiéndose seis o siete cervezas. (El editor del Post Eugene Robinson dice que Hill vivía con Jacquelín, una cubana del interior 20 años más joven que él, y con su hijo, en un pequeño apartamento de un suburbio de La Habana. Un día llegó a la casa y Jacquelín se había ido con el niño, todas sus cosas y el televisor de él).
Los cómplices de Hill, Ralph Goodwin y Michael Finney, murieron en Cuba: el primero, se dice que ahogado en una playa de La Habana, y el segundo, de cáncer.
En 1999 Hill le dijo a un reportero del Washington Post que no tenía remordimientos por haber dado muerte a Rosenbloom, quien dejó una esposa viuda y dos hijas menores huérfanas de padre. “Nunca me he sentido culpable por ese policía”, dijo
William Guillermo Morales
William Morales era miembro, según el FBI, de las independentistas Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) puertorriqueñas, un grupo terrorista que perpetró más de 100 atentados con bombas, confeccionadas en su mayoría por él con segmentos de tubería. Los estallidos causaron varias muertes, numerosos heridos y millones de dólares en daños.
Morales perdió varios dedos y un ojo en 1978 al estallarle en las manos una bomba que estaba fabricando. Fue condenado a 99 años de cárcel luego de establecerse su participación en dos explosiones en Nueva York, una de ellas la perpetrada en 1975 con 10 libras de dinamita en la histórica Fraunces Tavern, en la que murieron cuatro personas y 63 resultaron heridas; y una segunda en 1977 que dejó una persona muerta.
Morales escapó en 1979, mientras recibía tratamiento por sus lesiones, del pabellón de presos del Hospital Bellevue en Nueva York. Consiguió llegar a México donde las autoridades le enviaron a prisión por varios años en relación con un delito no relacionado (un tiroteo en el que murieron tres personas).En 1988 fue liberado y se le permitió viajar a Cuba.
El historiador Jon Lee Anderson, autor de una conocida biografía del Che Guevara, ha contado en The New Yorker que había conocido a Morales durante su condena en México, en un penal llamado Reformatorio del Norte. Luego, en 1999, se lo reencontró en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, formando parte de un público rigurosamente seleccionado, ya que iban a estar presentes Fidel y Raúl Castro y otros miembros del Buró Político del Partido Comunista, para escuchar un discurso del entonces recién investido presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Junto con Morales, fue condenado por el atentado de Francis Tauvern el también miembro de las FALN Oscar López Rivera. Dos días después de la liberación definitiva de López Rivera en marzo de este año, Raúl Castro le invitó públicamente a visitar Cuba “con los honores y el afecto que mereces”.
Victor Manuel Gerena
Víctor Manuel Gerena (1958), miembro de otro grupo extremista puertorriqueño, “Los Macheteros”, es buscado por el FBI en relación con el robo a mano armada en septiembre de 1983 de $7 millones de una furgoneta de la empresa Wells Fargo, empresa de la que era empleado. Se cree que el dinero fue a parar a Cuba.
Según las autoridades estadounidenses, el día del golpe Gerena lo pasó en Hartford, Connecticut, con sus compañeros de trabajo Timothy Girard y James McKeon. En algún momento, despojó de su arma a McKeon, esposó y ató a los dos y les inyectó aspirina y agua para adormecerlos. Luego depositó los $ 7 millones en el maletero de un auto y escapó con el dinero.
Se ha publicado que Gerena fue luego transportado a México, donde abordó un avión de Cubana de Aviación con destino a La Habana en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, El FBI ofrece una recompensa de hasta $ 1 millón por información que conduzca a su captura.
Gerena es el fugitivo que ha permanecido por más tiempo en la lista de los Diez Más Buiscados por el FBI, desde mayo de 1984 hasta el pasado 15 de diciembre.
Según el diario Hartford Courant de Connecticut, “Los Macheteros” revelaron involuntariamente que Gerena se refugia en Cuba. El FBI grabó una conversación secreta sobre el particular, indica.
La información asegura que el grupo pasó de contrabando botín y ladrón a través de la frontera entre Texas y México, utilizando caletas en casas rodantes. Una vez en México, funcionarios del gobierno cubano con estatus diplomático habrían trasladado a Gerena con el dinero a Cuba.
Transcripciones de las conversaciones del grupo subversivo indican que, para consternación de los radicales puertorriqueños, Cuba se adueñó de casi la mitad del dinero robado. El exagente de la inteligencia cubana Jorge Masetti, que desertó en Europa en la década de los 90, escribió en su libro de memorias "El furor y el delirio", y dijo a autoridades de EE.UU., que el gobierno cubano proporcionó $ 50.000 para financiar el robo. Masetti asegura haber participado en el envío de parte de los $ 7 millones desde la Embajada de Cuba en Ciudad de México a La Habana.
Según el analista retirado de la CIA Brian Latell, "Los Macheteros", una facción del Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños, vio la luz en la década de 1960, y fue apoyado por Fidel Castro y la inteligencia cubana. Se cree que Gerena todavía vive en la isla.
Ronald Labeet (Ishmael Muslim Ali)
Ronald LaBeet es, entre todos los fugitivos que hallaron santuario en Cuba, el que tiene más muertos en su expediente judicial. Incluso más que el “bombardero” puertorriqueño Morales.
LaBeet militó en los Panteras Negras después de recibir una baja deshonrosa del Ejército estadounidense durante la guerra de Vietnam. Después, volvió a las Islas Vírgenes estadounidenses, de donde es oriundo.
El 6 de septiembre de 1972, él y otros cuatro jóvenes.bajo su mando salieron armados, enmascarados y vestidos con ropa militar, de los arbustos del campo de golf Fountain Valley, una propiedad de la multimillonaria familia Rockefeller en la isla de St. Croix.
Según informes sobre lo sucedido, primero encontraron a cuatro residentes de Miami, dos parejas que pasaban allí sus vacaciones y que se disponían a volver a su hotel en un Toyota alquilado. Les ordenaron bajarse del auto y arrodillarse, y sistemáticamente los fueron ejecutando con una escopeta de cartuchos y pistolas de calibre .45 y 9mm.
Luego rociaron a balazos el bar situado en la terraza del clubhouse, dando muerte a otras cuatro personas. Según testigos, durante la masacre gritaban insultos raciales y anti-blancos. Luego huyeron con 731 dólares tomados de la caja registradora y efectos personales de los asesinados.
Cada uno fue condenado en 1973 a ocho cadenas perpetuas consecutivas por asesinato en primer grado más otras sanciones por un total de 70 cargos. Durante el juicio, LaBeet escupía despectivamente.
Según el FBI, años más tarde, el 31 de diciembre de 1984, mientras era trasladado de St. Croix a una prisión en Nueva York, LaBeet se hizo con una pistola que alguien escondió en el baño del avión, para secuestrar el vuelo 626 de American Airlines y desviarlo hacia La Habana, Cuba.
A partir de ahí las autoridades estadounidenses le habían perdido la pista. El cartel del FBI dice “puede que resida en Cuba con su esposa e hijos”. Hasta que una periodista de St.Thomas, Islas Vírgenes estadounidenses, supo de su paradero en abril de 2015 durante una visita a Cuba, por un canadiense que suele vacacionar con un grupo de amigos en la Mayor de las Antillas. Posteriormente el fugitivo fue el centro del documental de 2016 The Skyjacker's Tale, una reconstrucción del secuestro del avión para la cual el cineasta canadiense Jamie Kastner pudo contar con lo que le dijo en persona en Cuba el propio LaBeet.
Una investigación de Martí Noticias ubicó a Alí LaBeet en la ciudad de Las Tunas, en la provincia cubana del mismo nombre. Residía en el edificio 25 del reparto Buenavista, frente a la filial universitaria de la ciudad.
Según las fuentes de Martí Noticias la gente lo conocía en la zona como “Alí” o “El Jamaicano”. Su compañera sentimental es una joven llamada Liuris, bailarina del cabaret "Taíno" de Las Tunas. Durante un tiempo se buscó la vida como profesor de idiomas. Aparece en algunas fotos con collares de santería al cuello, bebiendo con elementos delictivos de la zona (en Cuba, “Alí” cumplió siete años de cárcel por el secuestro del avión). Suele acompañar y probablemente servir de intérprete y guía a turistas de habla inglesa en el polo turístico de la vecina provincia de Holguín.
Según le dijo el turista canadiense Bill Chester en abril del 2015 a la editora del St. Thomas Source,Shaun Pennington, a LaBeet no le gusta hablar de lo que hizo en 1972 pero sí de política, y se expresa como un comunista convencido. “Yo soy un revolucionario, no un criminal,”, dice en el trailer del documental, desde algún lugar de su santuario cubano, el líder de la ejecución a sangre fría de ocho personas inocentes en 1972.
William Potts
Potts, uno de los últimos secuestradores de aviones hacia Cuba, y el único que se conoce haya regresado a EEUU, fue también miembro de los Panteras Negras. Armado con una pistola desvió hacia la isla en 1984 un vuelo comercial Nueva York-Miami de la aerolínea Piedmont, esperando, según ha dicho, poder dirigirse a Sudáfrica para luchar contra el apartheid. En lugar de ello cumplió 13 años en una cárcel cubana.
Según los documentos de la acusación, Potts "amenazó con hacer volar el aparato y disparar contra los pasajeros si el avión aterrizaba en Miami". Además, exigió la entrega de cinco millones de dólares.
Tras la amenazas, el piloto decidió volar a La Habana, donde autoridades de la isla entraron en el avión y salieron custodiando al estadounidense, que fue detenido y condenado a prisión. Al parecer Potts no reunía las credenciales revolucionarias suficientes para que Cuba pasara por alto, como lo hizo con otros, la aplicación del acuerdo que estableció en 1973 con la administración Nixon para impedir y castigar la piratería aérea y naval.
Una vez cumplida su larga condena, Potts trabajó durante años como agricultor en Cuba, se casó y tuvo dos hijas
Pero en 2013 hizo algo que no se atrevió a hacer ninguno de los fugitivos históricos, y que le ganó el mote de “el secuestrador nostálgico”: sacó un pasaporte estadounidense en la Sección de Intereses de EE.UU. en la Habana y un pasaje a Miami para comparecer ante la justicia de su país.
En mayo de 2014 se declaró culpable del secuestro del avión. En julio fue condenado a la mínima de 20 años de cárcel, pero apeló la sentencia y tras otorgársele un crédito por los 13 años que estuvo preso en Cuba, podría salir en libertad después de siete años.
Robert Vesco (fallecido)
Robert Lee Vesco, calificado una vez por la publicación State.com como “el rey indiscutible de los financistas americanos fugitivos”,se convirtió en proscrito en 1973, después de que, al cabo de años de inversiones arriesgadas y esquemas de crédito dudosos fuera acusado de fraude de valores para robar un fondo mutualista de más de doscientos millones de dólares por la Comisión de Acciones y Valores de EEUU Vesco huyó inmediatamente al extranjero y pasó un tiempo entre las Bahamas, Nicaragua y Costa Rica antes de huir a Cuba, en 1982.
Entre las cosas que dieron notoriedad a Vesco se cuentan un intento de comprar una isla caribeña en Antigua con el fin de crear un país autónomo, y diligencias para que se aprobara en Costa Rica una ley que lo protegería de la extradición.
Tras su llegada a Cuba gracias a una mediación con Castro del ex presidente costarricense José Figueres, fue confinado a no salir, por orden de Castro, de la Marina Hemingway de Barlovento, al oeste de La Habana.
Años después se rumoreaba que Vesco estaba ayudando al gobierno cubano con sus transacciones financieras internacionales.En realidad, según el historiador cubano Juan F. Benemelis, Vesco era utilizado por Castro en actividades de narcotráfico. El autor dice que en Barlovento tenía Castro fondeado uno de sus yates personales, el Yagüaramas, en el que salía de pesquería frecuentemente con Vesco. Los contactos de Vesco en Cuba eran el chileno Carlos Alfonso (Max Marambio), vinculado al Ministerio del Interior cubano, y el funcionario cubano José Luis Padrón.
Según Benemelis fue él quien reclutó y presentó a cubanos y nicaragüenses a James Herring, un norteamericano que servía de asesor en el establecimiento de la producción y el transporte de la cocaína del cartel de Medellín. Y también, como confirmó en varias ocasiones el miembro del Cartel extraditado a EE.UU. Carlos Lehder, colaboró en los esfuerzos del grupo por establecer rutas de la droga a través de Cuba y Nicaragua.
Vesco fue oficialmente acusado de conspiración para importar cocaína a Estados Unidos en abril de 1989, el mismo año en que los testimonios de Lehder y las evidencias recolectadas por la DEA sobre la participación cubana llevaron a Castro a emprender el caso Ochoa-La Guardia, un proceso público mediante el cual sacrificó a varios de sus oficiales para desligar a la cúpula gobernante del narcotráfico
La acusación contra Vesco dice que Lehder le pidió a través de un mensajero que utilizara su influencia en Cuba para arreglar que sus avionetas pudieran volar sobre Cuba para contrabandear drogas desde Nicaragua hasta la isla Andros en las Bahamas. Agrega que Vesco mismo entregó al mensajero “en presencia de otra persona” un documento con la aprobación de Cuba para los vuelos.
La carrera delictiva de Robert Vesco, no obstante, no acabaría en una cárcel de Estados Unidos, sino en una de Cuba. En los años 90 un viejo amigo, Donald Nixon, sobrino del ex presidente estadounidense, viajó a Cuba buscando asociarse con el gobierno en la realización de ensayos clínicos sobre un fármaco desarrollado por un científico estadounidense, el Trixolan o TX, que se decía fortalecía la inmunidad y podría eventualmente curar el cáncer, el lupus y el sida.
Vesco presentó a Nixon a Fidel y Raúl Castro y el gobierno cubano acordó proporcionar instalaciones médicas y laboratorios para llevar a cabo los ensayos. Luego se afirmó que los resultados de los estudios habían sido positivos. Vesco se unió con el ex agente de la CIA también refugiado en Cuba Frank Terpil, y ofrecieron su red de contactos al gobierno cubano.
En nombre del gobierno de Fidel Castro, Vesco reunió a inversionistas de Europa y América Latina. En 1994, uno de ellos, el italiano Enrico Garzaroli denunció al Washington Post que había entregado a Vesco 1 millón 200,000 dólares para comercializar la droga a escala internacional. Cuba obtendría el 40% por concepto de las ventas.Pero Vesco se habría querido pasar de listo: hizo falsas declaraciones, mintió acerca de su poder en Cuba; usó instalaciones sin autorización, todo buscando obtener una buena tajada de la inversión extranjera, y engañando al gobierno cubano sobre las ganancias reales. Garzaroli aseguró que el millón 200,000 dólares fue a parar a una cuenta bancaria en las Bahamas.
Las autoridades cubanas tomaron el control del proyecto y arrestaron a Vesco, a su esposa, Lidia Alfonso Llauger, una ex funcionaria de la corporación cubana Cubanacán, y a Terpil. Según la revista mexicana Proceso, que cita un documento confidencial estadounidense, Washington hizo un pedido de extradición, que no fue respondido. A Nixon lo investigaron, pero un mes después lo dejaron ir.
Aunque inicialmente Cuba informó que el financista era un agente de una potencia extranjera, luego se le acusó de fraude, actividad económica ilícita, y actos perjudiciales a la economía cubana. Fue condenado a 13 años de cárcel que no cumplió del todo, pues hasta donde se sabe murió antes de cáncer del pulmón, en la cárcel, en noviembre de 2007.
Aunque existe incluso un registro de su entierro en el Cementerio de Colón de La Habana, algunos estiman que la suya fue una muerte fingida y que Vesco está vivo y reside en otro país. El escritor Arthur Herzog, que lo entrevistó en Cuba para una biografía, dijo a la agencia AP que solo con una prueba de ADN se convencería.
Cualquier cosa es posible, pues tanto el norteamericano como los Castro demostraron ser diestros operadores del mundo de las sombras.
FUENTE: MARTÍNOTICIAS/ROLANDO CARTAYA
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