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Denuncia profanación de tumba del abuelo de un inversionista de Miami en Cuba.


Una famosa inscripción en lo alto de la puerta principal del habanero Cementerio de Colón dice “Soy la puerta de la paz” (escrito en latín Janua Sum Pacis). Pero tranquilidad y descanso para los que allí yacen no fue lo que encontró el inversionista cubanoamericano José Valdés-Fauli cuando visitó la tumba de su abuelo materno, Jacinto Pedroso, uno de los hombres de negocio cubanos más importantes de la primera mitad del siglo XX, y fundador del Banco Pedroso.

En mayo, Valdés-Fauli, residente de Coral Gables, viajó a la isla para asistir a la XII Bienal de La Habana, y de paso presentar sus respetos –como había hecho en anteriores visitas– en la tumba de su abuelo Jacinto, fallecido en 1955, y en la de su familia paterna, los Valdés-Fauli.
El inversionista cubanoamericano José-Valdés Fauli.
Lo primero que notó Valdés-Fauli fue que el nombre de su abuelo Jacinto Pedroso había sido borrado del mármol de manera torpe y apresurada. La estatua del Sagrado Corazón de Jesús, que siempre estuvo en el panteón y que su abuelo mandó a construir para que descansaran sus restos y los de otros miembros de su familia, había sido sustituida por una virgen. Luego supo que esa virgen había sido colocada allí por la nueva dueña.
La tumba de Jacinto no solo había sido vendida, sino que sus restos fueron arrojados en una fosa común, supo entonces Valdés-Fauli, por lo que le contó uno de los cuidadores del cementerio. 
“Cuando le di dinero al cuidador, me dio la información. Me dijo que él mismo había hecho los trabajos, que borró el nombre y retiró los restos, que fueron tirados a una fosa común”, dijo Valdés-Fauli de regreso en Miami.
Para el inversionista fue una sorpresa, porque si bien sus familiares habían tenido que hacer reparaciones en la tumba de su familia paterna, que sí se encontraba en mal estado, nunca habían tenido que hacerla en la de Jacinto, que se encontraba en perfecto estado.
Valdés-Fauli contó que varios miembros de su familia que residen en Estados Unidos comenzaron a visitar la isla, y también la tumba de Jacinto, desde 1997. Él mismo había estado en esta en 1998 y la visita más reciente de uno de sus parientes fue en el 2013, y siempre la encontraron sin dificultad. Esta se encuentra ubicada en la Calle C, al lado derecho de la Avenida Principal del Cementerio, en la primera fila paralela a la calle principal.
“Cuando se iba al registro y se preguntaba por la tumba de Jacinto Pedroso siempre les daban direcciones”, especificó Valdés-Fauli, informando que en este panteón solo yacía su abuelo, fallecido a los 72 años.

Jacinto Pedroso (1883-1955) descendía de una familia de prominentes banqueros que se estableció en Cuba a finales de los 1500. En 1913 fundó Pedroso y Cía, casa bancaria y de fomento y explotación de cualquier ramo de la producción de azúcar. Esta evolucionó hasta convertirse en el Banco Pedroso. Jacinto, por su parte, fue presidente de la Asociación de Bancos de Cuba y fungió además como líder del Havana Yacht Club, que reunía a la alta sociedad habanera, desde 1928 a 1930.
“Nos quitaron todo y ahora nos van a quitar a los muertos también”, expresó Valdés-Fauli, indignado por la respuesta de la funcionaria cubana que contactó para indagar por qué habían vendido una tumba de la que era dueña la familia Pedroso.
“El lunes 25 de mayo me reuní con Maricela de las Nieves Ramos Díaz, directora del Registro Nacional de Bienes Culturales”, informó Valdés-Fauli en un email enviado a la redacción de el Nuevo Herald. 
“Me informó que la propiedad de la tumba fue adquirida en el 1993 mediante sentencia del tribunal en proceso”, añadió, contando que la funcionaria lo recibió en su oficina y le dijo que la nueva dueña la había comprado a una persona que a su vez la adquirió en 1993, de la que no se dijo el nombre.
“¿Qué ha pasado desde el 1993? A todo el mundo le han dicho que la tumba de Jacinto Pedroso estaba ahí y ahora dicen que está vendida. Creo que alguien obtuvo ese título por fraude. Los únicos que tienen derecho son los herederos de Jacinto Pedroso”, dijo Valdés-Faulí, explicando que los herederos residen en Estados Unidos.
La funcionaria cubana, a quien el Nuevo Herald trató de contactar mediante llamadas telefónicas y mensajes electrónicos, dijo a Valdés-Fauli que la compra de la tumba era legal según la figura jurídica del usucapión.
Esta ley que se halla en el Código cubano y en casi todos los del mundo, y que viene del derecho romano, estipula que “una persona puede adquirir la propiedad de otra persona, si la está usando e insisto, ‘usando’, en concepto de dueño, pacífica e ininterrumpidamente durante un plazo de tiempo”, explicó María Elena Cobas Cobiella, profesora de la Universidad de Valencia, España, en el Departamento Civil, desde 2004.
“Ese plazo, de acuerdo con el Código cubano, son cinco años”, amplió Cobas Cobiella, que fue profesora de la Universidad de La Habana desde 1983 al 1999.
La jurista también explicó que si el propietario del panteón ha estado acudiendo, limpiando, poniendo flores, el Cementerio de Colón no podría haberlo vendido, porque sabía que hay un dueño. Cobas Cobiella también señaló que el Cementerio de Colón es patrimonio cultural y de la humanidad. “No sé cómo lo han podido hacer, porque para ello se necesitan autorizaciones”, precisó.
Por su parte, Valdés-Fauli informó que su familia va a estudiar todas las alternativas en cuanto a recursos legales. En una carta dirigida a Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, dice: “Numerosos miembros de la familia han ido a presentar sus respetos a nuestro abuelo a través de los últimos 17 años y es ahora que nos enteramos de esto por la profanacion de dicha tumba”.




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