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Se enfría el optimismo entre los jóvenes cubanos


Primero apareció Fidel Castro. El anciano barbudo habló mediante una nota elíptica sembrando el temor sobre el futuro de las relaciones entre dos enemigos de la Guerra Fría. 
Una carta para enfriar el optimismo entre los más jóvenes. El viejo exguerrillero, pendenciero como siempre, puso palos en la rueda y apaciguó el ambiente de fiesta en una porción de la población de la isla, que creyó en el fin del añejo diferendo entre Cuba y Estados Unidos.
La esquela no había que descifrarla en claves. Era un aviso para navegantes: los yanquis siguen al acecho en la acera de enfrente. Ahora con otros métodos.
La manida teoría de la fruta madura. Los gringos nos quieren tupir con McDonald´s, banda ancha de internet y teléfonos inteligentes. El caballo de Troya está vez no es un misil, es una computadora.
Entonces, a la trinchera. De los ‘bárbaros del Norte’, a tomar su dinero, aprovechar su tecnología y hacer negocios, pero sólo con el Estado. Ya Castro I dio la voz de alerta.
No se sabe -tal vez en el futuro se sepa-, si fue una ofensiva mediática concertada o el añejo comandante va por su cuenta. Lo cierto es que su hermano Raúl se puso los guantes de boxeo en una Cumbre en Costa Rica y lanzó también su oferta.
Las demandas llenaron la cesta. Algunas utópicas o sobregiradas. Probablemente Castro II venga de farol. Pero la jugada está cantada. La estrategia es conocer el límite y la paciencia del presidente Barack Obama.

Juego precario

La ansiedad de la Casa Blanca por llegar a la Cumbre de las Américas de Panamá, en el mes de abril, con unas negociaciones avanzadas, embajadas establecidas y un diálogo fluido que apartara el lastre cubano en sus relaciones con el continente, es la mejor baza de los hermanos Castro.
El campo de juego es precario. Venezuela hace agua y las arcas públicas en Cuba están en números rojos. A favor de los autócratas que visten de verde olivo, el control social y político de una nación anestesiada.
Pero están jugando al límite. Pese a ser octogenarios, a los Castro les sobra el tiempo que no tiene Obama. Casi dos meses después del sorprendente giro diplomático del 17-D, las autoridades cubanas han decidido enfriar el optimismo entre los cubanos de café sin leche.
La propaganda partidista trabaja a destajo. Los diarios y editoriales del régimen nos dicen que todavía el enemigo está vivo. Negociar con los Castro es un ejercicio de pura abstracción. Siempre juegan con cartas marcadas. Pretensiones desmedidas. Exigen mucho y ofrecen poco. O nada. Pero esta vez han errado. Los tiempos son otros.

We love USA

La gente está cansada de tanto embrollo. Del embargo, del sistema que no funciona y del discurso del miedo. Ya esa narrativa no cala. Cuando usted pregunta a un cubano de 18 a 30 años cuál es su primer destino para emigrar, mayoritariamente responden Estados Unidos.
La política de los Castro ha sido un boomerang. Nunca antes en Cuba tantas personas han idolatrado la cultura, el consumismo y el modo de vida estadounidense como ahora.
Se banaliza esa sociedad. Por falta de información, o simplemente por sospechar que los del régimen mienten, adolescentes, jóvenes y no pocos adultos creen que los dólares en Estados Unidos caen del cielo en paracaídas.
Los trabajadores privados consideran que pedir microcréditos a un banco de Nueva York es tan simple como tomarse una limonada en Pinar del Río o Cienfuegos. Después del 17-D, muchos cubanos hicieron suya la ciencia ficción política.
Los hermanos Castro no han trazado una estrategia para que un vendedor de frituras o un campesino privado puedan acceder a microcréditos en Estados Unidos.
Obama también ha vendido humo. Tras 18 meses de negociaciones secretas y por información clasificada de sus servicios especiales, la Casa Blanca debió prever que, como hasta ahora siempre ha ocurrido, el régimen cubano se defendería atacando.
La filosofía de supervivencia es la favorita de los hermanos de Birán. Obama gana desde la perspectiva del cubano de a pie. En las calles de La Habana, a los dos se les culpa de ralentizar las negociaciones.
Pero a los Castro sólo le interesa mantener el poder y controlar cada paso diplomático futuro. La hoja de ruta del presidente Obama era una pala para cavar su propia tumba. Y tontos no son. Entonces han tirado del freno de mano.

Fuente: http://elveraz.com                 Escrito por Por Iván García
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