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La lenta muerte del teatro Campoamor

El hermoso teatro habanero, símbolo de las decadas del 30 y 40, que tanta música y alegría, dio a los cubanos, está sentenciado
La lenta muerte del teatro Campoamor

LA HABANA, Cuba. — El Capitolio, Monumento Nacional, sede del Congreso de la República hasta 1958, está en reparación, más modesto, a solo unos pasos,  el Teatro Campoamor, está condenado a muerte. Una larga muerte de medio siglo.
¿Qué significó este hermoso teatro en forma de herradura, artesonado con orlas doradas, y palcos con barandillas de bronce, donde se daba cita la sociedad habanera y el populacho se apelotonaba en el gallinero para chiflar al tenor de opereta, al que se le hubiera escapado “un gallo”.
En el Campoamor brillaron Rita Montaner, “La Única”, Libertad Lamarque, Imperio Argentina, Lola Flores ¡taconeandoy exhaltando españolísima ¡Que viva el Campoamor¡
En teatro de moda en La Habana de los 30 y 40, Don Fernando Ortíz celebró sus veladas afrocubanas, donde, por primera vez, se escucharon en un escenario los tambores batá de Pablo Roche en 1936. Ese mismo año Ortiz auspició, en el Campoamor, el Festival de Poesía que dirigió Juan Ramón Jiménez.
Teatro Campoamor, en Industria y San José, La Habana Foto Lázaro Sarmiento
Por la escena del Campoamor pasaron las grandes compañías de vodevil españolas y cubanas con las vedetes Angelita Castany, Blanquita Amaro, y lo más chispeante del teatro vernáculo. En zainetes con música de Rodrigo Prats, los inolvidables Alicia Rico y el viejito Brienguer, con chispa contagiosa, improvisaban morcillas, atacando a los políticos de la época.
Veamos este anuncio que encontré en una revistaLux de la época: “Cine-velada 15 de agosto enCampoamor: 1. “Más gatitos” (cartón de Artistas Unidos); 2. Noticiero (Universal); 3, Noches de Fuego(International Films). 1938”. En su pantalla, Campoamor mostró en un noticiero al Presidente Roosevelt dirigirse a las naciones civilizadas para que proscribieran la barbarie bélica que se aproximaba. Mensaje escuchado por cincuenta millones de personas a través de mil trescientas estaciones de radio del mundo.
Campoamor proyectó en 1954, el filme Hamlet, lo más logrado de la cinematografía inglesa y Roma, cittá aperta, excelente realización del neorrealismo italiano. También innumerables películas mexicanas y  melodramas argentinos incluidos las del ídolo del tango Carlos Gardel.
Rita Montaner, Lola Flores, Blanquita Amaro, Libertad Lamarque brillaron en el escenario del Campoamor
El Campoamor combinaba los sainetes  bufos con compañías de vodevil y películas.  Exhibía dos largos metrajes en cada función, uno o dos cortos noticiosos y cortos de humor. Era costumbre que un espectáculo dramático-musical, por lo general piezas picarescas con doble sentido o alusiones políticas se mantuvieron por largo tiempo en escena. Por exigencia del gremio de músicos y artistas, el gobierno obligaba a los dueños de salas teatros, a ofrecer películas conjuntamente con espectáculosen vivo.
El afamado criminalista argentino Osvaldo Laudet en una conferencia en el Teatro Campoamor, expresó: “¡Vivir es una cosa diferente a existir!”  Sentencia aplicable al Teatro Campoamor porque entre vigas, techos y paredes en ruinas, existen piedras aun vivas que cuentan historias secretas de amor, pasiones, recuerdos, nostalgias, penas, suspiros, risas, llanto, esperanzas.
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Candita Quintana, el viejito Brienguier y Mario Gali
En el filme Arte nuevo de hacer ruinas, del alemán Florian Borchmeyer, basado en la crónica del escritor Antonio José Ponte, la cámara entra a las ruinas del Campoamor, donde en lo que fuera el artesonado escenario vivió, Reinaldo, trabajador del teatro por ocho años, y que, sin casa, como tantos cubanos, vivió entre las ruinas. El amor de Reinaldo por las memorables piedras, en el filme de Borchmeyer, aprieta las gargantas. Reinaldo falleció en un derrumbe, cuando la pared del fondo del escenario, se desplomó en el 2012.
El Teatro Campoamor, en el entorno de La Habana Vieja – Patrimonio de la Humanidad–  por su historia y arquitectura, es un inmueble patrimonial.
La  mandarria de la revolución también lo convertirá en polvo.
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