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Un funesto regalo de cumpleaños

Los 28 de enero los cubanos celebramos el cumpleaños de José Martí. Allí, en el humilde hogar del matrimonio español Mariano Martí y Leonor Pérez, nació José Julián Martí Pérez en la calle Paula n.º 41 en La Habana.
Quien fue y qué hizo durante los 42 años que vivió es del conocimiento de casi todos los cubanos. Pero este año, en el 162 aniversario de su nacimiento, acabo de leer un entrevista —que publica un sitio de Internet en Madrid— con Francisco Morán (La Habana, 1952) autor del libro Martí, la justicia infinita (Editorial Verbum, 2014).
No voy a reseñar el libro porque no lo he leído ni pienso hacerlo, pero sí hablaré de la entrevista que en el mejor de los casos solo trata de encontrar sombras en la vida de un hombre, que fue eso UN HOMBRE, que vivió con más virtudes y que defectos, pero que por encima de todo fue un patriota que supo cumplir con el momento que la historia demandaba.
Pero para hacernos una idea del talante de la entrevista es mejor transcribir algunos comentarios de lectores:
«Este estudio aplica a Martí la corrección política del presente y le exige que sea, no un liberal del siglo XIX sino un multiculturalista del siglo XXI. (…) Lo que descubren es que Martí era, sencillamente, un hombre de su tiempo, pero de paso le hacen un juicio por racismo y prejuicios antiemigrantes, es decir, lo condenan por no ser un contemporáneo del académico de turno».
«El autor se esfuerza en hacernos creer que en Cuba se ve a Marti como a Dios, impoluto, sin manchas, perfecto, (…) los cubanos sabemos que Marti no era perfecto, era un hombre con muchas virtudes y defectos, como cualquier otro, solo que logró más que muchos»
«Dos contradicciones o pifias de Morán (…) que nos convencen de que Martí fue mucho más complejo a como nos lo quieren presentar unos y otros: 1. Martí no sólo propuso ’regular’ la inmigración y colonización de europeos en las repúblicas latinoamericanas, sino que alentó esa inmigración (…) 2. También en Estados Unidos Martí escribió varias veces a favor de la inmigración. Por ejemplo, en una crónica para La Opinión Nacional de Caracas se opone a que la Ciudad de Nueva York le cobre a los inmigrantes pobres europeos un impuesto para cubrir los gastos de los primeros meses de su instalación. (…) Estas son sólo dos muestras, pero habría muchísimas más, sustentadas con citas, donde la tesis de Morán puede ser matizada o refutada con el demostrable apoyo de Martí a los ‘pobres de la tierra’ y a los inmigrantes».
«Uno de los estragos más tremendos que han ocurrido con la decapitación de la libertad que provocó el fatídico 59 Revolucionario es, precisamente, la falta de estudios históricos en Cuba. (…) No solo fue con la historia. La falta de libertad impidió por mucho tiempo que la música cubana fuera defendida en los escenarios más importantes del mundo. (…) La literatura se paralizó (…) La décima cubana (…) dejó de poseer la exquisitez gramatical y ortográfica gracias a la chapucería que se generó».
«Tendrá que morir el anti-Cristo, y también el anti-Marti, que es casi lo mismo, para que Cuba pueda volver a la normalidad (…), y sane de la locura colectiva que se ha impuesto en la tierra de Martí y de todos nosotros, casi todos martianos».
«Martí más que habló, obró».
«Este libro no debió llamarse Martí, la justicia infinita, sino ‘Morán, la conjetura infinita’».
Hasta aquí los comentarios. Pero es cierto que en los últimos tiempos a los historiadorescubanos —y algunos no tan historiadores—, les ha picado del jején de eliminar la aureola mítica de figuras veneradas por el pueblo y eso, tiene un valor, porque después de 56 años de la más nefasta manipulación de la historia de Cuba es muy saludable colocar a cada quien en su justo lugar.
Pero, lo no se justifica es que para tratar de bajar de los altares a un héroe como José Martí, muestren solo sus supuestas oscuridades sin el brillo que lo acompaña siempre. Eso no es legal. Peor aún, en momentos como los que estamos viviendo los cubanos, eso es un crimen.
Borrar al héroe o vapulearle, desprestigiar al hombre, ensañarse en su contra de la forma y manera en que lo presenta Francisco Morán en esta entrevista es hacerle un homenaje al peor cubano que haya nacido en la Isla: el dictador Fidel Castro (FC).
Ese tirano que lleva más de 60 años tratando de competir con la presencia constante del hombre que llevó a Cuba «la guerra justa y necesaria». Presencia importuna para sus planes que al final, a pesar de sus esfuerzos,  no pudo borrarla de las mentes y las vidas de la inmensa mayoría de los cubanos aún después de casi 120 años de su muerte, por cumplirse este próximo 19 de mayo.
Porque tendríamos que valorar qué aporta esta descarnada y sujetiva degradación de la imagen de Martí a la actual situación que enfrentamos los cubanos tanto dentro de Cuba como en el destierro.
Qué razón hay para tratar de destruir al ídolo, al héro de un país que un déspota ha sumido en la miseria y el desamparo. Un pueblo vencido por el agotamiento en que lo ha dejado una férrea tiranía de corte marxista que lleva 56 años en el poder.
Solo cabe pensar que a la única que beneficia esta desmitificación del Apostal de la libertad de Cuba es a la imagen de FC, que acabado, a unos pasos de la muerte, entendió, en medio de su megalomanía, que ya no tenía tiempo para disputar el cimero lugar que tiene Martí en el alma nacional y expirando, casi sin aliento, en susurros, ha exigido la destrucción de la imagen, de la obra y el legado del héroe de Dos Ríos.
Escrito por Nancy Pérez-Crespo
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