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Más de lo mismo y sin embargo

A pocas horas de dar inicio a las conversaciones de la delegación que el presidente envió a La Habana para restablecer de relaciones con Cuba, Obama cometió una imprudencia al descubrir las verdaderas intenciones que hay detrás de todo este embrollo que hasta el momento, solo ha beneficiado a este país con la liberación de un pobre señor que se llama Alan Gross.
La imprudencia: Aunque algunos despistados dicen que el presidente en su discurso del estado de la nación «hizo historia», lo que en realidad logró fue desenmascarar todo el plan que llevan urdiendo los peores intereses financieros y económicos para hacerse de la Isla de Cuba y por supuesto, con la complicidad, complacencia y beneficio de la dictadura castrista y sus cómplices y herederos.
Obama pronunció esta frase lapidaria: «Y este año, el Congreso debería comenzar la tarea de poner fin al embargo». Con este enunciado lo destapó todo.
A un lado dejó sus palabras del día 17 de diciembre cuando anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la cruenta dictadura de Raúl Castro, ignorando de hecho los valores en que supuestamente se sustenta esta gran nación. También nos embarajó con el tema de los viajes, los intercambios culturales y el resto de la fanfarria que dijo va a implementar.
Mintió, todo fue paisaje, verborrea, cortina de humo. Su verdadero objetivo era ese: levantar las sanciones económicas, eso que él llamó en el hemiciclo del Congreso: «embargo» y que para mi sorpresa, no calificó de «bloqueo», como lo vociferan sus ahora camaradas los tramposos hermanos Castro y su pandilla.
Aunque la referencia a Cuba fue breve dentro de su discurso extenso, que ni voy a analizar ahora pero que a simple vista fue mucho más de lo mismo, y dedicado, mayormente a tratar de darle brillo a su gestión y su maltrecho legado.
En esta ocasión la diferencia lo hizo la escueta mención a su fracasado plan de salud conocido como Obama Care y la parte que dedicó a su nueva (no sé, es posible que vieja) amistad con la Cuba comunista, patrocinadora del terrorismo y aliada y defensora de los Yihadistas.
Patético resultó el momento cuando presentó al invitado especial de su esposa, el contratista Alan Gross, con un aspecto deplorable, sin dientes, gastado y macilento tras cinco años como un rehén en una cárcel cubana. Detalle que, lamentablemente, el presidente no mencionó a pesar de que antes había dedicado gran parte de su alocución a dar los pormenores más íntimos de una familia que le había enviado una carta contándole cómo había superado las dificultades de la crisis económica y Obama hasta mencionó los nombres de los dos hijos de la joven pareja.
Pero en el caso de Alan Gross no solo dejó en el tintero que fue un rehén de la dictadura cubana y lo injusto de su encarcelamiento, tampoco mencionó que fue cambiado por tres espías, entre ellos uno con dos condenas de cadena perpetua por el asesinato de tres norteamericanos y un residente. Sí, ese despreciable sujeto que catalogo como «el asesino inseminador» porque para escarnio y pagado por los contribuyentes, los departamentos de justicia y de estado fueron utilizados para trasportar hasta La Habana el semen del espía que se encontraba en una cárcel federal en California, para que su mujer quedara embarazada. Ella también es una espía fugitiva de este país.
Esa mancha, ese borrón en la historia de esta nación no la conoce el pueblo norteamericano, se la han escamoteado y que en aras de la transferencia, el presidente tenía la obligación de explicar la presencia de ese viejito escuálido y sin dientes que la dictadura cubana liberó a cambio de tres espías que llegaron a La Habana atléticos, bien alimentados y con sus dentaduras relucientes.
Cuando el presidente argumentó que «En Cuba, estamos poniendo fin a una política que debería haber terminado hace tiempo. Cuando algo que no funciona durante 50 años, es hora de probar algo nuevo», estaba falseando la verdad.
¿En qué se basa Obama para decir que esa política no ha funcionado? Lo que sucede que solo ha funcionado hasta donde las distintas administraciones (y ya son 11) han querido hacerlas funcionar y los poderes de más arriba las han dejado actuar.
Porque las provocaciones de la dictadura cubana han sido muchas y variadas. El Mariel fue una declaración de Guerra Demográfica, el derribo de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate fue otra declaración de Guerra, el espionaje, la subversión, los insultos, la injerencia y todos los desmanes que el castrismo ha desplegado contra los Estados Unidos de América nunca tuvieron la respuesta adecuada.
El complejo del gigante contra el enanito se apoderó de la mentalidad de la dirigencia norteamericana o quizás no le dieron importancia a la islita que poco a poco un psicópata fue convirtiendo primero en la plataforma del mayor y más encarnizado enemigo de ellos: la difunta Unión Soviética, y al sobrevivir el castrismo a la caída del imperio del mal no supieron lidiar con el cáncer que es hoy la Cuba de los Castro.
Ya ahora es muy tarde, porque ante la destrucción económica de Venezuela deben ir al rescate del los comunistas cubanos porque no pueden tolerar que ante la inminente catástrofe, Raúl Castro abra las costas cubana para que millones de hambrientos y desesperados cubanos arriben a las playas de la Florida en busca de refugio. También incluidos los presos comunes, criminales y ladrones, locos y tarados al igual, que en menor escala, envió Fidel Castro en 1980, durante el Éxodo del Mariel.
Ese chantaje, ese miedo, lo tiene metido el presidente Obama en sus huesos hasta el tuétano, porque además mucho tiempo han tenido los agentes del mal —que lo han rodeado— para asustarlo, para que caiga en pánico.
Pobre Obama, qué lamentable legado nos deja.
Escrito por Nancy Pérez-Crespo
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