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Una fecha marcada en nuestra historia

En la Cuba republicana el 7 de diciembre era día de duelo nacional, dedicado para honrar a los héroes de la patria que murieron en el campo de batalla. Se escogió esa fecha porque el mayor general de nuestra Guerra de Independencia, Antonio Maceo y Grajales, había caído en Punta Brava, en 1896, peleando contra la Colonia española.
También un 7 de diciembre, pero de 1990, el escritor Reinaldo Arenas Fuentes marcó ese día para quitarse la vida.
Guillermo Cabrera Infante escribió una vez que: «Decir que Reinaldo Arenas atravesó como un cometa la literatura cubana y no decir que fue un bólido salido del infierno es mentir a medias. Reynaldo (…) empezó como un revolucionario y terminó como lo que siempre fue, un rebelde con varias causas».
Y es cierto, al morir solo tenía 47 años, pero a pesar de todas dificultades y sufrimientos que tuvo que enfrentar, consiguió escribir una importante y excelente obra: Dos libros de narrativa, dos de poesía, uno de ensayo (Necesidad de libertad) y uno de teatro. Además escribió cientos de artículos periodísticos, muchos de ellos desenmascarando a la dictadura castrista. Pero su trabajo más extenso fue en el género de la novela. Fueron 12 y entre ellas, Antes que anochezca su auto-biografía novelada, publicada dos años después de su muerte.
Arenas había nacido en Aguas Claras, no lejos de Gibara el 16 de julio de 1943, en el seno de una familia campesina y fue en la ciudad de Holguín donde cursó sus primeros estudios. En 1958, se une a los rebeldes en las sierras de Gibara, en la provincia de Oriente. Pasa todo un año en la guerrilla, bajo las órdenes del comandante Eddy Zuñol. Con el triunfo de la revolución castrista en 1959, consigue una beca para estudiar Contabilidad Agrícola y comienza a ejercer en una granja avícola en las mismas faldas de la Sierra Maestra. Pro en realidad él sabía que había nacido para escribir y a eso de dedica.
Un tiempo después se traslada a La Habana, donde trabajó en la Biblioteca Nacional, en Casa de las Américas y en La Gaceta de Cuba hasta 1968. Sus primeras cuentos le merecieron algunos premios y cierta notoriedad, pero la novela Celestino antes del alba (La Habana, 1967) fue el único libro que el régimen permitió le publicaran en Cuba.
En 1968, comienza la persecución en su contra por su decidido apoyo al poeta Heberto Padilla, acusado de contrarrevolucionario después de haber ganado un premio por su poemario «Fuera de juego».
Por definitivamente existe una grave error entorno a Reinaldo. Muchas publican que él fue perseguido por su condición de homosexual. No, no solo fue por ser homosexual, también fue perseguido, maltratado y condenado al ostracismo por su literatura y sus críticas a la dictadura.
Muchos homosexuales cubanos desempeñaron importantes posiciones dentro de la nomenclatura, así fue el caso de Alfredo Guevara, director del ICAIC y el del actual presidente de Casa de las Américas, Miguel Barnet, entre muchos otros.
Los años finales de la década del 60 y los 70, fueron para Arenas muy peligrosos: a medida que su nombre y su obra eran reconocidos fuera de Cuba, la dictadura y sus esbirros se ensañaban en su contra y arreciaban la persecución y la censura.
Fue encarcelado y torturado en la prisión de El Morro entre los años 74 al 76. Hasta las mazmorras de la tenebrosa cárcel llegó un día, enviado por la dictadura, un esbirro, un rufián seudo escritor, para tratar de convencer al joven Arenas para que renunciara a su actitud hostil y contestaria. Es en esta época que escribió su autobiografía: «Antes que anochezca», obra que fue decomisada por la policía política varias veces y rescrita de nuevo otras tantas.
Tras su experiencia carcelaria, su situación se hizo más y más difícil cada día y tuvo que escribir secretamente (se sentaba a la maquilla de escribir y ponía el radio a todo volumen para que el chivato que le había puesto de vecino no se enterara por el teclear de la máquina). También se valía de visitantes extranjeros para sacar del país los manuscritos tal como ocurrió con tres de sus libros Con los ojos cerrados publicada en Montevideo en 1972, Celestino antes del alba publicada en México en 1967 y El mundo alucinante, una de sus más aclamadas novelas que fue publicada en Francia en 1969.
En más de una ocasión intentó escapar de la asfixiante opresión y persecución política. Finalmente, durante el éxodo marítimo de Mariel en 1980, lo consiguió cuando se unió a los más de 125 cubanos, que desesperados, salieron del país por esa vía.
Logró fugarse, porque aunque le tenían prohibida la salida del país, su ingenio fue más poderoso que la tiranía. En la confusión del momento y la torpeza de los funcionarios, Reinaldo se cambió su apellido por Arinas.
Llegó a Miami en el mes de mayo de ese año y en septiembre viajó a Nueva York para asistir al III Congreso de Intelectuales Cubanos Disidentes. La ciudad causó tal impacto en el escritor, que desde ese instante decidió que allí viviría. Meses después se mudó a la llamada capital del mundo.
En 1987 le diagnosticaron con el virus del sida y fue tal su sufrimiento que tres años después se suicidó un 7 de diciembre de 1990.
En el 2000 se estrenó la versión cinematográfica de Antes que anochezca, dirigida por el famoso pintor norteamericano de origen checo Julian Schnabel.
En sus últimas horas con vida escribió y envió a sus amigos y a la prensa una intensa y elocuente carta de despedida que transcribo:
«Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión.
Solo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.
Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla le exhorto a que siga luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza.
»Cuba será libre. Yo ya lo soy.
»Reinaldo Arenas
»New York»
Pero no quiero terminar esta crónica con la tristeza de la perdida irreparable de uno de los principales y más prometedores escritores de mi país. Razón por la que agrego, como una pincelada burlesca (porque también así era Reinaldo), la famosa «Carta de Rompimiento de Amistad» que el Rey le escribiera al poeta oficialista Nicolás Guillen.
«La Habana, diciembre 31 de 1973
»ORDEN DE ROMPIMIENTO DE AMISTAD
»Sr. Nicolás Guillen
»De acuerdo con el balance de liquidación de amistad que cada fin de año realizo —balance que se rige por rigurosas constataciones— le comunico que usted ha engrosado la lista del mismo.
»Por lo tanto desde el momento en que expido este documento queda usted desvinculado en forma definitiva de todos mis afectos.
»Sin más
»Reinaldo Arenas
»Nota de este ‘modelo’ impreso en papel carbón el autor envió más de doscientas copias a distintas ‘personalidades’ cubanas».
Fue tan genial mi amigo Reinaldo, que hasta después de muerto me facilita las cosas, porque, sin dudas, este 31 de diciembre voy a enviar unas cuantas cartas como esta.
Donde estés querido Reinaldo, tienes que saber que te extrañamos mucho
Escrito Por Nancy Pérez-Crespo
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