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Una surrealista terminal de ómnibus habanera,La Cubre

LA HABANA.- Aunque lo parezca, no es una zona de guerra. Tampoco una villa polvorienta de algún paraje perdido en África. Es una estación para viajeros cerca del Puerto de La Habana. Se llama La Coubre y es una chapucera construcción de tejas y puntal alto que parece un  taller de mecánica.
LA HABANA.- Terminal de ómnibus La Coubre, en La Habana. (Cortesía)
Aunque lo parezca, no es una zona de guerra. Tampoco una villa polvorienta de algún paraje perdido en África. Es una estación para viajeros cerca del Puerto de La Habana. Se llama La Coubre y es una chapucera construcción de tejas y puntal alto que parece un  taller de mecánica.
Aquí pernoctan cientos de personas que aspiran a viajar a otras provincias por lista de espera. El realismo mágico instaurado por Fidel Castro, engendró un racimo de instituciones parásitas y burocráticas que gestionan al detalle la vida de los ciudadanos. 
Entre consignas y campañas políticas, después de 1959 la sociedad cubana es una babel de oficinas y colas para cualquier trámite ordinario. Los ciudadanos deben solicitar un certificado de nacimiento hasta para trasladarse a cualquier región del país.
En la isla hay dos vidas paralelas. Las dos la determinan el dinero que tengas en tu cartera. Si tienes divisas suficientes, puedes sacar un pasaje en una empresa de transporte llamada Viazul, que radica en la Avenida 26, en el municipio capitalino de Nuevo Vedado, un sosegado reparto donde antes de 1959 vivía la clase media alta y hoy es residencia de generales, ministros, amanuenses y defensores del régimen.
La diferencia no sólo es de precio, también es de buena gestión. En Viazul un pasaje de ida y vuelta a Santiago de Cuba puede costar 40 cuc, el equivalente al salario de dos meses de un profesional.
Incluso bajo un temporal, los ómnibus salen a su hora. En esta agencia sólo reservan turistas extranjeros y cubanos que reciben dólares o euros.
La mayoría de la población debe rezar cuando tienen que viajar al interior. Luisa, dentista santiaguera radicada en La Habana, estuvo 22 horas en un tren con destino a esa ciudad, a unos 950 kilómetros al este de la capital.
“Aquello fue tremendo. Llegué con escoliosis debido a la rigidez de los asientos del tren. Luego tienes que andar con cuatro ojos. En cualquier terminal te pueden robar el equipaje. Viajar en tren es una de las peores experiencias. No se la recomiendo a nadie”, dijo mientras en un radio portátil escuchaba música tirada sobre una manta empercudida en un pasillo de La Coubre.
Luisa llevaba dos días tratando de trasladarse en ómnibus hacia Palma Soriano, Santiago de Cuba. Pero ella aún está lejos del récord de mayor tiempo de viaje para llegar a su destino.
Aquino, desempleado, aseguró que después de estar cinco días durmiendo a la intemperie y comiendo macarrones en una fonda estatal cerca de la Terminal de Trenes, el viaje para llegar a Santiago, entre roturas y paradas, demoró casi 30 horas.
“Viajar dentro de Cuba es muy complicado. Pero trasladarte en tren es como ir al infierno. Imagínate, el aire acondicionado roto con 35 grados a la sombra, la gente fumando, tomando ron y  escuchando reguetón a todo volumen. Quien  supere esa prueba jamás se volverá loco”, afirmó Aquino, un experto en el arte de la espera y los vericuetos de corrupción para agilizar un asiento en un ómnibus con destino al oriente cubano.
Los viajeros prudentes optan por reservar con un mes de antelación un pasaje de ómnibus en alguna de las agencias habaneras. Existen dos formas: haciendo cola toda la noche o deslizándole 50 pesos con discreción a un empleado.
Los boletos para viajar dentro de Cuba son notablemente caros, si se comparan con los salarios de risa. Un pasaje a Sancti Spíritus cuesta casi 80 pesos, una cantidad que equivale a la sexta  parte del sueldo promedio, 484 pesos.
Las personas precavidas suelen reservar billetes de ida y vuelta. Pues si es complicado viajar desde La Habana a otra provincia, más engorroso resulta  llegar a la capital desde el interior.
El problema comienza si tienes un percance en la familia o por asuntos de trabajo debes ir al interior.  Creo que es más fácil trasladarte de Herat a Kabul, en Afganistán, en el lomo de un camello. Lo peor no es la pérdida de tiempo. En terminales como La Coubre el tiempo cuenta.  Si tienes suerte, en 12 horas puedes montarte en un ómnibus, pero también puedes estar hasta una semana para embarcarte. Lo insoportable es el hacinamiento y la mugre, la peste a orine y excremento en los servicios, los borrachos y las broncas. La gente se exalta por cualquier nimiedad. 
“He visto fajarse por un pan con croqueta, un trago o alguien que miró a la mujer equivocada. Las historias de La Coubre pueden parecer increíbles. Se han dado casos de tipos fumando marihuana o teniendo sexo por dinero en los baños. Es un antro”, acotó Pablo, custodio del lugar.
Cuando por fin logras abordar un ómnibus, ya sea pagando 5 cuc por debajo de la mesa o legalmente por la lista de espera, el viaje se puede convertir en una odisea o una aventura.
Sonia, ama de casa, quien recientemente viajó desde Songo la Maya, en el oriente de la isla, a La Habana, aseguró que “viajar en ómnibus es la vía menos mala y la más rápida, aunque la última vez demoré 15 horas. El chofer recogía pasaje por la carretera a personas que le pagaban dinero. Doce viajaron de pie o sentados en el pasillo. El baño del ómnibus estaba roto. Debías hacer tus necesidades en el monte, cuando el chofer hacía paradas".
Según Sonia, los choferes tienen trato con los dueños de cafeterías y paladares y por cada parada que hacen, le pagan hasta 10 cuc. "Luego están los que viajan cargados de racimos de plátanos, queso y hasta cabras pequeñas. Es como un circo”, apuntó.
Si debes viajar a una provincia, trasladarte en ómnibus siempre es preferible al tren, pero hay que reservar con antelación en una agencia. La terminal de La Coubre supera la ficción.
Fuente: http://www.diariolasamericas.com Escrito por Iván García
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