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'¿Qué volá con el águila?'

La Oficina de Intereses de EEUU conserva la cabeza del águila del monumento al Maine, el Estado cubano tiene el cuerpo y el pedestal está a la espera.
'¿Qué volá con el águila?'
Apenas son las diez de la mañana cuando, a la sombra del monumento al USS Maine, un pordiosero dormita, una pareja conversa y dos jardineros retocan los céspedes. "El Maine" a secas, como le llamamos los habaneros, ya no es el otrora pedazo de litoral capitalino, abandonado y colmado de herrumbre, óxido, basura, orines y excrementos. 
Se advierte cómo los cañones fueron protegidos con pintura antioxidante. Las cadenas dispuestas conforme al diseño. Los mármoles recobraron el matiz gracias a los restauradores. Los pintores aplicaron un aparejo a la fontana. Los albañiles subsanaron las aéreas aledañas y los jardineros demarcaron los contornos de los parterres. Aunque las chapuzas brotan a golpe de vista, quedan pequeños detalles como una buena limpieza. 
"¡Puro, ¿qué volá con el águila?!", preguntó un desconocido que hacia footing a lo largo del Malecón y vio a este reportero fisgoneando el monumento. Ya había terminado su hora de entrenamiento y quizás consideró que entablar un dialogo le vendría de perillas para relajarse. Respondí subiendo y bajando hombros a modo de "no sé".
El interlocutor, que aparentaba tener unos 25 años de edad y practicar el culturismo, quedó en silencio. Al parecer estaba interesado en el tema. Entonces señalé hacia la cúspide del monumento, donde aún se conservan los muñones del águila, para rememorar que en el año 1963 bajo el hostigamiento norteamericano y el apadrinamiento de la URSS, un grupo de cubanos irrumpieron en las áreas del monumento al USS Maine y, auxiliados con una grúa y un ariete, echaron abajo el símbolo patrio de EEUU. 
Como era de esperar, la acción vandálica fue apoyada por la izquierda internacional y el célebre Pablo Picasso ofreció su talento para moldear una paloma de la paz que llenaría el vacío. Pero el proyecto quedó inconcluso tras la muerte del artista.
Le expliqué que, según un artículo del doctor Eusebio Leal publicado en la revista Opus Habana, el monumento profanado fue erigido en el contexto republicano y en él participaron un español, un norteamericano y varios artistas cubanos. 
El discurso lírico muestra dos columnas que representan la soberanía y los idénticos derechos de los Estados. Una proa orientada hacia el norte revelaba que EEUU no albergaba ninguna voluntad de dominación ni pretendía ejercerla sobre suelo cubano.  Aclaré además que la Enmienda Platt contradijo el precepto.
El águila posada en la cornisa estaba dispuesta a emprender vuelo hacia la tierra norteamericana. El basamento de granito significaba la solidez indestructible de las relaciones fundadas en la historia, y el dolor de la madre patria americana que sostiene a sus hijos destrozados por la explosión del acorazado Maine, como expresión de contribución a la independencia de Cuba.
De igual forma apunté que existen otros monumentos dedicados al Maine en el Cementerio Nacional de Arlington, Washington DC, Portland y Nueva York.
El objetivo de la reanimación del "olvidado Maine", probablemente responda al próximo arribo a la Isla de la señorita Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, quien viene con la encomienda de implementar la logística del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU. Y no se descarta que visite los monumentos dedicados al héroe nacional José Martí y al USS Maine, con el fin de depositar ofrendas florales.
Sin embargo, pocos conocen que en el interior de la USINT,  la futura embajada norteamericana —distante a solo 300 metros del citado monumento—, hay un salón llamado Eagle Bar, donde la cabeza del águila decapitada pende custodiada por las banderas de EEUU y del Departamento de Estado, entretanto, una inscripción convoca al régimen cubano a juntar y devolver las partes del águila en su poder, como un gesto de amistad hacia el pueblo norteamericano.
Amén de los acuerdos Obama-Castro que acapararon más de 18 meses de conversaciones ultrasecretas —no detectadas "milagrosamente" por el espionaje del hacker Julián Assange y el sitio Wikileaks—, la devolución del águila a su pedestal evidenciaría que la diplomacia norteamericana fue capaz de desarmar las pasiones desatadas durante el enfrentamiento ideológico entre ambas naciones. De no ser así, entonces tendremos licencia para atribuir acorde a nuestras perspectivas: el trofeo al vencedor y la indiferencia al vencido.
La explosión del USS Maine, acontecida el 15 de febrero de 1898, donde 266 marinos norteamericanos perdieron la vida, inició el conflicto que más tarde desembocaría en la Guerra Hispano-cubana-norteamericana. EEUU logró en tan solo 110 días de contienda lo que el ejército libertador no consiguió durante 30 años de lucha. 
Próximo a cumplirse 117 años de la explosión del USS Maine, el Gobierno norteamericano se apresta a revolucionar con un cambio de política lo que tampoco fue conseguido en 56 años, por cinco generaciones de disidentes cubanos. 
Muchos piensan que la política de acercamiento echará por tierra la perenne justificación de la dictadura y abundan los partidarios de que la ayuda económica podría causarle fuertes dolores de parto al castrismo. Las carretadas de dólares propiciarían acontecimientos interesantes en un pueblo acostumbrado a la economía de subsistencia, plantean algunas hipótesis.
A veces las democracias tienen que arriesgarse —admití—, pero estimo que el cambio de política hacia Cuba está muy lejos de ser la cura para la impopularidad que agobia a los EEUU. Igualmente intuyo que la dictadura no debe ser subestimada y los cubanos debemos ser los protagonistas de nuestro destino, aunque el temor al régimen forme parte del ADN nacional.
Antes de marcharse supuestamente al gimnasio, mi interlocutor —a todas luces, víctima de la desinformación— rompió el silencio para alegar: "Puro, después de lo escuchado y a mi manera de entender, creo que la solución de Cuba llegará cuando el águila regrese al Maine, y las tiñosas hagan círculos sobre Punto Cero… ¿Te la llevaste?… ¡Adiós y gracias por la muela!"
Volteé la mirada hacia el monumento y el pordiosero seguía dormido, la pareja continuaba conversando y los jardineros retocaban los céspedes.
Fuente: http://www.diariodecuba.com    Escrito por Pablo Méndez Piña

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