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SHAME ON YOU, MERCY

Por estos días, los castristas andan celebrando un aniversario más de la fundación de los tristemente célebres Comité de Defensa de la Revolución (CDR). Hace 54 años, implantaron la mejor y más efectiva arma que la dictadura cubana ha usado contra el pueblo, pero, al mismo tiempo, los CDR están conformados, y son regidos y conducidos por ese mismo pueblo. Vaya paradoja. 
Sí, el contrasentido está en que los CDR fueron creados por la dictadura para que los vecinos, que aceptaban pertenecer a tan infame organización, vigilaran y delataran a sus vecinos y a su vez esos los vigilaran y los delataran a ellos. Así convirtieron a muchos en cómplices de sus crímenes. 
Algunos dicen que la pertenencia a los CDR es obligatoria. Mientras viví en Cuba no lo era, pero sí teníamos vecinos CDRs y de hecho, cuando la familia presentó la salida del país, a nuestra casa llegó la policía para hacer el inventario del patrimonio que obligatoriamente teníamos que entregar (éste incluía hasta la ropa en uso). Ese día también el CDR estuvo presente para aseverar que no faltara nada en el inventario.
Aunque esa forma de delación fue, durante muchos años, una constante en la vida del cubano, hoy, después de 54 años de chivatería, corrupción e infamia, el pueblo ha comenzado a darle la espalda y le está perdiendo el miedo. 
En este aniversario Radio Martí recogió algunas opiniones: En Palma Soriano, Geordanis Muñoz, dice que los cederistas de su barrio «después de tomarse la caldosa comunista a las 9:30 de la noche se retiraron a dormir y solo quedaron siete personas bebiendo alcohol de mala calidad».
Yosmany Mayeta, desde Santiago de Cuba advirtió que «barrios con focos de dengue y cólera son lo que caracteriza este 54 aniversario de los CDR»
También la fiesta aniversario fue deslucida en Villa Clara según publicaron desde Caibarién Carlos Michael Morales y desde Zulueta Yordanis Santi.

Escrito por Nancy Pérez-Crspo
«Más del 90% de los llamados CDR de Caibarién muestran su apatía y no festejan su aniversario» escribió Morales.
«¿Que pasó con los CDR? Abusó tanto de sus miembros que hoy sus seguidores solo los usan, nadie los ama? Fracasó y morirá irremediablemente», publicó Santi.
Y aunque, afortunadamente, la indolencia, la apatía y corrupción han socavado los CDR, siempre quedan chivatos rastreros como la tal Mercy, la vecina de Yusnaby Pérez, quien desde La Habana publicó en su blog, este desgarrador relato: «Hay un señor que cada semana visita la casa de mi vecina Mercy. Lo único que sabemos sobre él es que, después de cada visita, alguien en la cuadra recibe una mala noticia: un puesto de trabajo negado, un viaje rechazado, una licencia no otorgada o simplemente un teléfono fijo solicitado jamás asignado, etc.
Mercy es la presidenta del CDR de mi calle, una organización creada en plena efervescencia del socialismo en 1960. En cada rincón de mi país hay un CDR; un sistema de vigilancia continua entre vecinos.
En mi casa cuando se cocinan camarones debemos tener las puertas y ventanas completamente cerradas. El olor puede delatarnos con Mercy. Al día siguiente, los restos de comida no puedo tirarlos en el latón de basura de la esquina, tengo que arrojarlos cuatro cuadras mas lejos para que Mercy no nos descubra. Así mismo hace mi vecino Luisito con la habitación que renta en las noches: espera a que Mercy se duerma para dejar pasar a los inquilinos en busca de pasiones nocturnas.
Todos nos cuidamos de ella. Cuando la vemos le sonreímos y la saludamos, pero sabemos que está apuntando en su mente cada detalle delator de nuestras sonrisas. Ella se encarga de informar al policía jefe del sector, a los investigadores del Partido Comunista y a los agentes del Departamento de Seguridad del Estado o G2 (policía política) sobre nuestra vida en pluralidad de detalles. 
Mercy apunta nuestras preferencias sexuales, nuestra actitud y opinión política; apunta si trabajamos o estudiamos, y, si no hacemos ninguna de las dos, nos denuncia y nos aplican la ley de peligrosidad. Mercy está al tanto de con quién nos reunimos, quien visita nuestra casa y sus respectivos nombres. Si algún extranjero duerme en nuestra propiedad, ella llama a inmigración y nos multan con varios miles de pesos.
Mercy ha elaborado un listado de todo vecino que tiene familiares en el extranjero ya que ese es un punto muy investigado. Se le ha orientado organizar actos de repudio, es decir, convocar a la mayor cantidad de vecinos posible para ir a las viviendas de «contrarrevolucionarios» y tirarles piedras, gritarles consignas «revolucionarias» y provocarles un violento bochorno público. 
Los días de elecciones, ella va casa por casa controlando quién votó y quién no. A los que no han ido a votar ella les obliga y hasta le trae la boleta a casa para la «comodidad» del elector. A quien se niegue a ejercer su derecho al voto, Mercy le inscribe en la odiosa lista de «desafectos de la cuadra».
El futuro de un estudiante o trabajador, está supeditado al veredicto de una persona encargada de vigilar, que de forma secreta colabora con organismos políticos. 
La opinión de Mercy, sólo por declararse fiel a los principios de la «revolución» está por encima de todo mérito personal, académico o laboral demostrado por el individuo en causa.
Esta vigilancia continua delata al anciano que vende «ilegalmente» bolsas, al maestro que en su tiempo libre da clases particulares, al vecino carpintero que no tiene licencia, al amigo que come carne de res o al ciudadano que piensa políticamente «diferente». Razón por la que existe la doble moral en Cuba. Por eso las personas cuando critican al gobierno lo hacen en voz baja, porque saben que alguien puede estar escuchando a través de la pared.
Mi amigo Lachy no pudo obtener carrera universitaria porque el presidente del CDR «informó» que su familia era católica. En los primeros 30 años de esta organización, fue duramente denunciado todo religioso, homosexual o cubano con familia y amigos en el extranjero.
Cuando cumplí 14 años, Mercy automáticamente me agregó a la lista de «cederistas». ¡Jamás me consultó! Los que se niegan a formar parte son vetados y son cerradas sus puertas a toda oportunidad cotidiana.
La efectividad de la policía política cubana y el Departamento Técnico de Investigaciones descansan en la existencia de los CDR, que les ofrece información cercana, detallada y permanente de los objetivos a investigar.
Muchos preguntan: ¿por qué en mi país nadie se queja o exige sus derechos? Porque siempre hay un ojo cercano que te ve, te denuncia y te desgracia la vida. En mi caso está Mercy, presidenta del CDR y encargada de la «vigilancia revolucionaria» como dice el cartel pegado en su puerta».
Shame on you, Mercy.
Link al Blog de Yusnaby Pérez: http://yusnaby.com/yusnaby-perez-los-cdr-en-cuba
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