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Venden su casa en La Habana para vivir en Miami

Pero,  ¿cómo sacar de la Isla el dinero de la venta?

Usted puede encontrar carteles como este en todos los barrios de La Habana (Fotos internet)
LA HABANA, Cuba. — Con la reforma migratoria, miles de cubanos con pasaporte español y la Ley de Ajuste Cubano vigente, se establecieron recientemente en el exterior. Los hay que no perdieron su casa en La Habana o en el interior de la Isla. Algunos prefieren conservar su vivienda, otros la están vendiendo, para con el dinero de la venta mejorar su vida en el nuevo país de residencia.
Con las relaciones con Estados Unidos, las empresas inmobiliarias del norte, auguran un aumento de venta de propiedades en la Isla. Dicen que muchos jubilados de los fríos estados norteños, querrán comprar casa en nuestras cálidas playas, que ancianos cubanos residentes en Miami, les rendiría más su jubilación en su tierra natal. El esperado turismo masivo estadounidense completaría el potencial mercado para las ventas de casas en Cuba.
El mercado inmobiliario cubano se refleja en gran medida en Revolico.com, aunque muchos comentan que la información que allí encuentran no es precisa, que los datos reales se conocen al llegar a la vivienda. Para nadie es un secreto que los cubanos no pueden comprar una casa con sus salarios, que apenas les alcanzan para cubrir sus necesidades básicas. No obstante, algunos ancianos aspiran a vender sus viviendas para comprar otras más pequeñas y quedarse con algún dinero. También algunos hijos, cuando los padres viven solos, los llevan a vivir con ellos con la esperanza de vender sus casas y así darles algún bienestar o aliviar su situación económica por un tiempo.
Sin embargo, son más los que aspiran a vender que los que logran hacerlo, pues la mayoría cuenta con el dinero de su propia venta para comprar. Esto crea un círculo vicioso en el que nadie puede comprar aún, porque no han vendido. Algunos pocos, no obstante, han podido conseguir el dinero a través de un familiar que viva fuera de la isla, o del matrimonio con extranjeros. Los menos –como artistas o deportistas- producto de su trabajo o de sus viajes.
Agente de venta de casas en La Habana, en su “oficina” de El Malecón
Los más, son quienes planean vender su casa para iniciar una nueva vida en otro país. Pero si lo logran, luego se enfrentan al problema de cómo poder sacar todo su dinero (por ejemplo, a través de alguien de confianza en el exterior), porque legalmente, por el aeropuerto, el régimen no permite sacar más de 5000 dólares, o su equivalente en otras monedas.
Y no todos venden la casa que fabricaron, o que heredaron de sus padres o abuelos. Los hay que venden “su casa” que fue confiscada a sus verdaderos dueños y que les dieron por servicios prestados al régimen.
Hace unos días vino a visitarme María Cecilia. Me contó que las personas que viven en la casa que construyeron sus abuelos estaban vendiéndola y liquidando los muebles y demás artículos del hogar para irse del país, y que algunos de estos, como el juego de cuarto y el de comedor, pertenecían a su familia.
Su rostro reflejaba dolor, ira, frustración, al ver cómo su patrimonio era exprimido por individuos que no tenían ni la más mínima idea de cuánto su familia se había esforzado y sacrificado para levantar la casa, y años más tarde –cuando los dos hijos se casaron– sendos apartamentos de dos cuartos en los altos, para que toda la familia estuviera cerca.
Casas de dos plantas en el Vedado o Miramar, casitas como esta en un barrio de los alrededores de la capital de los cubanos
Aquella gente había ido a parar allí en 1963, cuando el mayor de sus tíos emigró hacia Panamá con su familia tras una buena propuesta de trabajo, por lo que el apartamento que este ocupaba fue confiscado con todo lo que había dentro. “Se fueron con lo puesto. Fue un abuso. Y como el presidente del comité era un extremista comecandela, no pudimos rescatar nada, porque todo se lo llevaron para ‘Recuperación de Valores’”, me comenta mi amiga. “De aquel golpe mi abuelo nunca se recuperó. Y para más desgracia, en el apartamento que había sido de mi tío se metió una familia como de diez personas sin normas de convivencia y con pésima educación. Enseguida empezaron las tupiciones, las filtraciones, la tiradera de agua y la rodadera de muebles. La casa de mis abuelos se volvió un infierno”.
Cuando el abuelo falleció, el tío inició los trámites para llevarse a la abuela. Pero antes, para que la casa no se perdiera, pusieron a Mª Cecilia en el registro de direcciones y en la libreta. Pero en 1979, ella se casó y se fue a vivir a Artemisa, y aunque no se cambió de núcleo en la libreta, el de vigilancia del CDR le exigió registrarse en la nueva dirección.
“En 1980 mi tío vino a buscar a abuela”, continúa Mª Cecilia. “Eran días muy difíciles. Los del gobierno me dieron baja de la libreta sin más ni más, porque según el presidente del CDR había que dejar la casa vacía, y yo ya no aparecía en esa dirección”.
Hoy, aparentemente, la situación no es la misma. Los cubanos pueden en teoría comprar y vender sus viviendas. El 10 de noviembre de 2011 entró en vigor el decreto ley 288. Después de más de medio siglo, la dictadura legalizó lo que de una forma u otra el pueblo hacía por la izquierda mediante una serie de triquiñuelas.
Usted puede caminar La Habana, y ver carteles de “se vende” en  muchos balcones.
Fuente:http://www.cubanet.org
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