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YOANI SÁNCHEZ DESCUBRE EL AGUA CON AZÚCAR

Con su estilo formal, desabrido y frío, Yoani Sánchez descubre el agua con azúcar en Prensa oficial: triunfalismo, listas negras y autocensura. Tal parece que andaba por las nubes en un helicóptero y cuando aterriza en la Plaza de la Revolución, a tiro de piedra de su casa, se entera que en Cuba hay triunfalismo, censura, autocensura y listas negras.
Critica el ‘triunfalismo’ de la prensa oficial, como si la gente que lee Granma y Juventud Rebelde y ve el NTV no se hubiera dado cuenta y no supiera que a los periodistas oficiales, salvo excepciones, les pagan para defender eso que llaman ‘revolución cubana’.
Y dice que detrás de todo está el DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista) y el Ministerio del Interior y su policía política. ¡Vaya descubrimiento!
El DOR surgió cuando en 1962 inventaron las ORI, antesala del PURSC y del PCC y en sus inicios se denominaba COR (Comisión de Orientación Revolucionaria). Su creador fue César Escalante Dellundé, hermano de Aníbal, el viejo comunista que se reviró contra los Castro y fue acusado de revisionista. A él y a unos cuantos militantes del PSP (Partido Socialista Popular) los desaparecieron del mapa, en aquel proceso de 1968 que ha quedado conocido como Microfracción.
Durante 19 meses, de agosto de 1959 a febrero de 1962, trabajé como mecanógrafa en el Comité Nacional PSP (leer testimonio que en cinco partes publiqué en mi blog en 2009 con el título Harry Potter y la revolución escatimada). Al lado del Comité Nacional quedaban las oficinas de César, quien además de ideológo y propagandista, era presidente del Comité Provincial del PSP en La Habana.
Después que en 1959 el PSP fuera legalizado, la plana mayor del comunismo criollo se radicó en la primera planta de una vieja casona en Carlos III y Marqués González. En la planta baja se celebraban las Charlas de los Jueves, entre otras actividades.
César, un tipo alto que usaba espejuelos y era poco risueño, también se ocupaba de imprimir folletos con discursos y conferencias, así como afiches, pancartas, vallas y el lanzamiento de lemas y consignas, tareas que siempre ha realizado el DOR, además de ‘orientar’ y controlar a periodistas, escritores, artistas y religiosos, entre otros.
Nunca vi a César demasiado tiempo sentado en una silla, detrás de un buró o en una reunión. Siempre caminando, de un lado a otro. El día que lo vi más nervioso fue cuando la nacionalización de las empresas. Trabajamos más de 24 horas y tuve que mecanografiar montones de hojas. Es que antes de anunciarlo Fidel Castro en aquel acto en el Estadio del Cerro, todo pasó por las manos y los ojos de los dirigentes del PSP, en particular de César Escalante.
Aunque no lo viví directamente, porque no fue hasta 1974 que comencé a escribir como periodista en la revista Bohemia, después de la llegada de los barbudos al poder, durante poco más de un año, hubo libertad de prensa en Cuba. Coexistieron medios tan distintos como Diario de la Marina, Prensa Libre, Información, El Mundo, Excelsior, Ataja y Zig Zag, junto a Hoy, órgano del PSP desde los años 40, y Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio.
La redacción y talleres de Hoy quedaban a dos cuadras del PSP, en la calle Desagüe, pero Revolución estaba en la misma cuadra, en Carlos III casi esquina a Oquendo. Al lado había un cafetín donde solía ir a merendar y tal vez alguna vez coincidí con periodistas de Revolución, como Guillermo Cabrera Infante o su director, Carlos Franqui, con quien muchos años después hice amistad a distancia: él en San Juan, Puerto Rico, yo en La Habana.
Pero la libertad de prensa duró lo que un merengue en la puerta de un colegio. El barbudo en jefe la macheteó bien macheteada en mayo de 1960.
Sin libertad de prensa ni de asociación, prohibidas las huelgas obreras, eliminado el habeas corpus y sin jueces y tribunales imparciales, al hijo de Lina Ruz le fue muy fácil gobernar los 47 años que estuvo al frente de esa finca llamada Cuba.
Volviendo al escrito de YS. Como ella nunca trabajó en un medio oficial, cuenta lo que le han contado. No aporta nada nuevo. Escribe lo que cualquier lector medianamente informado ya sabe sobre la isla: que los Castro tienen la última palabra. Y mandan a citar, interrogar, enjuiciar y encarcelar cuando les conviene. En 2003, varios periodistas independientes fueron a prisión, algunos estuvieron 7 años tras las rejas.
Ahora, porque al raulismo le cuadra, se hacen de la vista gorda y a pesar de la ley mordaza, a más de un centenar de periodistas independientes y blogueros alternativos, les permiten escribir y criticar, abrir blogs y webs, viajar y participar en eventos en el exterior y regresar con dinero, equipos y pacotilla.
La lista de los periodistas independientes que procedemos del periodismo oficial no es extensa, pero tendríamos más cosas y más interesantes que contar que las relatadas por YS en su insípido artículo.
Aprovecho para decir que en un mismo saco no se puede poner a todos los periodistas oficiales. No todos son obedientes y sumisos. Fui periodista oficial durante 32 años (1974-1996) y no me dejé meter el pie ni permití que nadie me impusiera nada. Siempre me planté en tres y dos y a capa y espada defendí mi derecho a informar con objetividad y seriedad.
“Nunca estuve sentada esperando los planes temáticos que hacía el departamento ideológico del partido: ‘Ahora esta semana hay que escribir sobre el aniversario de Martí o de esto y lo otro’. No, no. A mí se me ocurrían las cosas y como se me ocurrían las cosas, tenía posibilidades de hacerlas, porque a mí se me habían ocurrido y eran temas que me gustaban”, escribí en la primera parte de Confesiones de una periodista.
Tampoco me quedé callada cuando intentaron censurarme un texto o un programa. Nunca tuve miedo a las opiniones y reacciones de los jefes inmediatos, ni de los funcionarios del DOR o del Departamento de Seguridad del Estado. En 32 años tuve encontronazos de todo tipo.
Los cubanos de a pie le pueden tener pánico a la represión castrista, pero hay profesiones donde el temor te lo tienes que tragar. Es el caso de periodistas, abogados y médicos, que se suponen estén al servicio de causas nobles y deben tratar de representar a sus ciudadanos con dignidad. Aunque por dentro estén temblando de miedo.
Escrito por Tania Quintero.
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