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¿Quiénes promueven la violencia en la Venezuela de hoy?

Hugo Chávez con la nueva Constitución venezolano (1999), su segunda Biblia. Foto: wikipedia.org

HAVANA TIMES — Venezuela está en crisis de todo tipo: económica, política y social. Es una realidad innegable. También lo es que desde que Chávez triunfó en 1998 y asumió el poder en el ‘99; su proyecto ha traído aparejado, por diversas causas, una guerra interna demasiado costosa y desgastante.
Hay criterios académicos sobre la necesidad de las revoluciones, al igual que de las crisis económicas.Se dice que, a pesar de su carga destructiva, propician reacomodos en pos de un desarrollo posterior. Es una idea que no carece de cierta lógica, justo es admitirlo. Pero el sentido de la justicia, más que el instinto animal básico, dicta que un modelo político es realmente positivo si su costo social es mínimo.Es decir, despreciable con respecto a sus logros.
Cuando hablamos de pueblos, ¡de seres humanos!, no podemos usar tan solo simples estadísticas. Y en dependencia de la población de cada país un 5% puede ser 100 mil personas, pero hay casos en que son 2 millones o hasta 60. A veces las minorías no son tan pequeñas como parecen y la injusticia se esconde tras un dato frío. Al igual que pasa en Cuba, la revolución chavista ha dividido a su pueblo y esconde, tras las estadísticas positivas que exhibe, injusticias que son irreconciliables con los derechos humanos más elementales.
No se puede negar que el Movimiento 5ta República nació progresista, democrático, incluyente y esperanzador, más allá de las críticas y de todo vaticinio negativo desde el inicio, por parte de los detractores de cualquier intento teórico o práctico encaminado a alcanzar un mundo más justo; más allá del resultado adverso al cabo de casi dos décadas en el poder, y más allá del engendro despótico en que ha devenido aquel proyecto hermoso. Quien lo refuta niega, obligatoriamente, una de las bases más importantes de la democracia: la sabiduría popular.
Es muy sabio creer vehementemente en el conocimiento popular. Así como es prudente cuidarse de los farsantes que la burlan en ocasiones y saben, además, que solo si hay democracia esta puede manifestarse luego y rectificar el error.

Fidel Castro con Hugo Chávez en La Habana. El talón de Aquiles de Cuba y Venezuela ha sido el manejo de sus economías. Foto archivo: cubadebate.cu
Los venezolanos apoyaron abrumadoramente al chavismo, mientras el chavismo representó una esperanza de mejoría, al menos en el plano social. Su inversión en Salud y Educación ganó adeptos. Pero al igual que el fidelismo, el chavismo no acertó en lo económico, por centrar sus proyectos en visiones utópicas y voluntaristas, ajenas al verdadero motor de la eficacia monetario-mercantil.
Desde temprano se hizo patente que fracasarían en la economía y que iban camino a la militarización. Que obstaculizaban la separación de poderes y polarizaban al país. Que incrementaban exponencialmente la migración y gastaban exagerados recursos en política exterior.Y que creaban un ambiente de guerra interna al estigmatizar y menospreciar a sectores neurálgicos en la sociedad, que a pesar de ser pequeños estadísticamente tienen un rol decisivo. Todo eso a la par del avance en materia social, al menos estadísticamente hablando. Era evidente que solo el plus valor coyuntural del petróleo haría sostenible aquel proyecto y realmente tuvieron mucha suerte de que les durara alrededor de una década.
Pero el pueblo, que es sabio, aún con reservas, continuó apoyando al chavismo. En parte, porque no tenía ni aún tiene (a mi juicio) otra opción que valiera la pena. Sin embargo, cuando Chávez pretendió institucionalizar el “socialismo”, el pueblo previó una trampa legal y dijo “NO”.
La oposición por su lado, arrastrando el desprestigio del mal gobierno pre-chavista y turbados por el apoyo popular hacia Chávez, impotente se lanzó a dar “patadas de ahogados”.Y en vez de reformular su propuesta política y defender con buenas acciones la democracia, optaron por el golpe de estado.De todo intento burdo Chávez salió más victorioso, al tiempo que no dejaba de elogiar y recibir apoyo de Fidel Castro y del sistema despótico-socialista cubano

Cola en un supermercado de Caracas para comprar alimentos básicos. Foto: Caridad
Pero llegamos al día de hoy, donde es patente que ya el chavismo no da para más. Tras la baja del precio del petróleo (que aún sigue caro, pero no tanto como antes) se secaron sus arcas y las dádivas que propiciaban el voto flaquearon.Y el aparente equilibrio dentro de la pésima administración económica cesó. Y los “socios”, que “ganaron” principalmente con la petro-política exterior, mermaron: solo quedan los pequeños estados, más fácil de sostenerles el apoyo y que al final votan en los organismos internacionales, al igual que los países grandes.
Desde hace un año y medio el pueblo venezolano, en ejercicio de su soberanía, negó su apoyo mayoritario al chavismo. Cansado de las penurias y la polarización, eligió un Parlamento predominantemente opositor. Lució más un voto de castigo al chavismo que un apoyo real al proyecto político contrario, que sigue siendo el mismo en esencia.
Y desde ese instante el gobierno de Maduro, que nació violando la Constitución (no llamó a elecciones en 30 días al no presentarse Chávez el 15 de enero y esperaron a abril, fecha alegórica al golpe de estado), en puro ataque de pánico, se ha radicalizado hacia el despotismo. Desconoce al Parlamento y no firma sus leyes. Enarbola como sustento la antidemocrática y peligrosísima unión cívico-militar. Pelea y ofende al resto del mundo si tratan de cuestionar u opinar siquiera con respeto sobre la crisis venezolana. Negó el derecho a referendo revocatorio con artimañas leguleyas y ha fusionado en la práctica los restantes cuatro poderes, en pleno acto anticonstitucional y antidemocrático contra la Asamblea. Cabe destacar que el Parlamento es el órgano más democrático y representativo del poder soberano, entre los cinco que existen en Venezuela.
Lo cierto es que Maduro le teme al voto popular e incluso a la Constitución chavista, que está pensada para regir la democracia, no el despotismo. Tras un intento fallido de dar un golpe a la democracia popular y anular la Asamblea mediante contubernio con el Poder Judicial, se desató una ola de protesta desde el 4 de abril y aún no para. A todas luces la oposición cuenta con mayor base popular que el chavismo en estos momentos (por las encuestas y ateniéndonos a la última elección votada), pero lo cierto es que dentro del chavismo reina el fanatismo político y por eso sus actos lucen más organizados y masivos.
Las marchas populares antichavistas, que exigen las elecciones anticipadas negadas el pasado año, son frenadas por las fuerzas represivas para provocar muertes y actos violentos. Así desprestigian a la oposición, que tiene su expediente sucio del pasado reciente. También tratan de justificar arrestos con pruebas indirectas o supuestas y avalar la radicalización política hacia el despotismo. En el plano diplomático culpan al imperio y a las oligarquías de todo, incluso de sus fracasos económicos.

La respuesta del gobierno a las protestas diarias ha sido la represión, incluyendo el uso masivo de gases lagrimógenas. Foto: Fernando Llano/AP
Es en verdad lamentable la crisis venezolana y solo es posible, por justicia y lógica, una vía de solución: dejar que el pueblo soberano decida. Si Maduro en vez de armar milicias, que solo traerán más muertes, y en vez de hacer un proceso constituyente, que luce manipulador antes de verse, convocara a las elecciones que le debe al pueblo, todo acabaría en santa paz. Y si es el bueno o el malo de la película, que sea el pueblo quien lo juzgue.
Venezuela merece poder decidir su futuro y salir de la dificil situación en que se encuentra. ¿Quiénes son los que frenan el voto popular y pretenden perpetuarse en el poder evadiendo incluso el referendo? ¿Quiénes detienen al pueblo en su justa protesta, incentivando reacciones de ira e impotencia? ¿Quiénes quieren imponer sus ideas al costo de la polarización, de la emigración masiva, del desastre económico, de la penuria y de la inflación? Basta con un simple análisis para determinar que son paradójicamente los propios chavistas, enquistados virulentamente en el poder a un costo mezquino e impagable, los principales responsables.
Son ellos, entonces, los que promueven hoy la violencia en Venezuela, sin importar quienes lo hicieron ayer. ¡Que no se llamen socialistas! -que ya bastante lodo han arrojado a ese ideal precioso de justicia y equidad los déspotas disfrazados de corderos.
¡Y tampoco bolivarianos! -porque no fue esa la actitud del Libertador cuando se vio despojado de sus fueros presidenciales en Colombia por los congresistas complotados alrededor de su vicepresidente: con un ejército fiel y con subordinados que le aconsejaban tomar el control por las armas, él respetó la democracia y se retiró humilde con la frente en alto.
A los chavistas les está faltando ese desprendimiento patriótico, moral y verdaderamente socialista y bolivariano. El nombre no basta.

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