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A pesar de su deterioro, La Habana es La Habana

A pesar de su deterioro, La Habana es La Habana
En La Habana viven más de 2 millones de personas. Por su extensión, es la provincia más pequeña de Cuba. Tiene 15 municipios: Habana Vieja, Habana del Este, Centro Habana, Cerro, Diez de Octubre, Guanabacoa, Regla, San Miguel del Padrón, La Lisa, Marianao, Playa, Boyeros, Cotorro, Arroyo Naranjo y Plaza de la Revolución.
La Villa San Cristóbal de La Habana fue fundada por Diego Velázquez el 16 de noviembre de 1519 -acaba de cumplir 495 años- y fue la sexta villa fundada por los colonizadores españoles.
La Plaza de Armas, situada frente al Palacio de los Capitanes Generales, hoy Museo de la Ciudad, fue centro de la vida oficial y pública de La Habana en la época colonial. Allí se alza un monumento muy peculiar, El Templete, una columna con una inscripción en latín, casi borrada, que dice: “Detén el paso, caminante”. En ese lugar, en el siglo XVI, hubo una ceiba y a su sombra se celebró la primera misa y el primer cabildo.
La Habana resurgió en varias ocasiones de los escombros y cenizas a que la redujeron los distintos ataques de piratas y corsarios franceses durante la primera mitad del siglo XVI. En esa época, el Puerto de La Habana fue el mejor protegido de las Américas y a él llegaban oro, plata, alpaca, esmeraldas, maderas preciosas, especias, cueros, maíz, papas, cacao, mandioca, procedentes de las distintas naciones hispanoamericanas y que desde el puerto habanero en días señalados, partían convoyados hacia España.
El 20 de diciembre de 1592, Felipe II confirió a La Habana el título de Ciudad. Por mandato de la Corona Española, en el siglo XVII fue fortificada, por considerarla “Llave del Nuevo Mundo y antemural de las Indias Occidentales”. Durante ese siglo, en La Habana surgen construcciones monumentales, civiles y religiosas, como el Convento de San Agustín, la Iglesia del Santo Angel, el Hospital de San Lázaro y la conclusión del Castillo del Morro, a la entrada de la bahía.
Amanecía el 6 de junio de 1762 cuando en el horizonte apareció una impresionante armada británica: más de 50 navíos y 14 mil hombres. Para tomar la ciudad, los ingleses tuvieron que rendir el Castillo del Morro, defendido por una guarnición española. Tras dos meses de sitio, La Habana se rindió. Durante un año fue gobernada por Sir Georges Keppel, hasta que a mediados de 1763 los ingleses se la devolvieron a los españoles a cambio de la Península de la Florida.
En ese mismo año se inició la construcción de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, la mayor construída por España en el Nuevo Mundo y que apuntaló el sistema defensivo de La Habana. Su posición privilegiada convirtió a la Fortaleza de la Cabaña en bastión inexpugnable. Contaba con un elevado número de cañones fundidos en Barcelona, los mismos que hoy simbólicamente custodian la entrada de la Bahía de La Habana.
Hacia fines del siglo XVIII, La Habana se convirtió en una floreciente ciudad debido a su comercio marítimo. En 1818 se declaró libre su puerto y a partir de entonces el lujo y la ostentación se instaló en ella. Las tiendas ofrecían el último grito de la moda en Europa y Estados Unidos, los teatros recibían a los mejores actores y cantantes del mundo y la burguesía construyó espléndidas mansiones, ganándose La Habana el sobrenombre del París de las Antillas.
En 1837 es inaugurado el primer tramo de ferrocarril, de 51 kilómetros, entre La Habana y Bejucal, y es usado para transportar azúcar desde el valle de Güines hasta el puerto habanero. Cuba se convirtió en el quinto país del mundo en tener ferrocarril y el primero de los de habla hispana, España incluida. A lo largo del siglo XIX, La Habana se enriquece con centros culturales como el Teatro Tacón y el Liceo Artístico y Literario, entre otros, y es visitada por europeos de renombre, como Alejandro de Humboldt, quien quedó maravillado con la ciudad y el puerto.
En 1863, para propiciar la expansión y construcción de nuevas edificaciones, fueron derribadas las murallas que protegían la ciudad de piratas y corsarios. A fines del siglo XIX, las clases acomodadas dejaron sus casonas en El Cerro para irse a vivir a una nueva barriada, El Vedado. En el siglo XX, emigraron hacia Miramar, una zona más apartada y con muchas áreas verdes. Posteriormente, los más ricos decidieron asentarse en repartos exclusivos, como el Havana Biltmore y el Country Club, rebautizados por la revolución con los nombres aborígenes de Siboney y Cubanacán.
El siglo XX se inicia con la derrota de España por Estados Unidos. Bajo la ocupación estadounidense, La Habana no sólo cobró nuevo auge, sino que por vez primera se realizaron obras en beneficio de la población, como la construcción de un gran acueducto, iluminación, limpieza, saneamiento de la ciudad y vacunación obligatoria.
Es también el siglo donde se construyen suntuosos hoteles con casinos (Hotel Nacional, Havana Hilton y Havana Riviera) y cabarets como Tropicana, Sans Souci y Montmatre. Meyer Lanski, Lucky Luciano y Santo Trafficante, entre otros mafiosos estadounidenses de origen italiano, operan a sus anchas en la capital cubana.
Por las calles habaneras transitan los últimos modelos de Cadillac, Chevrolet, Buick, Chrysler, Ford, Oldsmobile… En 1950 la televisión llega a Cuba y muy pronto las familias pueden comprar televisores, como ya mucho antes habían podido adquirir -a precios relativamente módicos, al contado o a plazos-, radios, refrigeradores, lavadoras y ventiladores, entre otros equipos. Todo Made in USA
Por el clima, casi todos los bancos, cines, oficinas, tiendas, restaurantes y cafeterías tenían aire acondicionado, igual que en muchos hogares. El más pobre de los cubanos se bañaba con jabón Palmolive o Camay y cepillaba sus dientes con pasta Colgate, marcas fabricadas en Cuba: antes de 1959 la industria ligera, en particular la alimenticia, había alcanzado un notable desarrollo.
La Habana Vieja es el municipio más antiguo de la ciudad, sus casas y edificios se remontan al siglo XVI. A algunos visitantes les recuerda Cádiz, en Andalucía, y Tenerife, en Canarias. El escritor cubano Alejo Carpentier la llamo “ciudad de las columnas”, también pudo llamarla “ciudad de los portales”. Pero hoy habría que decirle “ciudad de las rejas”: para protegerse de robos, la gente ha enrrejado balcones, terrazas y ventanas, por lo regular chapuceramente.
En La Habana Vieja se encuentran los grandes monumentos antiguos, murallas, palacios, conventos, fortalezas, plazoletas y callejuelas. En 1981 fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Entre los museos más importantes se encuentra el Museo de la Ciudad, en el otrora Palacio de los Capitanes Generales y que hasta 1920 fue Palacio Presidencial. Muy cerca se localiza el Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro; el Templete y el Castillo de la Real Fuerza. A pocos metros, en la Plaza de la Catedral, radica el Museo de Arte Colonial.
El hotel Habana Libre, otrora Havana Hilton, fue inaugurado en marzo de 1958. Radica en la céntrica esquina de 23 y L, donde nace La Rampa, emblemática avenida habanera. Ubicado en la barriada de El Vedado, frente a Coppelia, la más concurrida heladería cubana, y al cine Yara, es el hotel preferido de los capitalinos, quienes a pesar de las restricciones, siempre han buscado la manera de entrar al Habana Libre, para sentarse en su lobby o disfrutar de sus servicios.
En la década 1960-70, los cubanos podían hospedarse y acceder a todas las instalaciones del Habana Libre con la monedad nacional. Después, hasta los años 80, la gente continuó yendo, bien a la peluquería o al bar al lado de la piscina, más conocido por Las Cañitas y al cual acudía la flor y nata del periodismo y la intelectualidad local. O a desayunar o merendar en su cafetería, o a almorzar o cenar en El Polinesio, restaurante de comida asiática. En los 90, con la llegada del período especial y el imperio del dólar, el acceso de los cubanos al Habana Libre se fue limitando y hoy sólo pueden ir quienes puedan pagar con divisas.
Antes de 1959, no había famoso que no pasara por La Habana: Frank Sinatra, Nat King Cole, Ava Gardner, Marlon Brando… Casi todos se hospedaban en el Hotel Nacional y hoy allí pueden verse fotos de cuando La Habana era La Habana. Una de las capitales más cosmopolitas de las Américas.
Escrito por Tania Quintero
Foto tomada del blog de Alejandro Armengol
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