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PINGAS CARIBEÑAS

Cuba y el sexo: sobre pingas caribeñas, modas europeas y prejuicios sexistas.
En el imaginario europeo, Cuba se asocia inmediatamente al sexo. Buena parte de la población se ha creído el estereotipo. Al menos cuando hablan con las turistas: los hombres (tanto jineteros profesionales como jóvenes aspirantes) repiten como loritos el mito de que “nadie te va a follar mejor que un cubano”. Olivia, de Krudas Cubensi, habla mucho de las pingas mágicas de los cubanos; de que Cuba ha estado tan ligada tradicionalmente al turismo sexual, que los cubanos se han creído eso de que sus pingas son únicas y maravillosas, y eso influye en que la sociedad cubana sea especialmente falocéntrica. Puede ser. De las mujeres no puedo hablar; no sé si también susurran a los turistas que cuando prueben un “bollo” cubano no querrán otra cosa.
Al hilo del mito de que “en Euskadi no se folla”, he debatido con diferente gente sobre si se puede decir que una sociedad determinada es o no más sexual. Yo creo que, aunque nunca está bien generalizar, en Cuba se nota mucho la menor represión. Se nota que el sexo no sólo no es pecado ni por asomo, sino que es entendido como uno de los mayores placeres de la vida, que no sólo hay que gozar, sino cultivar, desarrollar. Otro tema además es que con el auge del reguetón, el sexo está presente a todas horas. Puedes encontrarte con vídeos como este (uno de los que más han escandalizado, debido a las escenas lésbicas y de sexo en grupo) en el taxi, en la cafetería por cuenta propia, en la discoteca…:
Fui a una santera de Habana Vieja que me tiró las cartas. Entre otras muchas cosas, me dijo: “Veo poco sexo. No tienes sexo todos los días”. Me reí por dentro y pensé que eso era cultural: ¿hay alguna vasca que tenga sexo todos los días? Se lo conté a mis amistades cubanas, y la reacción fue en todos los casos una mezcla de cachondeo y lástima hacia mi escasa (según sus parámetros) vida sexual. “Por supuesto que tengo sexo todos los días, si es lo mejor que hay”, me decía la gente. No sé hasta qué punto será real o será un decir.
En todo caso, Cuba no es que sea tampoco el paraíso de la libertad sexual. De hecho, cuando charlas con la gente, ves que su realidad tiene que ver más con la nuestra que con la fantasía caribeña que nos hemos montado. Coitocentrismo, juicios morales sexistas, mitos como el de la virginidad femenina y demás patrones machistas siguen vigentes. Las conversaciones con mis conocidas de allá no distaban mucho de las que tengo con mis amigas de aquí: las mismas alegrías, problemas y frustraciones. Incluso una de las cosas que más gracia me hizo es que en Cuba a todo lo que suena a relaciones y sexo liberal le llaman: “vivir a la europea”. Las pelis españolas subidas de tono y el turismo ávido de sexo salvaje son los responsables de que nos atribuyan esa fama. Ahora, que desde mi punto de vista es innegable que el erotismo está mucho más integrado en la vida cotidiana cubana, y eso es una auténtica gozada.
Norma, una de mis mecenas, me planteó la siguiente cuestión: ¿cómo afecta la menor influencia de la moral católica en la sexualidad de las jóvenes y en su capacidad para decir “sí” y “no”? Así que fue un asunto que pregunté mucho y en el que también observé mucho. Saqué las siguientes conclusiones generales (que, como conclusiones generales que son, resultan simplistas y generalizadoras):
– Aunque en Cuba haya una escasa influencia de la moral católica, sí que influye la tradición cristiana y patriarcal sobre la que se ha desarrollado la sociedad. Como decía, el sexo no se vive como pecado, pero la virginidad sigue siendo algo preciado para las chicas, la masturbación femenina es tabú, hay grupos conservadores que sí que se guían por la moral católica… Pero sobre esto profundizaré en un próximo post.
– Las jóvenes se inician en el sexo antes y hay bastante parejismo: es decir, que por lo general se inician en relaciones de pareja muy pronto. La iniciación precoz en el sexo es vista con preocupación por las personas adultas, sobre todo porque los embarazos adolescentes están al orden del día.
– Desde mi percepción subjetiva, las veo más empoderadas, más protagonistas de su sexualidad. No les cuesta hablar de sexo y creo que hay una menor “putafobia”, una menor presión de ser juzgada como puta por vestir sexy, tontear con diferentes hombres o hablar de sexo. Sin embargo, hablando con las chicas, todas dicen que en Cuba también ocurre lo de que el hombre promiscuo es muy macho y la mujer promiscua es muy puta.  Una conocida nos contó un día que su hija había empezado a tener sexo con su novio. Cuando el padre del novio se enteró, le advirtió a su hijo sobre la importancia de usar anticonceptivos. El hijo le debió de contestar algo así como: “Sí, tranquilo, mi novia siempre lleva condones porque se los da su madre”. Por lo visto, al padre no le sentó demasiado bien que su hijo saliera con una chica que lleva condones en el bolso: ligerita de cascos, seguro. Mi conocida lo contaba escandalizada con que todavía persista esa mentalidad.
– Las jóvenes no identifican que tengan dificultades para decir sí y para decir no. “¿Que si tengo problemas para decir no? Qué va. Mira qué fácil: NO. Así se lo digo”, me dijo una chica de 18 años, hija de una amiga. Claro que me imagino que las jóvenes vascas tampoco identificarán esa dificultad de entrada.
– La mayor parte de chicas que he conocido hablan de sexo con sus madres, y todas las madres que he conocido me han afirmado que hablan de sexo con mucha naturalidad con sus hijas e hijos adolescentes. Por ejemplo, es habitual (al menos en mi entorno) que las chicas les cuenten a sus madres que han empezado a tener sexo. Desconozco si esto se debe a que mi entorno es bastante abierto o es algo general. También desconozco si aquí se ha avanzado mucho respecto a mi generación, y las adolescentes de ahora hablan más con sus madres.
– Se asume que las mujeres son tan infieles como los hombres. Existe una doble moral rara, porque por una parte se guardan las formas tradicionales de considerar que la infidelidad es una traición imperdonable, pero por otra parte la gente que conozco que es infiel, afirma no sentir culpa. Esto es una percepción muy superficial de un asunto mucho más complejo y en el que no me creo que no haya diferencias de género.
– Está de moda el rollo liberal, hablar de las relaciones abiertas, de los tríos y el intercambio de parejas (todo esto muy presente también en las letras y vídeos del reguetón). Sin embargo, no veo que eso esté realmente muy implantado entre la juventud. En mi entorno primaba más el parejismo monógamo, y te hablaban de esas tendencias como algo ajeno a su realidad. Se dice que en esas tendencias persisten roles sexistas, como que el hombre plantea a la mujer sus fantasías o que se da más el sexo entre mujeres que entre hombres en un contexto liberal. Me hablaron incluso de una chica de 18 que se ha emparejado con un hombre mayor que ella, atraída entre otras cosas por su dinero. Por lo visto, el hombre la paga para que se acueste con una amiga suya delante de él. La chica se lo contó a su tía (una feminista defensora de la libertad sexual) y no entendió que esta no aprobase una relación así.
– El entorno en el que sí viví ese tipo de relaciones no normativas fue el LGTB, en el que conocí por ejemplo a dos chicos y una chica (de algo menos de 30 años, ella divorciada y madre de dos criaturas) que vivían y dormían juntos. Con su grupo de amistades salieron temas como las fiestas en las house (varias parejas o personas quedan en una casa y se asume que va a haber sexo en grupo) o la tendencia a que un hombre proponga a una lesbiana un trío con él y su mujer o su amante habitual. Lo curioso es que en esas historias a menudo ocurría que la mujer seguía quedando con ella (e incluso se enamoraba) sin que él lo supiera.
– En La Habana existe la idea de que en el resto de la isla todo es más tradicional: que existe una menor aceptación de la diversidad sexual, un menor auge de tendencias “liberales” (para entendernos), unos roles sexistas más marcados, etc. No tengo elementos suficientes como para valorar si es así o si se trata de un prejuicio de la gente de la capital hacia lo que estereotipan como “la gente de provincias”.
Sin embargo, prefiero que escuchéis de primera mano los comentarios de las cubanas, así que me junte con las compañeras que impulsan el programa ‘Género y Cultura’, en el que se enmarca el foro de debate feminista ‘Mirar desde la sospecha’. Tres comunicadoras feministas acostumbradas a trabajar con jóvenes. Lirians y Helen son veinteañeras; Danae es treintañera y madre de un adolescente. Charlar con ellas sobre sexo fue super interesante. Os dejo con las ganas.
Escrito por Mari Kazetari
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