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Antiterrorismo artificial y a sobreprecio.

El castrismo sigue con sus campañas multimillonarias por la liberación de sus espías. ¿Quién paga?
Valla en La Habana con los rostros de los espías.
El pasado 4 septiembre, Justino, padre de Fabio Di Celmo —la única víctima mortal de las explosiones terroristas que sacudieron La Habana hace 17 años—, depositó una ofrenda floral ante la tarja que recuerda el suceso en el hotel Copacabana. Junto a él estuvieron Fernando y René, dos de los cinco "héroes antiterroristas" que irrumpen hasta en la sopa.
El mismo día y a la misma hora en el bar-restaurante Fabio, perteneciente a la corporación Palmares, sito en las calles 17 y J en el Vedado, a pesar de la efeméride, la jornada transcurría de manera tan normal y corriente como la de cualquier otro día.
En el interior y gracias al consentimiento de sus camareras, pudimos echarle un vistazo a los precios rompebolsillos del menú. Y en medio de aquel salón poblado de vitrales y un oleo de Fabio Di Celmo, nos informaron que el piso superior estaba destinado a fiestas, bodas, cumpleaños y hasta para velorios si así se deseaba, siempre y cuando se pagara la pasta del alquiler.
En las afueras, una chica con cuerpo de guitarra y piernas de pasarela acaparó las miradas de los transeúntes y súbitamente un jubilado-buscavidas eclipsó nuestra vista con un ejemplar del periódico Granma que, como suele ser habitual, ofrecía a sobreprecio. Luego de cobrar, el anciano exclamó: "¡Tremenda jevita… Eso es lo único que no han podido desbaratar en Cuba!"
La compra, esta vez, resultó ser una buena inversión. Bajo el título de La muerte se llama Posada Carriles, el periodista Pedro Antonio García mostraba un pasaje hasta ahora ignorado oficialmente por Ecured y otros trabajos relacionados con la oleada terrorista del 97.
El artículo revela que aquel 4 de setiembre en el complejo Neptuno/Tritón, un adolescente y una niña que se encontraban en el lobby descubrieron al terrorista Ernesto Cruz León deslizando sospechosamente una bolsa de compras por debajo de un sofá, y que este huyó de la escena cuando advirtió sus miradas. Los chicos avisaron ipso facto a los empleados.
La voz de alarma —esclarece la nota— permitió la evacuación del personal evitándose la pérdida de vidas humanas a consecuencia de la explosión que sobrevendría minutos después. Con sus declaraciones, los muchachos posibilitaron confeccionar un retrato hablado del homicida, cuya evidencia facilitó atraparlo horas más tarde.
La historia —que probablemente pasó inadvertida para muchos— demuestra que junto a la monstruosidad de Posada Carriles, la indolencia de los órganos de la Seguridad del Estado y la Aduana General de la República, patronatos que fueron incapaces de impedir la entrada de explosivos al país a través del aeropuerto capitalino, ahora se suma otra abominación: el oscurecimiento durante 17 años de un acto heroico protagonizado por dos niños.
Lo chocante de la campaña mediática que favorece a los sublimados "cinco héroes", es que nunca ha enumerado, en concreto, las hazañas antiterroristas de estos señores. De la misma forma, desconocemos cuántas acciones violentas fueron desmanteladas con sus informes y el número de vidas humanas que salvaron.  
Hasta hoy, la única proeza de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René ha sido su fidelidad al castrismo, puesta a prueba, cuando otros integrantes de la Red Avispa también apresados por el FBI, resolvieron colaborar a cambio del perdón.
A pesar de la carencia de argumentos sobre el "heroísmo antiterrorista" de "los cinco", las fanfarrias por la liberación de los tres espías que aún permanecen presos en cárceles norteamericanas seguirán resonando hasta sacarnos por el techo, y con motivo del 17 aniversario de la muerte de Fabio Di Celmo, se ha convocado a una jornada internacional con multitudinarias marchas por varias ciudades de Norteamérica, Europa, simposios, cocteles, mítines, coloquios, vigilias, exposiciones, ventas de libros y hasta empinado de papalotes, con el fin de exigirle al presidente Obama sus indultos. Y si Dios quiere,  la conclusión será el venidero 6 de octubre, aniversario 38 del crimen de Barbados.
¿A cuánto ascenderán los costos? ¿Quién pagará las confortables estancias de Danny Glover y todos aquellos famosos que vendrán? ¿De dónde saldrá la pasta para costear todas las recepciones a base de champán Dom Pérignon y perfume Chanel, más los vuelos al extranjero de todo el familión de "los cinco", incluyendo gastos de alojamientos y otras "menudencias"?
La respuesta callejera es que Liborio pagará y ¿quién es Liborio?, pues este personaje que representa a los trabajadores mal pagados a causa de la explotación del Estado, los cuentapropistas estrangulados por los impuestos, los angustiados por los apagones para el ahorro petrolero destinado a la reventa y especulación estatal, los niños y los ancianos que no pueden tomarse un miserable vaso de leche a causa del racionamiento de Papá Estado, etc.
Sin embargo, los números para nada interesan a los cómplices de la patraña, quienes están más interesados por el pago que reciben los periodistas independientes desde el extranjero y los sobreprecios de las medicinas que tienen que comprar a causa del embargo norteamericano, cuyos "quilos" a invertir, al parecer, duelen más que los millones que derrochan en estas campañas. 
Lo cierto es que todo este derroche multimillonario, basado en un falso heroísmo, es todo un montaje melodramático de Fidel Castro y Ricardo Alarcón, quienes se han encargado de empañarles el parabrisas a la comunidad mundial con la engañifa de los supuestos "cinco héroes antiterroristas".
Para poder potabilizar el verdadero concepto de héroe antiterrorista, sería mejor referirnos al caso del ciudadano israelí que voló en pedazos al forcejear con un fanático palestino que pretendía detonar una mochila cargada de explosivos en un restaurante de comidas rápidas repleto de civiles en el centro de Tel-Aviv.
O si se quiere cubanizar el ejemplo, sería mejor analizar el caso de los dos niños del complejo hotelero Neptuno/Tritón —hoy en la adultez— cuyo aviso salvó la vida a las personas que se hallaban en las proximidades de la bomba sembrada por el terrorista Cruz León. Pero por infortunio y, como sucede con frecuencia, los auténticos héroes son anónimos.
Fuente:http://www.diariodecuba.com  Escrito por PABLO PASCUAL MÉNDEZ PIÑA 
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