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Las contradicciones del NYT

Dicen que el periódico The New York Times (NYT) y su reportero de entonces, el periodista Herbert Matthews, fueron los creadores de la fábula, que a fuerza de astucias y disimulos, se convirtió en la trágica realidad que es hoy la revolución cubana y Fidel Castro.
Y es precisamente, es ese mismo periódico, el mismo que hace casi 60 años marcó para siempre la historia de Cuba, quien ahora vuelve a la carga, para abogar por la dictadura que en más de medio siglo ha generado miseria, destrucción y esclavitud a la tierra cubana.
El periodista colombiano Ernesto Londoño, nombrado a la junta editorial del NYT el pasado junio, fue la cabeza principal de este editorial y tal parece que amiguitos de Mariela Castro le han contado otra historia de Cuba y el bogotano está tan desinformado sobre la realidad del país, que repite la misma cantaleta de que el embargo es el culpable de la miseria de los cubanos pero con perfidia omite que fueron los Castro que implantaron la fallida economía socialista, fracasada hasta en la mismísima Unión Soviética.
En el editorial, Londoño usa erróneamente la palabra «reformas», cuando en la realidad no las hay. Ni «reformas», ni «cambios», solo «maniobras» (como las llama el dirigente opositor Antonio Rodiles. No pueden hacerla porque ni el comunismo ni el socialismo son reformables
Porque como explica el mismo Londoño en el contradictorio editorial «en los últimos años, la economía devastada ha forzado a Cuba a hacer reformas». Parece que ya no quieren siga forzado más y se conforman con las maniobras y las pequeñas concesiones que ha hecho Raúl Castro, pretendiendo que Washington pique el anzuelo y ponga «fin al embargo», objetivo principal del editorial y el verdadero resultado que busca dictadura cubana, en estos momentos desesperada como está, porque a Venezuela se le está acabando el dinero y ya no tienen a quien sacarle. Se van a quedar solo con las remesas y éstas no son suficientes para cubrir los gastos porque el país nada produce.
Además, la tiranía está consciente que de si los Estados Unidos NO levanta el embargo sus perspectivas de gran turismo e de inversiones extrajeras y principalmente, su proyecto del puerto del Mariel se van a bolina.
En contraste, este editorial, que para los demócratas cubanos, es un cabo que el NYT le tiró a la dictadura, Fidel Castro lo objeta en un artículo publicado ayer, quejoso porque está escrito «buscando el mayor beneficio para la política norteamericana» y aunque el Times alega que Cuba es «una de las sociedades más educadas del hemisferio», el tirano reclama que no le comparen la educación y la sociedad creadas por él con las que existían antes de su régimen.
Pero, por supuesto que no pueden compararse. Lo poco que existe en su Cuba y que aún queda en pie, son los despojos de un país que en 1959 se encontraba a la cabeza entre los más prósperos y con mejor nivel de vida en América Latina. Una nación en pleno desarrollo, vital, floreciente, enérgica.
Tan es así, que en muy pocos años pudo quitarse de encima al dictador Fulgencio Batista, quien por cortos períodos censuraba la prensa y coartaba las libertades y más grave aún: violaba los derechos humanos. Pero de ese pueblo solo quedan escombros.
El cubano es un pueblo que lleva más de medio siglo soportando la total falta de libertades, la censura y una infame cartilla de racionamiento, también la constante y flagrante violación a los derechos humanos. Eso sí es lo que «no podrá olvidarse nunca», como dice el vejete en su escrito.
El régimen cubano no había respondido a la demanda de una investigación independiente sobre la dolorosa muerte del dirigente opositor Oswaldo Payá y su discípulo Harold Cepero
Muchas han sido las acusaciones de que fue un asesinato y no un «accidente de tránsito». El movimiento Cristiano Libración y otras organizaciones, familiares y seguidores del líder Payá y hasta el testimonio del propio Ángel Carromero, el español chofer del auto, insisten que fue un crimen pero el régimen nunca las refutó.
Ahora, en este artículo, sospechosamente Fidel Castro contesta, quizás porque en el editorial del NYT —muy probable que para lucir objetivos—, hay en un párrafo donde dice: «El Gobierno autoritario sigue acosando disidentes, quienes frecuentemente son detenidos por períodos cortos. La Habana no ha explicado la sospechosa muerte del activista político Oswaldo Payá».
Fidel Castro, molesto, alega lo siguiente: «Como puede apreciarse es una acusación calumniosa y gratuita». Porque este intolerante no pudo soportar esas pequeñas alusiones a su régimen tiránico, cuando, una vez más, el NYT sale en su defensa, haciendo dejación, ese periódico, de su intachable trayectoria como defensor de la libertad de prensa en el Hemisferio.
Algo anda muy mal en el NYT. Algunos dicen que es la mano siniestra del millonario mejicano Carlos Slim, pero otros piensan que es una zanahoria que ayude a la liberación por parte de Cuba del rehén Alan Gross. Pero lo que sí es evidente que la idea es influenciar de cara a las elecciones del próximo 4 de noviembre.
Este es un desafío entre la opresión y la maldad de una tiranía y sus partidarios y la libertad y la justicia negadas a todo un pueblo. Más temprano que tarde la verdad se abrirá paso y Cuba será libre.
Fuente:http://perezcrespo.wordpress.com Escrito Por Nancy Pérez-Crespo 
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