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Cuba:Manipulaciones sobre abuso infantil

¿Es posible que más de una docena de instituciones oficiales no hayan sido capaces de impedir los 2 231 casos de abuso sexual contra menores en Cuba?
LA HABANA, Cuba -El Informe presentado por las autoridades cubanas Sobre el enfrentamiento jurídico-penal a la trata de personas y otras formas de abuso sexual, correspondiente al año 2013, constituye el primer documento en que se reconoce oficialmente la existencia en Cuba de prostitución, proxenetismo, abuso sexual contra menores y mujeres, corrupción de menores y trata de personas.
Si bien el Informe parece ser solo un gesto (pose) de la dictadura para lavar su rostro con un enjuague de “transparencia” y “buena voluntad”, a fin de mostrar los cambios verdaderos que exige la Casa Blanca como requisito para el inicio de un acercamiento entre ambos gobiernos, no por ello resulta menos significativo. El tema tratado es un flagelo cuya existencia en Cuba ha sido denunciada y profusamente documentada por organizaciones de la sociedad civil y por el periodismo independiente a lo largo de los años, pero el gobierno de la Isla siempre lo había negado a rajatabla, aduciendo que se trataba de “patrañas de los enemigos de la revolución”.
La renuencia a reconocer males considerados como rezagos de las decadentes sociedades capitalistas, que no tenían lugar en nuestro sistema social superior, propició que el mal se multiplicara exponencialmente, en particular desde que se produjo el desplome de la Unión Soviética (URSS) y del socialismo real, desatándose la mayor crisis económica que recuerda Cuba, y que se mantiene hasta el presente.
¿Ninguno de ellos es cubano?
Pese a la generalización de la pobreza y al florecimiento de la prostitución en todas sus variantes e implicaciones sociales, el catecismo oficial ha sostenido hasta el hartazgo que la niñez cubana estaba a salvo de los males que azotan al resto de las naciones, en particular las de los países subdesarrollados. Los medios oficiales y las vallas públicas repetían que millones de niños en el mundo padecen de hambre y de abandono, lo que los hace susceptibles de convertirse en víctimas de la trata y del abuso sexual, pero podíamos estar satisfechos porque “ninguno de ellos” era cubano.
Sin embargo, bastaba con salir a la calle y observar con atención el movimiento humano en aquellas zonas más proclives a los delitos vinculados a la prostitución –incluida la de menores–, por ejemplo, el Barrio Chino de La Habana, al que concurren comúnmente turistas en busca de proxenetas y traficantes de droga, y donde pululan la corrupción y el contrabando de todo tipo; o las áreas cercanas a escuelas secundarias de los barrios más pobres, donde los proxenetas están al acecho porque allí existen mayores probabilidades de seducir adolescentes cuyas familias viven en condiciones materiales precarias, para iniciarlas y explotarlas a través del sexo rentado. En Cuba la realidad y el discurso transitan por vías paralelas.
Así, podría considerarse que el reciente Informe presentado por el gobierno cubano constituye al menos un paso de avance, puesto que la erradicación de un mal comienza por el reconocimiento de su existencia. No obstante, tampoco cabría esperar que las autoridades reconocieran la verdadera magnitud del problema, su enorme cuota de responsabilidad en su propagación y arraigo, así como la demostrada ineficacia e inutilidad de sus muy cacareadas organizaciones políticas y de masas –los combativos y vigilantes Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de cada cuadra del país y los “bloques zonales” de la Federación de Mujeres Cubana (FMC)– a la hora de prevenir y combatir estos delitos que implican a la niñez, el segmento más frágil e indefenso de la sociedad.
Por demás, el Informe de marras está plagado de las limitaciones inherentes a cada documento oficial.
Pecado de imprecisiones
Asumiendo ingenuamente que los datos ofrecidos en el informe oficial cubano sean rigurosamente ciertos, resulta incongruente que en un año se hayan producido 2 231 casos de abuso sexual contra niños si en la implementación de la política gubernamental en tal sentido “desempeñan un papel decisivo los órganos de la Fiscalía General de la República y de los Tribunales Populares, así como un grupo de Organismos de la Administración Central del Estado, entre los que se encuentran los Ministerios de Educación y de Educación Superior, el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, el Ministerio de Cultura, el Ministerio del Turismo, el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Justicia, el Ministerio del Interior, y el Ministerio de Relaciones Exteriores, de conjunto con organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex)”.cenesex
¿Es posible que más de una docena de instituciones oficiales de nivel central, con ramificaciones y filiales en todo el país, no hayan sido capaces de impedir, o siquiera de prevenir, la comisión de los peores delitos: los que se cometen contra menores de edad?
Cierto que la legislación cubana de jure condena los delitos de trata de personas, la venta y tráfico de menores, el comercio de órganos, los trabajos forzados, la corrupción de menores –sea en cuestiones de prostitución, pornografía y “otras conductas deshonestas” –, entre otros crímenes relacionados, pero de facto, en medio de la pobreza general, la crisis de valores morales y familiares, y la imposibilidad de la sociedad para organizarse de manera autónoma para participar en la prevención y erradicación del mal, la ley es papel mojado.
Otro punto del Informe refiere que existen programas educativos y preventivos, tanto en los medios de difusión como en la forma de impresos, folletos, plegables y carteles. Con excepción de un programa televisivo semanal, spots ocasionales relacionados con campañas temporales, o algún esporádico panel acerca de la violencia de género y los “derechos” de mujeres y niños, cuestiones tan importantes como la prostitución raramente son tratadas en los medios. En cuanto a la prostitución o el abuso sexual infantil, nunca el tema ha sido abordado, de manera que la población no tiene verdadera percepción del problema.
Muy alarmante resulta, además, el hecho de pretender minimizar el impacto social de los crímenes contra los menores, al sostener que dicha cifra constituye solo (¿apenas?) el 0,09% de una población infanto-juvenil total de 2 260 751 individuos. Como si dichas estadísticas significaran alguna reparación del daño irreversible sufrido por esos niños o se tratara de una competencia global en la cual “gana” el país que mejores estándares muestre. Un récord de insensibilidad bastante desacertado para tratarse del “sistema más justo del mundo”. Un solo niño ultrajado sexualmente es un insulto a la justicia, y todo castigo será insuficiente para mitigar el perjuicio causado. Cualquier número es demasiado grande cuando se trata de daños a un menor.
Pero puestos a considerar pautas numéricas, 144 causas judiciales durante 2013 son una cifra muy escasa para hacer justicia a 2 231 niños sexualmente ultrajados. Más insignificante se torna el dato si tenemos en cuenta de esos 144 juicios incluyen también los procesos seguidos contra proxenetas y abusadores sexuales de mujeres adultas, y si de estos procesos resultaron sancionados solo 14 cubanos y cuatro extranjeros. Obviamente, para el sistema judicial cubano resulta más punible disentir del gobierno que abusar sexualmente de un menor o de una mujer.
Ahora la dictadura posa de proactiva y se apresura a ofrecer informes sobre sus desvelos a favor de la seguridad de la infancia y de las mujeres víctimas de la prostitución, de la trata y de otros crímenes sexuales, pero a la vez se asegura de mantener el monopolio sobre los programas a desarrollar, las donaciones de instituciones extranjeras y las estadísticas que ha de mostrar. No casualmente el elitista y “familiar” Cenesex es una de las instituciones más comprometidas.
En cuanto a la verosimilitud del documento presentado, queda en entredicho, como toda verdad a medias. Así será mientras las inaccesibles estadísticas formen parte de las cábalas utilizadas para cubrir al mínimo los requerimientos formales que exigen los organismos mundiales, y mientras los países civilizados sigan tolerando amablemente la longeva satrapía de los Castro.
Fuente:http://www.cubanet.org  Escrito por   Miriam Celaya
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