LO ÚLTIMO
Home » » LOS DINOSAURIOS SE ATRAEN.

LOS DINOSAURIOS SE ATRAEN.


Hay quienes ya no cantan como antes y no se dan cuenta que lo único que pueden hacer es comer frutas. Aparentemente el efecto de la vejez a ciertos llamados “intérpretes” (porque ya no soy considerados cantantes) les ha deteriorado además de la voz, el sentido común. Algunos dicen que también los años acumulados les ha perjudicado la vergüenza, pero esa virtud  no la puede perder quien nunca la ha tenido. Ya que manifestar de joven un ideal puro y después cuando los pellejos y algo más cuelgan, empiezan a decir todo lo contrario siendo arbitrario, es mostrar que siempre fueron ventajistas, lo que la juventud les ayudaba a cubrir las apariencias y la vejez suelta la legua. 

Mick Jagger (26 de julio de 1943) y Julio Iglesias (23 de septiembre de 1943), especialmente el español, que en tiempos pasados logró el anhelado “crossover” pero las nuevas generaciones no saben si cantó o fue vendedor de frutas, al parecer necesita sonar y ser noticia, de ahí que se aprovecha de los medios de comunicación que mayoritariamente son tan dispuestos a resaltar todo lo que sea a favor de los enemigos de las democracias, para manifestar que quiere visitar a Cuba haciendo declaraciones que solo favorecen a la tiranía de los Castro.Al británico, sus excesos con drogas y el alcohol contribuyeron a deteriorar sus neuronas, así que de cierta forma se justifica los desatinos que puedan ocurrírsele con la edad, además de que manifestarse conservadoramente les hace temer perder fans de Hollywood, un nido de intolerantes comunistas acomodados entre billetes verdes que gritan mucho imponiendo sus predilecciones.


Pero Julio Iglesias, que por décadas ha mantenido su residencia oficial en una isla exclusiva del condado Miami-Dade en la Florida (desde 1978), y trabajado al lado de muchos exiliados cubanos, conoce muy bien el dolor que siente nuestra comunidad por tener en la patria la peor tiranía del continente y de las cinco más terribles y longevas del mundo. 

Jamás en Cuba entre 1959 a 1970 se permitió vender los discos del gallego (ni de muchísimos otros como Ra-phael, el grupo de Jagger The Rolling Stones), ni ofrecer un concierto, ni mucho menos los vimos por televisión. Lo mismo ocurrió con la mayoría de los artistas populares del exterior, aunque escucháramos sus canciones muchas veces a escondidas, la mayor parte de la juventud cubana de entonces no teníamos la más mínima idea de cómo era su imagen, hasta que el jueves, 16 de julio de 1972, autorizan exponer en las salas de cines su película “La Vida Sigue Igual”, para de esta forma entretener a la población cubana tan obstinada de prohibiciones y obligatoriedad.
Hubo una temporada anterior que se prohibió en Cuba trasmitir sus canciones por la radio. No dijeron el por qué, pero supimos por alguien que nos escribió desde Miami que Julio grabó el tema que nos dedicara el admirado argentino Luis Aguilé “Cuando salí de Cuba” considerada una canción de aliento al exilio en contra de la tiranía de Castro. Pero parece que se lo perdonaron o se olvidó. Después por el año 1974, hubo una nueva prohibición, y nos enteramos que le cantó al dictador chileno General Augusto Pinochet que había derrocado al presidente comunista Salvador Allende que pretendía convertir en otra Cuba comunista al pueblo de Chile. Nunca nos dieron explicación, simplemente dejamos de escucharlo nuevamente en la radio. Es que los totalitaristas no respetan a su pueblo en aspectos más siniestros, por lo que ofrecer información sobre sus absurdas determinaciones musicales, están demás. Por suerte para los cubanos residentes en la isla, el control estatal sobre temas musicales era inconsistente, porque un día vetaban radiar una canción, y a las 24 horas llegaba la contraorden.

Michael Philip "Mick" Jagger quizás no se enteró que estuvo también suprimido en Cuba, y cuando alguien ponía su música en una fiesta, los policías y los paramilitares (sus auxiliares vestidos de civiles) la interrumpían, decomisando el equipo reproductor de música, lo mismo al que tratara de vestir como él o cantar sus canciones de moda, si era acusado o interceptado por un esbirro, terminaba con sus huesos en un tenebroso calabozo de la estación de policía, por esa causa que después llamaron “diversionismo ideológico” que algunos cumplieron años de condena, o humillado en “Asambleas de depuración” por escuchar lo censurado.

Pero Julio Iglesias sí lo supo, los cubanos que lo han rodeado se lo hicieron saber. Sin embargo, fue cambiando su antigua actitud que demostraba estar en contra de la tiranía, desde que es reconocido como “el padre de Enrique Iglesias” y no como cuando su hijo empezaba en el mundo del espectáculo, que todos le decíamos “el hijo de Julio Iglesias”, y eso no lo saben soportar muchos de los artistas que una vez fueron mimados por el público, menos un padre que no mantiene buenas relaciones con sus hijos mayores.

De ahí que en el 2001, aceptó una invitación especial en Venezuela del presidente Hugo Chávez (adorador del genocida Fidel Castro y seguidor fiel de su macabra doctrina) para que le cantara en una recepción privada al dictador chino Jiang Zemin, que había llegado a Caracas después de haber visitado al tirano en jefe en Cuba. 

Por algo en el 2009 aplaudió el "mega" concierto de Juanes y compañía en La Habana, sabiendo que era un montaje propagandístico que no traería alivio al pueblo cubano y sí ayudaría mucho al régimen opresor a ganar simpatías en el exterior para seguir atropellando y matando. Pero así y todo, no lo invitaron a La Habana, porque no lo querían, quizás por anticuado o por ambivalente. 

Después que el presidente Obama se abre hasta de piernas ante los castristas entregando todo lo que ellos pidieron a cambio de nada, en diciembre de 2014, se pone Iglesias a hablar incoherentemente, como es típico de los geriátricos. Y como no le hicieron caso, en octubre de 2015 manifiesta opiniones en contra del Donald Trump, ahora que sólo come frutas, dice que no volverá a “cantar” más en los casinos propiedades del multimillonario candidato presidencial por el partido republicano. Si buscaba la atención de Hollywood, como es el caso de otros artistas alabarderos obamistas que se han arrimado a la izquierda sin serlo, esa meca del cine tan mayoritariamente antiamericana, ni se enteró.

El colmo de Julio Iglesias, es que con tal de que la prensa se ocupe de él, tratando de vender su vieja música, se pone a despotricar del exilio cubano de Miami que tanto lo apoyó en sus inicios en Estados Unidos, y quiere ir a envilecerse con los tiranos vitalicios de Cuba. Qué pena que no se acuerde que fueron los terroristas etarras entrenados y protegidos por Castro los que secuestraron el 30 de diciembre de 1981 a su padre por 19 días y le pedían 10 millones de dólares por su rescate, y que gracias a la policía y la guardia civil española no tuvo que pagar nada.


Otro que se ha unido al clan de los artistas de la tercera edad que quieren ir a Cuba a “cantar” ha sido Raphael (Miguel Rafael Martos Sánchez, 5 de mayo de 1943), del que nunca olvido cuando escuché a finales de la década de 1960 en aquel proscrito programa radial trasmitido desde Miami “El Show de la Nueva Ola” por la otrora popular emisora WQBA “La Cubanísima”, que habían ordenado sacar sus canciones de la radio cubana, desde luego, sin ninguna justificación. Cuando llegué a Estados Unidos supe que a Raphael lo habían homenajeado en el exilio de Miami (con una producción del inolvidable amigo Rosendo Rosell) y él en agradecimiento se le ocurrió gritar “¡Viva Cuba libre!”, pero también se prohibió por la homofobia del castrismo, que cuando vieron sus gestos femeninos se escandalizaron.

“El Niño de Linares” que fue un excelente cantante, al parecer ahora con la vejez ha perdido la memoria, de que fueron los cubanos del exilio los que hicieron posible su entrada triunfal en Estados Unidos, y manifiesta que añora ir a Cuba sin importarle lo que hizo y hace ese gobierno genocida, solo por cumplir un viejo sueño. Pero no debía extrañarnos sabiendo que él cantó en el Kremlin en 1969 cuando todavía tenía un régimen comunista y su dictador Franco no tenía relaciones con ellos, y ha seguido actuando ante la nueva oligarquía rusa que pagan más de 5,000 rublos (aproximadamente 150 dólares) por una entrada para verlo.

A esta nueva oleada de viejos artistas “actuando” en Cuba que padece bajo un régimen totalitario por más de cinco décadas, le anteceden el salvadoreño Álvaro Torres y el barcelonés Dyango, ambos unos farsantes consumados que decían una cosa en Miami para vender sus discos y conciertos, y otra lo que pensaban en realidad, como se ha podido constatar. Y no sería mirada su actitud como de legitimización de la tiranía, si fueran a Cuba a cantarle al pueblo oprimido y después denunciaran al gobierno que los tiraniza como hizo ejemplarmente Boris Larramendi, quien viajó expresamente para ofrecer un concierto en la clausura del Primer Encuentro Internacional de Derechos Humanos y Pactos de la ONU organizado por Estado de Sats, en diciembre de 2013, sacando la cara por los miles de artistas exiliados que desean hacer lo mismo y no les permiten entrar a nuestro país a cantar lo que quieran y donde estimen conveniente.

A esos conciertos en la Cuba actual debían llamarle el de los ex censurados para que el tirano en jefe los aplauda desde su silla de ruedas, si es que se da cuenta y su senectud escatológica se lo permite. 

Cada cual con sus ideas, principios y consciencia. Ellos tienen su derecho a expresarse y yo también. Por eso reprocho su insensibilidad con el dolor del pueblo cubano sin denunciar las constantes violaciones de los derechos humanos. Se aprovechan de la democracia donde viven para enlodarse con quienes la estrangulan en Cuba. Decir que no estoy de acuerdo con esa actitud servil y senil, no representa un insulto, porque estoy diciendo lo que siento mi verdad. Para mí son unos viejos pancistas, que solo buscan satisfacer su ego cuando ya no pueden cantar como antes, dependiendo del apoyo de las voces de coristas en sus conciertos para poder hacer un mejor papel, y bajar el tono de sus viejas canciones para poder llegarle, lo que es permitido, como también se debe aceptar que yo manifieste mi criterio.

Es lamentable que a veces los que tienen tantos años, que sienten frustración con su decadencia, exterioricen lo peor de sí, aceptando a criminales sin importarle que sus víctimas sufran lo que no toleran para ellos ni para sus familiares. Debían ir a quedarse a vivir aunque sea un año en Cuba, con libreta de racionamiento, y si fuera definitivo mejor, devengando sus ganancias en moneda nacional, en viviendas al borde del colapso, la falta de higiene hasta en los centros médicos, con la escasez de lo más elemental y sin Internet igual que la gente de a pie. 

Sinceramente me preocupa que estos personajes no se hayan dado cuenta de sus manifestaciones vetustas, para que reciban un tratamiento adecuado y a tiempo. Es evidente que están mostrando sus principales características, como el deterioro de la memoria a corto y largo plazo, asociado a trastornos del  juicio, produciendo delirios, desorientación temporal o definitiva, modificando su personalidad, interfiriendo significativamente en las actividades de relación, laborales o sociales. Son signos de la decadencia iguales a los que vemos en el modelo de gobierno centralizado y en sus dirigentes perpetuos, quizás por eso esa necesidad de acercamiento, porque los dinosaurios se atraen.
Y no es que estoy en contra de los que más años tienen, porque en definitiva me falta muy poco para llegar a la tercera edad, sino que la posición de estos ejemplares es innoble ante lo que está mal hecho. Cuando otros que en sus años juveniles fueron abiertamente defensores del castrismo, han ido madurando y cambiando de opinión al conocer las drásticas consecuencias del monopartidismo y su represión constante, las detenciones arbitrarias, los fusilamientos por solo querer salir del país y que aún golpean semanalmente a mujeres indefensas cuando salen de la iglesia vestidas de blanco, esos sí están envejeciendo con raciocinio. Es que el tiempo pasa y a unos les abren los ojos y a otros se les cierran más, dependiendo del color de sus pensamientos y el grado de interés acentuando con los años al avieso o abyecto que llevan dentro. 

Todo cambia, como cantó Mercedes Sosa (otra que tuvo la sensatez de antes de fallecer en el 2009 manifestarse en contra del comunismo que defendió toda su vida). Pero el que cambia para peor es denigrante. Sin embargo, “no cambia mi amor, por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor, de mi pueblo y de mi gente”, porque el amor verdadero se fortalece con los años, y el hipócrita se desacredita.

Al paso que vamos, el mejor negocio que se puede ir inventado en el deteriorado país caribeño, cuando lo permitan, es un Centro Geriátrico para los artistas decrépitos y sin vergüenza que ya no cantan pero al menos comen fruta. Así que los generosos “mandadores de donaciones” empiecen a enviarlas, porque en Cuba el “bloqueo” (el interno)  acabó con la agricultura nacional, y lo convirtieron en un Parque Jurásico donde los dinosaurios semi olvidados del mundo artístico quieren ir (como han vacacionado los más antiamericanos jóvenes de la fauna arribista y hasta presidentes y Papas), pero allí ni siquiera pueden comer las frutas nacionales que otrora abundaban (si acaso solo por muy pocos días) que no hay para el angustiado pueblo cubano.-

Share this article :

No hay comentarios: