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Estampas del Vedado: El tomacorriente de Mama Inés


Por Henry Constantín
CaféFuerte.- Estaba en el Vedado habanero, con apuro de escribir y laptop descargada. En una cafetería en divisa, todos los tomacorrientes yacían sellados con precintas verdes. Caminé hasta el Hotel Vedado, dispuesto a consumir lo que fuera con tal de cargar mi laptop.eFuerte.- 
-“Eso está prohibido aquí”, me dijo el del lobby.
-“¿Y si lo pago?”, pregunté.
-“Tampoco, no se puede”.
Fui al Hotel Nacional, esperanzado. Pero ni un tomacorriente a la vista, eso sí, muchos empleados serios diciéndome que No. Increíble.
Molestísimo, caminé hasta L y terminé subiendo los escalones de la cafetería privada Mamá Inés. Una empleadita de lindo mirar me sonrió seis metros antes de llegar a ella. Sin mucha fe, le traté de explicar.
-“Tú lo que necesitas es un tomacorriente, mira, puedes sentarte allí, y trabajar, es más cómodo”, me dijo.
Así fue.
Que alguien le diga a los americanos, a los europeos, a los cubanos de allá y a cuanto ser vivo se le antoje invertir en Cuba, que por favor, por lo que más quieran, no se les ocurra meter -por mucho que se lo pidan los otros- un centavo en ese dinosaurio de la frustración y el mal servicio que es la empresa estatal cubana.
No: es al cubano creativo y audaz, al emprendedor que no tiene un “núcleo del Partido” ni una “asamblea de balance”, al negocito indefenso frente al Estado y al cuentapropista que hace magia para prosperar, a ese, a quien hay que ayudar. Ellos son los únicos que pueden hacer una isla de gente más feliz donde otros solo han sabido construir tanta incompetencia y frustración.
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