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¿Cogiste cajita?

¿Cogiste cajita?
Las cajitas de cumpleaños, un buen día, hicieron su aparición en La Habana y toda Cuba. Dejamos de usar platos y fuentes para servir el cake, los bocaditos, la ensalada, lo que pudiéramos resolver. Han sido, en cierta medida la libreta de abastecimientos de las fiestas, la racionalización. Nos era imposible poner fuentes de bocaditos y croquetas; dos croquetas y un bocadito por persona, un pedazo de cake y algo de ensalada fría, si podíamos resolver la mayonesa y los coditos y punto.
Las cajitas, se impusieron, un día, ampliaron su oferta. Con los paladares y venta de comida, también aparecieron, las cajitas de comida, congri, carne de puerco y yuca, ha sido la oferta mas servida.
Cuando íbamos a un cumpleaños, los que se quedaban en casa o no podían ir, nos decían, ¡Tráeme una cajita! Alcanzar una cajita, era una meta, la prueba alimentaria y necesaria que estábamos en un cumpleaños.
Aparecieron nuevas frases y modismos a su influjo. El que se quedaba fuera de algo, o no se enteraba por lentitud mental, le decimos que no cogio cajita. La pregunta; ¡cogiste cajita? Llegó a tener varios significados y matices, según la entonación y circunstancias.
Teníamos cajitas y cajitas, no todas eran iguales, ni costaban el mismo trabajo alcanzarlas. Las teníamos bien surtidas, llegar a un cumpleaños y recibir una con cake, croquetas, ensaladas y bocaditos, era el non plus ultra del cartón rectangular. Muchas veces, tenían solo cake y algunos coditos, que pretendían convencernos que eran una ensalada fría, eso no importaba, regresábamos a casa orgullosos, mostrando la cajita. Se convirtieron en una especie de trofeo, diploma a la inteligencia y rapidez, no todos lograban una, nadie querìa quedarse sin coger cajita.
Los cubanos, siempre lo digo, somos inventores por naturaleza, somos la candela. A nosotros se nos ocurre lo que no se le ocurrìo, “ni al que asó la manteca”. Alguien tuvo la genial idea de vender cajitas con comida, una especie de almuerzo para llevar. Por un módico precio, encontrábamos algo que comer andando por La Habana. En ocasiones, alguien tocaba la puerta, cargando una gran jaba, nos decía; tengo cajitas de comida. Especie de delivery criollo y popular, que nos salvaban el almuerzo y agradecíamos satisfechos.
Recuerdo una ocasión, que la hermana de un amigo, intento poner el negocio de venta de cajitas de comida, no prospero, duró un solo día. Festejamos el fracaso del negocio, con un atracón que aún recuerdo. Creo que todavía guardo alguna grasita de ese día, que ni siquiera años de gimnasio, han podido eliminar.
Quién de nosotros, no regreso a casa, de un cumpleaños, exhibiendo triunfante, su cajita. Quién no compró alguna vez una cajita con congri, bistec de puerco y ensalada o yuca? En qué cumpleaños, por vez primera, a alguien se le ocurrió encerrar en cajitas cakes y bocaditos?
En años de escaseces y limitaciones, no tengo la menor idea, las cajitas lograron sobrevivir, estar siempre presentes. Ni siquiera el perìodo especial, logro hacerlas desaparecer, al contrario, se fortalecieron y consolidaron, se hicieron indispensables, nos ayudaron a sobrevivir.
Saben, esta noche, tendré que romper la dieta, buscando fotos para este escrito, me ha entrado un hambre terrible, lastima, que ningún vecino, vende cajitas con comida. ¿Se imaginan un negocio de venta de cajitas de comida en plena Hialeah? Puedo ir a La Carreta o Rey Pizza y comer algo, pero créanme, esta noche preferiría, una cajita con congri, bistec de puerco y yuca. ¡No quiero acostarme, sin coger cajita!

Fuente: http://habanero2000.wordpress.com
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