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EMPODERAR: la palabra de orden

El término EMPODERAR lo he estado oyendo o leyendo en boca de algunos cubanos durante demasiado tiempo para que las alarmas se me hubieran encendido mucho antes. Pero en la audiencia del pasado 3 de enero del Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado para Asuntos del Hemisferio Occidental en el Congreso norteamericano la oí tanto, tanto, que la palabreja se me hizo sospechosa.
Dice la Real Academia de la Lengua Española que EMPODERAR significa «hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido», o sea que es la definición más adecuada y conveniente para que la utilicen —hasta el cansancio— como excusa aquellos que andan en la búsqueda de un entendimiento con la dictadura cubana.
Recuerdo que hace casi cinco años, un grupo de 74 cubanos residentes en la Isla —que a título personal y como miembros de la sociedad civil— le enviaron una carta a los miembros del Congreso de los Estados Unidos (EU) y a los del Comité de Agricultura de la Cámara de Representantes.
En la carta, fechada el 30 de mayo de 2010, firmaban entre otros Yoani Sánchez, Guillermo Fariñas, Elizardo Sánchez Santa Cruz y Dagoberto Valdés y solicitaban «el levantamiento de las restricciones a los viajes de los ciudadanos estadounidenses y a las exportaciones de productos agrícolas a la Isla», en un evidente acuerdo con algunos personeros, radicados en EU, que maniobraban para influir así en la discusión de un proyecto de ley que por esas fechas dos congresistas estaban proponiendo.
En la carta, los firmantes alegaban que «el aislamiento del pueblo de Cuba beneficia a los intereses más inmovilistas del gobierno, mientras que la apertura sirve para informar y empoderar a los cubanos y ayudar a un mayor fortalecimiento de nuestra sociedad civil». He ahí la palabreja: «empoderar a los cubanos».
Cuando leí la carta supe de inmediato que era Dagoberto Valdés el autor de la misiva, porque era él a la única persona que desde Cuba le había oído pronunciar la expresión EMPODERAR (y llevo más de 20 años entrevistando cubanos de intramuros). Inclusive lo comenté con una amiga común y ella me lo confirmó.
A partir de esa fecha fue la palabra preferida de todos los agoreros del dialogo y la negociación sin condiciones. Por ejemplo: Carlos Saladrigas la utiliza constantemente sobre todo cuando quiere vender su proyecto de los préstamos de 30 mil dólares a los cuantapropistas del general Raúl Castro.
Los firmantes aclaraban estar conscientes de que el dinero derivado del turismo de los norteamericanos podría ayudar a la dictadura a reprimir más, pero se ponen el parche con oportuno tema de la «libertad de movimientos» y alegaron que «nunca se debe coartar el derecho a viajar libremente».
No sé cuántas veces debo explicar que ese invocado aislamiento «por culpa de los EU» es una falacia. Constantemente pregonan que los cubanos están «aislados» porque los norteamericanos no viajan a la Isla o porque el embargo o porque no hay relaciones o porque no le venden o porque no le dan créditos, etc., etc. Esa visión, en el mejor de los casos, es una muy lacaya manera de mirar hacia los Estados Unidos y su relación con Cuba.
Siempre subrayo que el régimen castrista tiene relaciones con casi todos los países del mundo. A Cuba viajan más de dos millones de turistas cada año y la dictadura comercia con muchas naciones. Pero sucede que el régimen penaliza a los nacionales que tengan relaciones no autorizadas con extranjeros, aunque de un tiempo a esta parte han abierto un poco la mano en ese renglón al comprobar que el contacto de «algunos» cubanos con extranjeros les produce divisas y como un ejemplo vemos que atraído por las jineteras y jeneteros hoy existe en Cuba un próspero y lucrativo negocio de turismo sexual.
Tras la desaparición de la Unión Soviética y el posterior «Periodo Espacial» el régimen tuvo que abrir la Isla al turismo internacional. Llevan más de dos décadas recibiendo viajeros de todo el mundo, principalmente desde Canadá, España, Inglaterra y América Latina. Inclusive unos 98 mil ciudadanos estadounidenses viajaron a Cuba en el año 2012 sin contar los más de 350 mil emigrantes cubanos —residentes en los EU—, que llegaron a la isla ese año.
¿Alguien me puede explicar donde está el aislamiento? ¿Por qué tiene que ser Estados Unidos el único país que rompa la incomunicación en que viven los cubanos? Es la dictadura la que no permite el acceso de los cubanos a la Internet, es la dictadura la que pone las trabas para que al país no entre la información.
La mejor prueba que tenemos de esta censura informativa fue la condena a 15 años de prisión al norteamericano Alan Gross. El mismo Gross que Obama cambio por los espías. El mismo que Raúl Castro envió todo depauperado y hasta sin dientes, mientras Obama le devolvió a sus tres espías, muy saludables y fornidos, incluido el asesino-inseminador.
Durante la audiencia del 3 de enero, presidida por Marco Rubio, senador republicano por Florida y presidente en el nuevo Congreso del Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado para Asuntos del Hemisferio Occidental, audiencia que titularon «Entendiendo el impacto de los cambios en la política para los Derechos Humanos y la democracia en Cuba», la palabra empoderar y empoderamiento se escuchó una y otra vez. Fue cuando hice el empaté con el hilo conductor.
Aunque el senador Marco Rubio dijo habían sido citados también a testificar Ricardo Zúñiga y Benjamin Rhodes, los dos altos funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca que sostuvieron durante año y medio las conversaciones secretas con funcionarios cubanos en Canadá y El Vaticano que resultaron en el acuerdo de restablecimiento de relaciones anunciado el pasado 17 de diciembre, nunca aparecieron.
En cambio sí testificaron los secretarios de Estado Adjuntos para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, y para la Democracia, los Derechos Humanos y Asuntos Laborales, Tomasz Malinowski. Y algo inconcebible fue el hecho que Roberta Jacobson tan cándidamente le confesara al los senadores que ella se enteró de todo el pasado mes de octubre.
Las negociación la iniciaron en junio de 2013 (18 meses) y la subsecretaria de Estados solo se enteró dos meses antes del anuncio. Inconcebible. Como inconcebible también es el hecho que ni siquiera el senador demócrata Bob Menéndez fue informado y menos consultado. Y con toda razón tenemos que preguntarnos ¿por qué tanto secretismo? ¿qué se está cocinando en el caldero de Obama?
Todo esto se ha estado tramando desde hace muchos años y muchos son los cómplices.
Miriam Leyva al testificar ante el Congreso de los EU pidió además que levanten el embargo. Muy lamentable, pero ella es consecuente con su ideología.
Carlos Saladrigas se encargó de que allí también estuvieran sus allegados, porque de la mano de este «vendedor de promesas» caminan algunos disidentes que llevan ya demasiado tiempo jugando a las escondidas, defendiendo el fallido proyecto del socialismo que una vez abrazaron y después abandonaron, pero que aún aman.
Escrito por Nancy Pérez-Crespo
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