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La «reunificación familiar»

La «reunificación familiar»

Los viajes comenzaron en 1979, bautizados por el régimen como «Viajes de la comunidad». Un eufemismo muy de los comunistas para encubrir la realidad. Esa llamada «comunidad» fue el resultado de un supuesto diálogo que el propio Castro se organizó con 75 cómplices y la bendición de Jimmy Carter. 

Los objetivos estaban a la vista: salir de unos cuántos miles de presos políticos, para mejorar la imagen de cara a la agenda Carter con los derechos humanos, al mismo tiempo que inauguraban la Sección de Intereses de Cuba en Washington y que la SINA abría sus puertas en la antigua embajada Suiza en La Habana. Pero Fidel Castro tenía otro propósito muy oculto que fue ajustando de a poco: El negocio de los viajes.


En esa época, la extinta URSS y sus satélites habían abierto sus fronteras para sus exiliados, que nostálgicos, comenzaron a viajar, llevando regalos para los familiares y amigos.
Es en esa misma etapa que el régimen cubano comienza a exprimir a los exiliados en todos los frentes. Viajes, paquetes, ventas de documentos, ventas de pasaporte y tarjeta blanca, en fin, toda una maquinaria de producir dólares.


También crea la industria de los viajes a Cuba administrada por simpatizantes afincados en los Estados Unidos, que impusieron precios exorbitantes y enriqueciendo a los Aruca, los Cabañas, los Blanco, y a las Vivian Manerud, entre otros, pero que al mismo tiempo empobreció a tantos exiliados.
Cuando el éxodo de El Mariel muchos exiliados hasta llegaron a empeñar sus casas para comprar los botes donde traer a la familia.


Durante todos estos años la dictadura cubana no ha parado la maquinaria de extraerle los dólares a los que huyen, pero que detrás dejan un hijo, una madre y hasta un primo que pide, le mande unos Addidas.
Los Castro, depredadores como son, todos los días inventan algo nuevo para mantener el saqueo. Ahora a los viajes de la comunidad le llaman: «Reunificación familiar» y ya no solo son los viajes, los paquetes y otras menudencias. No, ahora se trata acciones mayores, desde estafas al Medicare y al Medicaid, a los seguros hasta un cúmulo de negocios ilícitos que ellos han montado, principalmente en Miami y en Tampa.


Uno de estos negocios es el llamado Intercambio cultural, que además de producirles algún dinero, les da la oportunidad de infiltrar agentes, vender imagen y ablandar al exilio con su malintencionada nostalgia.


El interés que muestran algunos en promover el citado intercambio cultural y sus músicos que llegan, tiene un fin siniestro: mantener la conexión de los que se van. Porque no solo se trata de dinero también aspiran a que esos exiliados nostálgicos se conviertan en sus mejores propagandistas en este país.
Esta maraña la dictadura lo ha montado buscando obtener lo que el científico ruso Pávlov logró con su conocido experimento para formular la ley del reflejo condicional y que es el resultado de una actividad psicológica. Quizás, hasta sin darse cuenta, ellos se están convirtiendo en cómplices de la tiranía.
Incluso hay programas en la televisión local que se dedican a promover los conciertos y apariciones de los artistas del supuesto «intercambio» y no hay dudas, esos programas están diseñados para mantener cautivos a los exiliados más débiles.


Es criminal que un grupo humano que ha sido sometido al oscurantismo, al que le negaron la libertad y el derecho a la información, sigan dominados por los que implantaron las esclavitud y el subdesarrollo.
La nueva Ley de emigración cubana, en vigor desde hace más de un año, es un plan siniestro elaborado por Raúl Castro para mantener la subordinación de los cubanos que se van de la Isla. El dictador necesita de ellos, pero viviendo fuera y de esta manera los mantiene atados a su dominio y, al mismo tiempo, le producen dividendos. 


Esos son los cambios de Castro Dos, que esos exiliados regresen con sus ahorros y compren viviendas o pongan un negocito o también para que vayan de vacaciones y gasten mucho dinero. Ellos allí ofrecen de todo, hasta jineteras o jineteemos. 


El negocio está tan bien montado que he sabido que hasta algunos padres están mandando a sus hijos a pasar las vacaciones de verano a la Isla. Supe de un caso de una niña que se pasó en Pinar del Río los meses de verano y regresó con un bastísimo repertorio de malas palabras y hasta tuvieron que cortarle el pelo porque vino llena de piojos.


Otros, que están retirados o que se han deshabilitado, están viviendo en Cuba pero dejando aquí a un amigo o familiar que les envía el dinero del cheque que cada mes le deposita el Social Security. La gente que esto hace deben saber que están violando la ley y cometiendo un delito federal. 


Conozco el caso de un retirado que vive en una finquita que compró en Manacas, pero viene a Miami cada seis meses para hacerse un chequeo médico que paga el Medicare. Otro caso es el de una familia que entre todos compraron una casa en una playa del Oriente de Cuba para que todos los miembros de la familia puedan pasar, alternativamente, sus vacaciones. Pero parece que olvidaron que la propiedad que esa casa fue robada a sus legítimos dueños y además de violar la Ley del Embargo, que es un delito, también lo es comprar el producto de un robo. 


Aunque todo esto lo práctica solo una minoría de los emigrados cubanos hay que denunciarlo porque es una desvergüenza que además está poniendo en peligro la Ley de Ajuste cubano, cerrándole el camino a los que sí necesitan escapar de la tiranía. La «reunificación familiar» es una farsa.

Escrito por Nancy Pérez-Crespo
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