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TRUMP Y HILLARY: (ENTRE LA PESTE Y EL MAL OLOR)


Soy de la clase de personas que consideran que la principal virtud de un ser humano es CAERME BIEN. No les exagero si les digo que prefiero un asaltador de bancos simpático, jodedor y que me haga reír mejor que a  un mirlo blanco, religioso, bueno, noble pero que al mismo tiempo sea un amargado y un pesado.
Todos los cubanos pueden enumerar muchos defectos (quizás cientos) de Carlos Prío Socarrás y ante cada barrabasada y errores cometidos por el ex presidente siempre me he sonreído y dicho: “¡Contra… pero que bien me caía ese hombre!”
Desde el mismo día en que -hace muchos años- me hice ciudadano americano me inscribí en el Partido Republicano y siempre he votado por el candidato de ese partido. Jamás, bajo ningún concepto,  he votado ni votaré por otro partido.
Hoy en día después de haber seguido muy de cerca todo el proceso para lograr la postulación de un candidato por cada partido, y al terminar esta odiosa y chusma contienda, estoy completamente encasquillado y confundido.
El resultado, para mí, ha sido devastador: los escogidos por ambos partidos  -Hillary y Trump- han resultado ser (para mi modo de ver las cosas) un par de hígados fríos a las 12 de la noche. Es como tener que escoger entre la peste y el mal olor.
Mi amigo Hugo Byrne, a quien yo considero el más erudito de todos mis amigos, puede darme- y me da-  una brillante disertación de lo políticamente desastrosos que son ambos personajes. Y concluye con la lapidaria conclusión de que“ambos son iguales, son las dos caras de una misma moneda”.
Yo -siendo completamente inferior intelectual y políticamente que Hugo- simplemente me sonrío y le respondo: “Y lo principal para mí: ¡Son unos bofes!”
Y… además debo aclararle al amable lector que Hugo y yo vivimos en California, un estado donde aunque cada uno de nosotros pudiera votar 100 veces por Trump éste no le ganaría a Hillary “ni a matao”. Aquí hasta Raúl Castro le gana a Trump.
Pero al final de la jornada -quizás, aunque no lo aseguro- no me quedará más remedio que “hacer de tripas corazón” y llevado por mi desdén por los Clinton votaré por el menos repugnante. Aunque sea como tomarme un Agua de Carabaña.
A mí -sinceramente- lo que me sorprende, lo que me entristece, es que siendo éste el mejor país del mundo, una nación con más de 300 millones de habitantes, llena de verdaderos genios en todas las ramas y materias han carenado en dos tremendas basuras  como candidatos para llevar sus riendas durante los próximos cuatro años. Increíble pero cierto.
La única justificación que creo encontrar es que la gente buena, noble, decente, no ha querido inmiscuirse ni mezclarse en el estercolero que ha resultado ser esta contienda electoral.
Fuente:El Nuevo Acción
Escrito por Esteban Fernández
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