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Cristina Kirchner un calco de Fidel Castro

En la edición del pasado 5 de febrero, la famosa revista The New Yorker dedicó un crítico artículo a la presidenta de Argentina. La nota lleva el cáustico título de «Las desventuras de Cristina Kirchner en China» y la firma el periodista Evan Osnos.
Osnos detalla los pasos de la presidenta en su visita a Beijing. Cita, traduce y explica con acidez el famoso tuit donde Cristina Kirchner imita la dicción oriental en idioma español: «Más de 1.000 asistentes al evento… ¿Serán todos de la ‘Cámpola’ y vinieron sólo por el aloz y el petlolio?».
Las conclusiones del periodista son demoledoras: «Quizá Kirchner haya salido de gira con su [conocida] actuación [o melodrama]. En un mundo post-Qaddafi, en el que ya ningún jefe de estado viaja con su carpa y pide un lugar donde clavarla, es posible que Kirchner coquetee ahora con un nuevo estándar para convertirse en la VIP más incómoda».
«La presidenta marcó un nuevo récord en eficiencia ofensiva racial: insultó a un quinto de la humanidad en menos de 140 caracteres», subraya el periodista de New Yorker, quien también recuerda que la mano derecha y confidente de la Cristina, Carlos Zannini, es —casualmente—conocido como «El chino» por su filiación juvenil con el maoísmo, en los años 70. En uno de los blogs del periódico The New York Times, un usuario chino comentó: «Esto plasma el coeficiente intelectual de un presidente».
Para Osnos se trata de una nueva «rareza» de la Presidenta y cita al reconocido periodista Jon Lee Anderson, quien escribió que Cristina ha protagonizado una larga saga política «que es una mezcla de tragedia griega y ópera bufa». Osnos remarca que su comportamiento adquirió un nuevo significado global a partir de la misteriosa muerte del fiscal Nisman: «adscribió primero, y luego renunció, a la idea de que se había suicidado».
Además, nos trae al presente un cable del Departamento de Estado publicado en 2010 en el que se contaba que diplomáticos de norteamericanos solicitaron información sobre la «salud mental» de la Presidenta y su uso de algunos fármacos. Ese año Cristina había bromeado acerca de que le hubiera gustado «desaparecer» a varios de sus oponentes políticos. «Trató de retractarse pero fue muy difícil en un país que aún busca soslayar su propia historia de desapariciones políticas», subraya.
En los últimos años circula un chiste que habla de «Argenzuela», como una herencia del espíritu de Hugo Chávez: «Mes a mes, con cada discurso torpe, está evolucionando por completo hacia un chavismo argentino, que antepone el poder al país y confunde teoría conspirativa con política; y ve los aspectos económicos y la diplomacia como un inconveniente»termina señalando el artículo publicado por la revista New Yorker..
Pero todo esto que llaman «rarezas» o «metidas de pata» de la presidenta Cristina no es más que una fórmula que inventó Fidel Castro hace muchos años y que sus imitadores le copian fielmente porque le dio resultado a Fidel Castro y también a la versión más rústica que fue Hugo Chávez y su heredero, Nicolás Maduro.
Cuando veo un video (https://www.youtube.com/embed/GlOlz2aPiKs?rel=0que circula por Internet que muestra a la Kirchner, disfrazada de alquimista hechicera, tratando de impulsar los beneficios para los diabéticos de una raíz andina llamada Yacón, no nos caben dudas que está imitando a su maestro, el gran impulsor de la Moringa y de un sin fin de potingues.
Porque Fidel Castro Fidel Castro, que ahora un vejete «chiflado» se pasó medio siglo dedicado a «venderle» a los cubanos cuánto invento, proyecto o innovación sus alquimistas le traían, en su afán histriónico de adormecer a las masas (como él llama al pueblo llano), para hacérteles creer que esas masas le importaban y que hasta se desvelaba y no dormía en las noches, buscando soluciones para resolver el problema del hambre y la salud del pueblo.
Más de medio siglo se pasó el charlatán en su palabrería, cuando bien hubiera podido solucionar el problema del hambre de los cubanos reponiendo la floreciente industria ganadera que existía en el país antes de su llegada al poder y que él, por torpe o mal intencionado, destruyó.  Aún hoy, todo desvencijado como está, insiste en lo mismo, porque de acuerdo a su hijo Alex sigue en «sus investigaciones con la Moringa».
Otro truco que tienen estos populistas tratando inútilmente de aparejarse con las «masas» es trabarse al pronunciar algunas palabras: Maduro dice PENES por PANES y Cristina no puede pronunciar la palabra TRIGLICERIOS.
En el caso de Nicolás Maduro es más factible la equivocación porque su grado de escolaridad es bajo y su beca cubana solo cubrió instrucciones de cómo comportarse como un grosero dictador; pero en Cristina Fernández la viuda de Néstor Kirchner, una mujer que es abogada, no es creíble el que no pueda pronunciar: triglicéridos.
Si eso fuera cierto y no una cortina de humo para lucir más pueblerina, entonces sí entendería el por qué el gran argentino Jorge Luis Borges pidió que lo enteraran tan lejos como en el cementerio de notables de Plainpalais, en Ginebra, Suiza.
Cristina Kirchner en el minuto actual en que se encuentra no solo va a recomendar el uso del yacón, la quinoa o el amaranto, mal pronunciar triglicéridos o tratar de imitar el hablar de los chinos. Hará cualquier tratando de distraer la atención del tema más crucial y engorroso de su gobierno y que es el centro de la escena en el país: el asesinato del fiscal Alberto Nisman.
Porque los argentinos exigen respuestas y quieren saber hasta qué punto su presidenta está involucrada con este alevoso, atroz y injusto asesinato.
Escrito por Nancy Pérez-Crespo
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