LO ÚLTIMO
Home » » La preferencia por la desigualdad

La preferencia por la desigualdad

Mi amigo Juan Cuellar me llama la atención en torno a un tema que hace mucho quería abordar.
Cuellar cita a José Martí y al sociólogo francés Francois Dubet y su nuevo libro «La preferencia por la desigualdad».
En efecto, en 1884, José Martí escribió un extenso análisis del libro «La futura esclavitud» del filósofo inglés, Herbert Spencer. Y el Apóstol coincidía con Spencer que el socialismo conduce a la esclavitud del hombre: «Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia, a menos que no se los allane proporcionándoles labores el Estado (…) y con el pretexto de socorrer a los pobres —dice Spencer— sacan tantos tributos, que se convierte en pobres a los que no lo son».
Y como apunta Cuellar, es muy interesante desde el punto de vista sociológico y filosófico, y yo sumo: y muy práctico.
Marti escribió en este ensayo que: «De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se les llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es el que trabaja para otro que tiene dominio sobre él (…) Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras; el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse como frenéticos defensores de los desamparados».
Francois Dubet, es toda una autoridad en educación, y una de las principales voces críticas en el universo pedagógico. Sus trabajos han permitido encontrar alguna respuesta a la crisis educacional actual. Dirige la escuela francesa de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Sus investigaciones se centran en la marginalidad juvenil, las desigualdades sociales, la inmigración y el carácter inclusivo o excluyente de las instituciones escolares. Es un defensor de una escuela inclusiva.
Varias de sus obras han sido traducidas al español, entre ellas: «El declive de la institución: profesiones, sujetos e individuos en la modernidad», «La escuela de las oportunidades: ¿qué es una escuela justa?» y «La experiencia sociológica».
En su último libro, «La preferencia por la desigualdad», François Dubet, parte de una pregunta que suena obvia: ¿Por qué la población no se rebela contra un fenómeno a simple vista tan escandaloso, como es la desigualdad? Simple: «Porque la ‘pasión por la igualdad’ no es tan fuerte como se supone». Peor aún, porque los individuos «eligen» la desigualdad «o, para ser menos sombríos, eligen no reducirla». Lo que busca cada uno es más bien establecer la mayor distancia social posible con los grupos menos favorecidos —que siempre los hay, aunque sea imaginariamente, incluso para quienes están en las posiciones más desmejoradas. «Los individuos no buscan las desigualdades —dice el Dubet— pero cuando eligen, las engendran».
Dubet, como buen sociólogo, busca una explicación general e histórica. La encuentra en el desfondamiento de la estructura de clases tradicional, que otorgaba a cada individuo una posición y una identidad «estructuradas por un orden estable», y no se modificaban —salvo contadísimas excepciones— desde la cuna hasta el día de su muerte.
Hoy, las posiciones e identidades sociales son el resultado de sofisticadas «estrategias de distinción y desmarcaje». Cada cual debe «asumir sus responsabilidades« como autor «de su propia vida»; cada uno tiene que «construir por sí mismo el conjunto más singular y el más distintivo de sí mismo con el fin de poder marcar su rango y su posición». Y echar mano, para ello, a cualquier mecanismo a su alcance: desde la vivienda al estilo de vida, desde el consumo al lugar de nacimiento, desde el color de la piel a la raza.
Esto explica por qué los individuos, al mismo tiempo que denuncian «las grandes desigualdades» —y hasta apoyan a los políticos que prometen terminar con ellas— pero «se aferran a la defensa de las ‘pequeñas’ desigualdades, aquellas que hacen las diferencias esenciales».
La educación ha sido siempre, y lo sigue siendo hasta ahora, «una máquina de producción de desigualdades y de reproducción de las mismas entre generaciones».
Las familias lo saben, sin necesidad de leer un tratado al respecto. Pero como no está en sus manos eliminar las desigualdades sociales de origen ni borrar las herencias culturales, no les queda otra alternativa que hacer algo de lo que algunos se burlan: «gestionar de cerca la escolaridad de sus hijos con el fin de alcanzar esas desigualdades sutiles que les permitan elevar su posición social o, al menos, no descender».
Con sus mecanismos de selección, competencia, premio y sanción, la educación es un campo de batalla. Un campo de batalla en el que las familias, aun violando sus propios principios, luchan por alcanzar esas «desigualdades sutiles» que hacen la diferencia.
«La ‘elección por la desigualdad’ —concluye Dubet— no es entonces una opción ideológica reivindicada como tal. Es un conjunto de prácticas que sería vano condenar desde un punto de vista estrictamente moral, porque los individuos usualmente tienen ‘buenas razones’ para actuar como lo hacen, presos de juego sociales que no manejan en absoluto».
El libro en cuestión fue escrito pensando en Francia; pero nos ayuda a interpretar algunos aspectos que estamos viviendo en esta sociedad donde estamos viviendo.
Pero con la experiencia vivida por los cubanos en la Isla, la utópica igualdad que a fuerza implantaron, la rabia desatada por la lucha de clases, solo nos trajo lo que dijo el apóstol citando a Spencer: «con el pretexto de socorrer a los pobres sacan tantos tributos, que se convierte en pobres a los que no lo son » y con la tan cacareada «igualdad» que trataron de imponer a fuerza de golpes, cárceles y asesinatos, solo han logrado convertir a Cuba en un país de unos cuantos miles de privilegiados (principalmente los que tienen el poder) y algunos «bisneros» y el resto de los cubanos son una vasta mayoría: de «las clases llanas», como llamaba Martí a los más desposeídos. Esa mayoría está viviendo en la miseria, rodeada de insalubridad, con las ilusiones perdidas y la libertad mutilada.
Escrito p
or Nancy Pérez-Crespo
Share this article :

No hay comentarios: