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Agentes de la CIA, militantes del Partido


Recientemente el general Raúl Castro advirtió que para que la actual Sección de Intereses Norteamericana pueda ser sustituida por una embajada con todas las de la ley, los diplomáticos norteamericanos deben aceptar ciertas limitaciones, entre ellas, dejar de apoyar a los periodistas independientes.

Luego que el canciller Bruno Rodríguez tuviera que soplarle el calificativo de “independiente” cuando preguntó cómo es que los llamaban, porque parece que a él se le había olvidado, el general-presidente exigió la suspensión de las vídeo conferencias y los cursos para periodistas independientes que desde hace unos años se imparten en la SINA.

Que el general-presidente enrede aun más la madeja de la normalización de las relaciones entre los dos gobiernos con el tema de los periodistas independientes demuestra cuán irritante para su régimen es la mera existencia de estos comunicadores al margen del control estatal.

En las dictaduras no hay libertad de información. De eso se trata. Allá los que crean –o quieran creerse, porque les conviene a su bolsillo o porque les gusta hacer de alcahuetas ambidiestros- el cuento de que el régimen castrista, por unos cuantos retoques que se haya permitido, los estrechones de manos de Raúl Castro con Obama, las promesas de volver a la iglesia hechas al Papa Francisco y las señitas a los inversionistas extranjeros, esté en vías de dejar de ser la dictadura que ha sido desde 1959.

De guiarse por las quejas del general-presidente, se pudiera creer que la existencia de los periodistas independientes que tanto lo incordian se debe a los cursos que brinda la Sección de Intereses Norteamericana en La Habana. Pero no es así. El periodismo independiente surgió hace más de 20 años, muchos años antes de que se crearan esos cursos, cuando ni siquiera existían las video-conferencias, o a Cuba no habían llegado las nuevas acerca de ellas.

Los primeros periodistas independientes demoraron años –en mi caso, más de ocho- antes de poner un pie en la sede diplomática norteamericana. Fue para tener el acceso a Internet que el régimen nos negaba que hubo que recurrir a las salas de navegación que generosamente brindan sus servicios en la SINA, no solo a periodistas independientes y opositores, sino a todos los cubanos que allí acuden.
No obstante, el régimen se vale del apoyo que da la SINA a nuestra labor para acusarnos, como a todos los que disienten, de “mercenarios” y “asalariados del gobierno norteamericano”.
Recuerdo que hace ocho años, en el periódico Granma se llegó a hablar de “la conversión en periodistas independientes de agentes de inteligencia reclutados por la Sección de Intereses de Washington en La Habana”.

De aceptar esa tesis, parece que el reclutamiento fue de un modo tan sutil que no supimos exactamente en qué momento ocurrió y quién se encargó de ello. El curso intensivo en materias de espionaje debimos haberlo recibido bajo los efectos de la hipnosis. Desde entonces, analfabetos como somos, no hemos tenido que preocuparnos por escribir, nos hemos limitado a poner nuestro nombre -el mismo con que firmamos las “mesadas” de miles de dólares-, porque de redactar nuestros artículos se encarga algún funcionario consular norteamericano, un oficial de la CIA o el hada Campanilla.
¡Quién hubiera dicho que fueron los yanquis, no la dictadura, quienes nos condujeron al periodismo independiente! Supongo que los reclutadores, cuando nos expulsaron por “problemas ideológicos” de algún taller literario, de la universidad que es solo para los revolucionarios, y de nuestros centros laborales donde éramos no confiables, usarían otra identidad y ocultarían su acento anglófono. Tal vez hasta portaban un carnet del Partido Comunista, o peor aún, del Departamento de Seguridad del Estado. ¡Hábiles que son los yanquis con los disfraces!

Fuente: http://elveraz.com    Escrito por Luis Cino
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