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Cuba: Dos en una semana y esperen más

El miércoles al amanecer las huestes del General invadieron la propiedad de Arcelio Rafael Molina activista y reportero de la UNPACU en La Habana y allanaron la vivienda para cargar con todo lo que les pareció “sospechoso” (paquetes de dvds sin estrenar, alimentos, así como equipos y medios de trabajo de esa organización opositora).
La casa de Molina en el municipio Playa en La Habana, es la sede de la UNPACU en el occidente de Cuba y según relató los uniformados “violaron sus leyes y procedimientos cuando allanaron su morada y en varias ocasiones manipularon las pertenencias sin la presencia de él, ni de los testigos, lo que constituye un error de procedimiento en la cadena de custodia.
Dijo Molina no firmó el listado de ocupación que le presentaron y tampoco la copia con la que debe quedarse él”. Más tarde del registro y confiscación de bienes lo acusaron de “acaparamiento” y le impusieron una “medida” de arresto domiciliario, con prohibición de salir del país.
En declaraciones a diversos medios de prensa Molina insistió en que lo ocurrido “se reduce a una persecución por motivos políticos” por su activismo.
Ahora permanece en su casa vigilado y a la espera de lo que las autoridades quieran hacerle puesto que en Cuba no hay ley, o mejor dicho, la ley la hace y la viola la dictadura como mejor le convenga.
Los hechos

Octubre 6:
 Al amanecer se presentó un capitán en su casa con una orden de registro buscando “supuestos elementos de actividad económica”. El facilitó la entrada y empezaron selectivamente a ocupar equipos y medios de trabajo de la UNPACU que están en la sede de esa organización en La Habana.
En el registro también le ocuparon 60 quilos de comida que la organización almacena en su sede para repartir entre los presos políticos.
Luego fue conducido a una estación policial donde “intentaron fabricar varios cargos” contra él como la venta ilegal de los alimentos de la UNPACU.
Desde antes de la llegada del Papa a Cuba la casa de Molina ha sido blanco de la vigilancia policial evidente e incluso del monitoreo con cámaras de vigilancia instaladas en la calle de todo el que entra y sale al lugar. Todos los activistas sabían de esa vigilancia pero como al fin y al cabo no estaban haciendo nada ilegal no había razón para esconderse. Como tampoco la tenía el abogado y periodista de Cubanet Roberto Quiñones en Guantánamo quien un día antes que Molina enfrentó igual situación en su casa.
Un operativo de los segurosos invadió la propiedad de Quiñones y cargó con cuanto equipo de trabajo usaba para escribir sus reportes noticiosos y sus artículos de opinión y terminaron acusándolo de cuanto le pareció prudente para hacerlo callar.
El proceso en su contra estuvo lleno de irregularidades y fuera de la legalidad, según detalló el mismo a medios de prensa extranjeros.
“Me quieren fabricar una causa penal por supuestamente “entorpecer el buen curso del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos”.
Al largo listado de equipos ocupados se agregaron varias sumas de dinero (en chavitos, dolares americanos y hasta una tarjeta de banco donde tenia dinero cubano depositado. El todavía no sabe si s elo van a devolver aunque le dijeron que si lo harían.
Presentó una queja escrita ante el órgano de justicia provincial, pero no quisieron darle una constancia de la entrega ni del número de control de la recepción, aunque le dijeron que “en treinta días” le darían respuesta.
Una alocución de Quiñones sobre lo ocurrido circula en las redes sociales. Desde Facebook les comparto esta.


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Fuente: http://lafronteratransparente.com
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