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Cuba:Baracoa y la maldición de Matthew

El Pelú de Baracoa, Cuba.


HAVANA TIMES — Una historia perteneciente a la vox populi  baracoense cuenta que, en tiempos de nuestros tatarabuelos, un extraño personaje se hizo célebre por lanzar una maldición contra la Ciudad Primada y sus habitantes, quienes lo habían desterrado del pueblo por sus harapientas vestiduras y maneras de mendigo.
A la luz de la rica tradición oral de la localidadimagino a El Pelú -mote del vagabundo-, como una especie de Caballero de París extraviado por el extremo oriental de Cuba. La maldición con que sentenció la mala fortuna de Baracoa y sus pobladores debido a los maltratos, lo ha hecho pervivir en el imaginario colectivo durante generaciones, junto a la gran estela de misterios que rodea su historia.
Desde aquel entonces, muchos lugareños atribuyen a la maldición del Pelú los infortunios que, sobre todo, Madre Natura les ha impuesto a través de los años: vendavales y mares de leva entre los más frecuentes.
Los desastres relacionados con el huracán Matthew tampoco han escapado al influjo de la popular maldición.
El casco histórico de Baracoa. Paceciera que Matthew no pasó por aquí. Foto: Leonel Escalona Furones/ Venceremos.
Cuatro meses después que la conjugación de fortísimos vientos, intensas lluvias y peligrosas marejadas azotó la región, no es la falta de recuperación inmobiliaria lo que ha signado el acontecer de Baracoa. Las acciones reconstructivas avanzan. Buena cuenta de ello han dado los medios oficiales desde el primer momento.
Se habla de cifras alentadoras en la reanimación, reparación y reconstrucción del fondo habitacional. Números que ojalá no respondan a la ejecución con premura de una tarea de choque con un plazo de terminación impuesto e impropio, que muchas veces presupone una muy baja calidad de las obras concluidas. (Con esa piedra ya se ha tropezado en incontables ocasiones)
Es evidente que ha sido una hazaña lo que se ha logrado hasta hoy en materia de recuperación, dada la magnitud de la devastación. Pero habría que tener cuidado con el triunfalismo, la confianza y el optimismo exagerado, porque aún falta mucho por hacer. Lo que se haga nunca será suficiente, teniendo en cuenta todo lo que perdieron los habitantes de la zona: entre lo más preciado las casas y otras pertenencias imposibles de obtener, sustituir o recomponer a mediano, y mucho menos a corto plazo.
Para colmo de males, en todo este tiempo tampoco han cesado en la demarcación afectada las persistentes adversidades naturales, -agua por todas partes y de todas las direcciones- que dan al traste con la marcha estable de la recuperación agrícola y estructural, y condicionan en proporción directa la escasez. O sea, se avanza un pasito, y se vuelve a retroceder por fuerza mayor.
El Hotel La Rusa y el Río Miel, totalmente remozados. Foto: Leonel Escalona Furones/ Venceremos.
Pero más que en un anatema, la causa lógica y racional de los eventos radica en ese signo geográfico que ha convertido a la comarca, históricamente, en sitio predilecto para constantes y copiosas precipitaciones durante buena parte del año. No obstante, siempre están los crédulos, adeptos a la superstición –e incluso los aprovechados- que continúan asegurando que es por la maldición.
Más allá de los lindes de Baracoa, la Primera Villa de Cuba, en la capital provincial y otros asentamientos del territorio -que no han sido malditos por ningún mísero peludo- a raíz de los acontecimientos también se popularizaron las carencias, máxime de productos agrícolas y de materiales para la construcción. Secuelas del desastre que -a consecuencia real o no del huracán- han recaído sobre Matthew.
¿Será que se propagó la maldición del Pelú?
Todavía sigue siendo una dura tarea encontrar en alguna instalación gastronómica estatal de por estos lares un coco o algún derivado del cacao, porque Baracoa, la capital cubana de ambos renglones, fue devastada. A los plátanos, tan omnipresentes en nuestra cocina en todas sus variedades, también se los llevó el meteoro, junto con otras viandas y vegetales. Poco a poco algunos de esos ya han comenzado a reaparecer, aunque no como antes, sino un poco más caros, pero al menos ya “Matthew” los devolvió.
El conocido como Puente de los Coreanos, inutilizado por muchos años, fue puesto en funcionamiento como una de las vías alternativas para la comunicación entre Baracoa y el municipio de Moa, en Holguín. Foto: Leonel Escalona Furones/ Venceremos.
¡Qué indolente y aprovechado el Matthew!, que además le puso “la cosa mala” a los que pretendían reparar o construir sus casas con esfuerzo propio, y por ahora no pueden. ¿Por qué? La respuesta, cuando se hace la pregunta, es que todo el recurso disponible es para los afectados por ya-sabemos-quién.
Luego de aquellos tristemente memorables sucesos del 4 de octubre de 2016, todo lo que no ha estado en su sitio o no ha sido como debiera, se ha convertido también en legado de Matthew. Si no hay esto o lo otro, si no se puede eso o aquello, es -¿quién lo pone en duda?-por cuenta del susodicho Mateo con nombre anglosajón. Ah!, y la burocracia que a pesar de la urgencia condena a una extrema lentitud los procesos de entrega de ayuda a damnificados, ¿es también su culpa?
En fin, conocemos de sobra el apego cubano a nombrar culpables.
Reflexionando un poco, me parece que, por lo pronto, los baracoenses deberían actualizar un tanto sus creencias populares y olvidarse de los terribles vaticinios de aquel desdichado Pelú, porque ahora la culpa ya no es de él, tampoco del fatalismo geográfico al que acuden los guantanameros cuando no encuentran a quien culpar. ¡La culpa no es ni de la vaca!
Todo es culpa de Matthew, o mejor, de su maldición.
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