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Agua potable "por la izquierda" en la capital cubana

Un hombre camina por La Habana, llevando dos cubos de agua para su vivienda. (DIARIODECUBA)
En territorios como La Habana Vieja y Centro Habana, con graves e históricos problemas en la infraestructura de este servicio, nadie pensó en cómo el sector privado resolvería esa situación. El resultado es que el Estado está casi en la obligación de mirar hacia otra parte ante las ilegalidades que se cometen a la luz del día"
Junto a la ola de sequía que azota al país, también se ha extendido el comercio ilegal de agua potable en varias de sus regiones más afectadas. En La Habana este lucro es histórico, además de panorama cotidiano, con o sin sequía. El trapicheo de pipas (camiones cisternas) de agua se cuenta entre aquellos negocios ante los cuales las autoridades estatales se hacen de la vista gorda.
La inspectora D. Fiallo, de la empresa Aguas de La Habana, comenta que "con regularidad tengo que acompañar a los piperos en el recorrido para asegurar que no se desvíen de los lugares reportados. Pero 'un solo palo no hace monte' y ninguno de mis compañeros lo hace porque no entra en su contenido de trabajo".
La Habana Vieja y Centro Habana, son dos municipios (ubicados en la capital de la isla) que históricamente han confrontado escasez  de agua corriente. La imagen de largas colas de personas ante un sumidero para recolectar agua en cualquier recipiente a mano son "postales" que distinguen a estas zonas.
"Algunas familias en estos vecindarios se benefician al estar dentro del programa de restauración de Eusebio Leal (historiador de la ciudad que ha promovido varios programas sociales para el rescate de La Habana Vieja)", cuenta Maribel, vecina del consejo popular Plaza Vieja. "En ocasiones, las pipas de agua destinadas a las obras de construcción después llenan la cisterna o los tanques de los edificios colindantes. Pero no siempre es de gratis; los vecinos hacemos una ponina para pagarle al pipero y así garantizar que cuando vuelva nos haga 'el favor'. Aquí el agua entra máximo tres veces a la semana."
Como se verifica por el testimonio de un pipero, la cadena de descontrol y corrupción es también aliada en este "bisne": "La tarifa es de 10 CUC (equivalente a 10 dólares, según el cambio oficial) por llenar una cisterna. Yo tengo par de clientes privados que me llaman dos o tres veces todas las semanas; como mínimo saco 60 CUC semanalmente. Después de hacer lo mío, salgo a cumplir con el recorrido que me estableció la empresa para ese día. Pero de mi pastel tengo que 'salvar' a los inspectores cuando lleno la pipa o cuando me cogen fuera del itinerario. También tengo que guardar una tierrita para los mecánicos del taller cuando se rompe el camión, porque como dice el dicho: barco varado no gana flete".
Una funcionaria de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) explica que "el comercio ilegal de agua potable se incrementó con el establecimiento de los servicios ofertados desde el sector privado, fundamentalmente cafeterías, restaurantes y casas de alquiler. En territorios como La Habana Vieja y Centro Habana, con graves e históricos problemas en la infraestructura de este servicio, nadie pensó en cómo el sector privado resolvería esa situación. El resultado es que el Estado está casi en la obligación de mirar hacia otra parte ante las ilegalidades que se cometen a la luz del día".
Pero este comercio tiene también otras aristas que no están relacionadas con las pipas distribuidoras de agua, ni con los pronósticos de la sequía. Instalar "por detrás del telón" una conexión privada desde la línea principal que atraviesa la vía pública cuesta como mínimo 100 CUC.
Directivos de Aguas de La Habana, preguntados al respecto, alegaron que "nuestra empresa tiene un plan operativo para prevenir estas ilegalidades, más aún en el actual período de sequía que atraviesa el país; y garantizamos que los índices de esta problemática han disminuido".
Sin embargo, criterios ciudadanos discrepan de estas afirmaciones y ponen en tela de juicio la eficacia de esta empresa en solucionar temas vinculados con el acceso de la población al agua potable.
"No creo que exista ninguna disminución en este gran negocio donde tienen que estar implicados muchos jefazos de esa empresa, porque el 'trabajito' implica romper la calle", acusa Mariela Albertini, vecina de Cayo Hueso. "Una de cada tres supuestas reparaciones que ves por estos barrios, son para instalar esas conexiones ilegales.""Los inspectores ni siquiera se toman la molestia de reportar la proliferación de los motores conocidos como 'ladrones de agua'", agrega otro vecino.
"Los inspectores ni siquiera se toman la molestia de reportar la proliferación de los motores conocidos como 'ladrones de agua'", agrega otro vecino.
"Ya he perdido la cuenta de las quejas que reportamos a esta empresa sobre esta otra ilegalidad. Esos motorcitos se conectan a la tubería de los edificios y cuando viene el agua, cuatro veces a la semana, impiden que esta llegue con fuerza al resto de los apartamentos que siempre se quedan a medias. Ahora con la sequía el problema se agravó porque el agua llega con menos tiempo del habitual. Los inspectores se personan por cansancio, sí, pero al final el soborno pesa más", asegura.
"Las ilegalidades en Cuba", como expresa un abogado y vecino del consejo popular Catedral, "casi siempre van de la mano de alguna que otra escasez, pero llegan para quedarse. Hoy es el turno del agua potable; y me pregunto: ¿es esta la calidad de vida que el Estado tiene garantizada para sus ciudadanos?



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